jueves, 21 de febrero de 2019

MEMORIA DE ANTONIO MACHADO



Mañana se cumplen ochenta años de la muerte de Antonio Machado en una fonda de Colliure, localidad en la que está enterrado. Leo en la prensa que se celebrarán actos conmemorativos y que asistirá a los mismos el presidente Pedro Sánchez.

Me gusta que Sánchez haga eso. Machado siempre ha sido objeto de una atención bipolar para la derecha franquista y posfranquista: una mezcla de reconocimiento oficioso (forma parte de la Marca España en el mundo) y de recelo íntimo hacia sus aristas no asimilables para una idea radiante e imperial del país. Normalmente la derecha prefiere evitar adhesiones y entusiasmos hacia una figura cívica característicamente laica y republicana.

Tengo en casa varios libros del poeta, y otros relacionados con él. Buena parte de esos libros eran de mi padre. Machado era sin discusión su poeta preferido; solía decir que en un libro de un poeta solvente (Juan Ramón Jiménez era su referencia habitual) encuentras de interés entre el 20 y el 30 por ciento de su contenido, mientras que en los versos de don Antonio la proporción se eleva al 80 o 90 por ciento.

No suscribo esa opinión de mi padre respecto de otros poetas al cien por cien; digamos que me quedo entre el 40 y el 50 por ciento. Lo que dice de Machado sí lo suscribo. Me parece un listón indicativo de la importancia que han tenido Machado y otros contemporáneos, como Lorca y Miguel Hernández, en la idea “resistente” de la poesía que caló en una generación, la mía, a la que se intentó educar literariamente a partir del gracejo nacional-pueblerino de Pemán o de la trompetería impostada de Vivanco y Rosales (algunos les llamaron ‘Rosanco y Vivales’), y que desdeñó, posiblemente de manera injusta, a los Guillén, Aleixandre, Dámaso o Diego, que conquistaron más al público académico que al popular.

En mi biblioteca están unas “Poesías completas” editadas en 1936 por Espasa-Calpe; el “Juan de Mairena”, de la misma fecha y editora; el “Cancionero de Abel Martín”, “Los complementarios”, y otras ediciones y antologías posteriores, además de la biografía de Gibson, “Ligero de equipaje”, y el libro de Cesáreo Rodríguez-Aguilera “Antonio Machado en Baeza”. También anda por ahí, pero no he sabido encontrarlo, un ensayo comprado por mí en mis años de estudiante: “Teoría de la expresión poética”, de Carlos Bousoño (poeta él mismo), que habla mucho de Machado.

Recuerdo en particular el análisis microscópico que hace Bousoño de una composición de las “Soledades” (número XXXII en mi edición), de tan solo seis versos. El análisis revela el arte constructivo y la trabazón íntima entre las palabras, la “música” y los sentimientos, que sostienen la aparente simplicidad expresiva del poeta. Esta es la composición:

            Las ascuas de un crepúsculo morado
            Detrás del negro cipresal humean…
            En la glorieta en sombra está la fuente
            Con su alado y desnudo Amor de piedra
            Que sueña mudo. En la marmórea taza
            Reposa el agua muerta.


miércoles, 20 de febrero de 2019

MÁS SOBRE LA PRECARIEDAD ESTRUCTURAL


Hace más o menos un mes, el profesor Baylos tituló uno de los sustanciosos posts de su blog de culto de este modo: “La precariedad laboral como rasgo estructural del sistema de empleo” (1). Un aldabonazo.

Un rasgo estructural no se corrige fácilmente. Puede paliarse hasta cierto punto con la reversión de las “reformas” laborales recientes, la subida ya en curso del salario mínimo y la determinación de una renta básica de ciudadanía que no signifique la creación de un gueto que implique la salida definitiva del mercado de trabajo de quienes la reciban, su apartamiento de la sociedad productiva.

Eso no basta. No puede corregirse una determinada visión del empleo asalariado si no se extiende asimismo el análisis al resto de elementos que lo determinan.

Sería un error tratar de incidir en lo que se percibe como una desviación de la norma deseable en relación con la variable “empleo”, desde la suposición de que las demás variables concomitantes no se han modificado en el trayecto. Si nos encontramos en el epicentro de una mutación tecnológica de gran repercusión y trascendencia, es ingenuo pensar que tal mutación, que afecta profundamente a la forma del trabajo asalariado, sin embargo no cambia nada en relación con la contraparte directa ─la empresa como centro de organización de la producción y de la dispensación de servicios─ y con el Estado-nación en tanto que instancia superior normativa y mediadora en los procesos económicos.

La precariedad se ha extendido por todo el ámbito laboral ─no solo ni principalmente en el empleo no cualificado─ porque se ha producido un cataclismo (un seísmo en palabras de Umberto Romagnoli) que ha derribado los pilares de la empresa concebida al modo tradicional, y del “ecocentro de trabajo” en fórmula acuñada por López Bulla. Es la crisis de la empresa (2) y la aparición de nuevas formas de la misma al margen del derecho laboral que las regulaba, la que empuja a nuevas formas de prestación laboral, que unos definen como más “flexibles”, pero que en definitiva se conforman como más precarias.

Baste al respecto pensar en la muy reciente huelga del taxi, en la que se confrontaron el viejo estilo, a partir de las licencias municipales, y el nuevo con la aparición de las "plataformas", que no son empresas o son empresas desreguladas, de nuevo tipo. 

En la batalla laboral estamos todos concernidos. No vale la psicología del “mandao” (que se organicen ellos como quieran mientras yo tenga mi puesto fijo, mis ocho horas y mi paga puntual a fin de mes). “Ellos” ya se han organizado, bajo el principio sacrosanto del dividendo. Los trabajadores, por su parte, han entrado en una “tierra de nadie” (3). Sin un esfuerzo del colectivo asalariado y de los sindicatos de clase para elevar a un horizonte superior la negociación colectiva, de modo que apunte a la “forma” misma del trabajo, a su sentido y a su racionalidad última, seguirán siendo los algoritmos financieros los que gobiernen un pluriverso del trabajo asalariado y heterodirigido, cada vez más fragmentado, cada vez más irrelevante.  


(2) En 2014 Alain Supiot, sociólogo y jurista, dirigió en el Collège de France un coloquio de especialistas del más alto nivel que dio lugar a un libro importante, L’entreprise dans un monde sans frontières. Perspectives économiques et juridiques (“La empresa en un mundo sin fronteras. Perspectivas económicas y jurídicas”), ed. Dalloz, París 2015. Después de un exhaustivo análisis interdisciplinar en tres partes (Marcos conceptuales,  El impacto de la globalización y Poder y responsabilidad en la empresa), la Cuarta Parte está dedicada a las propuestas, bajo el título general “La empresa al servicio del interés general”. Es esta última formulación la que echo en particular de menos en las reflexiones en torno al empleo y al trabajo propiamente dicho. Se diría que nos quedamos en la cáscara sin llegar nunca al meollo.

 (3) «Más que trabajador, precario o parado, me siento un poco en tierra de nadie.» Lo dice “Narciso”, un técnico superior que trabajó con esa categoría en una empresa hasta el advenimiento de un ERE; que saltó a Londres, para aprender el idioma y adquirir nuevas experiencias, y que a su regreso circula entre el desempleo y la temporalidad, en labores muy inferiores a su cualificación profesional. Ver Pere Jódar y Jordi Guiu, Parados en movimiento. Historias de dignidad, resistencia y esperanza. Icaria editorial, Barcelona 2018. Pág. 303.


martes, 19 de febrero de 2019

PRECARIEDAD ESTRUCTURAL


Gabriel Flores, un economista solvente, publica en Nueva Tribuna un estudio (1) sobre la polarización en curso del trabajo asalariado. En sustancia: en España, pero también en otros países de referencia (Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y EEUU) crece a buen ritmo el empleo muy cualificado y bien remunerado; crece algo (y mal) el empleo no cualificado, y se derrumba el universo del empleo de cualificación media, el predominante en la industria “tradicional” por llamarla de alguna manera.

Conclusión: se ha producido una mutación decisiva en la composición del mercado de trabajo realmente existente. La causa inmediata que ha acelerado el fenómeno ha sido la puesta en marcha en occidente de una estrategia de austeridad y devaluación salarial a partir de la crisis global del año 2008; en ese marco se inscriben las sucesivas reformas laborales españolas, que desregularon el mercado, marginaron a los sindicatos y pusieron en manos de la gestión empresarial todos los instrumentos con que podía soñar para salir a flote a costa del factor trabajo, hasta entonces considerado un activo patrimonial de las empresas y que desde entonces ha pasado en los instrumentos de contabilidad a formar parte del pasivo.

Si solo se tratara de esto estaríamos hablando de una situación coyuntural. La mutación, sin embargo, tiene causas de fondo más profundas, estructurales. Dice Flores: «Las tendencias mencionadas no son nuevas, muchas de ellas son visibles y actúan desde hace al menos tres décadas. Lo nuevo es su intensidad y su amplitud. El desarrollo y la aplicación de la robotización y las nuevas tecnologías digitales se han sumado a los anteriores movimientos de deslocalización de actividades productivas hacia las economías emergentes de bajos salarios para intensificar los procesos de polarización del mercado laboral, fragmentación de la clase obrera, dispersión salarial y, especialmente, precarización del empleo.»

Hace ya algunos años nos avisó de lo mismo José Luis López Bulla, en un escrito, “La parábola del sindicato” (2), que no ha tenido el eco y la repercusión que merecía. Dice así Bulla: «La madre del cordero no es la globalización, sino la revolución industrial de esta fase con sus consecuencias de innovación y reestructuración, y de ahí debe partir el sindicalismo confederal desde el centro de trabajo, que llamaremos ecocentro de trabajo, en continua mutación.»

No es mi intención repetir análisis que están al alcance de cualquier lector interesado. El único objeto de esta reflexión a contrapunto consiste en lo siguiente: recalcar que también la surgencia de empleo “de calidad” altamente cualificado en el actual panorama del mercado de trabajo va marcada a fuego con el signo de la precariedad. En el mundo, posiblemente; pero muy en particular en España, donde la laxitud legal hacia los comportamientos del empresariado ha desembocado en una picaresca peculiar.

Ha desaparecido, o casi, el concepto de “puesto de trabajo”, referido a una tarea prevista y programada sobre la base de objetivos a medio y largo plazo. La instantaneidad, el cortísimo plazo, se impone. Las plataformas como Uber, pero también las empresas tradicionales para trabajos que requieren conocimientos muy cualificados, tanto en las técnicas de producción como en la gestión y en la asesoría, acuden al mercado de trabajo a partir de sus necesidades inmediatas, y espigan en el gran contenedor de la fuerza abstracta de trabajo disponible aquello que se ajusta a sus conveniencias en cuanto a la tarea a realizar y al tiempo disponible para ello. Como el contrato laboral, tal como está legislado, no se adecua a este tipo de práctica, se recurre al repertorio comercial y a la ficción del freelance o autónomo que contrata libremente servicios para varios dadores de empleo.

Pero suele añadirse en el contrato, de forma explícita o implícita, la condición de la disponibilidad permanente del oferente del servicio. Ha de estar a punto cuando se le llame, y en la práctica se le hace imposible trabajar para varios dadores de empleo e imponerles sus propias condiciones. Se encuentra así en una posición de desigualdad manifiesta y de indefensión legal; es un rehén del empresario, y este remunera sus servicios generosamente en el mejor de los casos, pero no le paga el tiempo de espera, todos los huecos temporales cortos o largos en los que no lo necesita.

Tampoco le paga, obviamente, los gastos de prevención social. Desde los tiempos en que las empresas se concebían como grandes familias, e incluso era de rigor tener de forma permanente a pie de taller un médico de empresa al frente de una enfermería, ha habido una progresiva dejación de responsabilidades sociales por parte de las empresas.

No ha sido la única dejación de responsabilidades: apunten además la de las obligaciones fiscales, que se eluden mediante el establecimiento de las sedes centrales en paraísos fiscales a los que se exportan los beneficios obtenidos a partir de una fuerza de trabajo doblemente expoliada: por mal pagada, y porque ve recortado su bienestar social personal y comunitario debido al fraude fiscal de la firma para la que trabaja.

Se dan incluso picarescas más curiosas aún. Oigamos, para terminar este breve repaso a la precariedad estructural, lo que dice Norma, una trabajadora de cierta cualificación, en un libro reciente sobre los “parados en movimiento”: «Algunas empresas posiblemente estén sustituyendo el gasto en investigación, basada en entrevistas o en grupos de discusión, y destinada a conocer las necesidades de sus posibles clientes, por entrevistas de trabajo, elaboradas y no pagadas, en las que las ideas de los candidatos ya sirven para ‘oler’ el mercado. El trato impersonal, el mail en lugar de la llamada, o el cara a cara. ‘Ya te llamaremos’ y la llamada que no llega nunca. Es un juego perverso, en el que se va perdiendo la esperanza, la alegría, el futuro.» (3)




(3) Pere Jódar y Jordi Guiu: Parados en movimiento. Historias de dignidad, resistencia y esperanza. Icaria, Barcelona, 2018. Pág. 41.


lunes, 18 de febrero de 2019

LAS BATALLAS EJEMPLARES DE LOS NIÑOS PERDIDOS


En la historia, profundamente anclada en el inconsciente colectivo, de Peter Pan y Wendy, los niños perdidos volcados en aventuras siempre novedosas por el país virtual de Nunca Jamás descubrieron un día que necesitaban una madrecita.

Era un puesto de trabajo exigente, y que los niños perdidos deseaban cubrir a través de un contrato fijo. La madrecita debía ocuparse de cocinar, lavar la ropa, recoserla, plancharla y ordenarla en lugares inexistentes hasta el momento, tales como armarios y cajones, donde pudiera ser fácilmente encontrada. Además, la aspirante al puesto debía ocuparse de curar las continuas heridas y rozaduras consecuentes a la brega diaria de los perdidos contra indios y piratas. Y finalmente, era imprescindible que por la noche les contara cuentos agradables que les hicieran conciliar el sueño.

Los niños perdidos no tenían la menor noción de ninguno de esos saberes; de modo que destacaron al capitán de la banda, un tal Peter Pan, el más audaz e irresponsable de todos ellos, decidido a no crecer nunca, para que viajara hasta Londres y encontrara allí la pieza codiciada.

Peter Pan encontró a Wendy, la candidata ideal, pero en el proceso de contratación surgió un inconveniente fastidioso: Wendy no sabía volar, cuestión que, en cambio, era pura rutina para los jóvenes ejecutivos de la isla virtual. Nada que no tuviera arreglo, sin embargo. Para que volara, se espolvoreó a Wendy con polvo de hada, que tenía virtudes mágicas. 

El polvo de hada era, naturalmente, oro. Gracias al oro, Wendy pudo acceder al consejo de administración instalado debajo del árbol hueco, y desempeñar a satisfacción las altas misiones que le encomendaron los rapaces desastrados. Estos, por su parte, siguieron con el mismo tipo de vida que llevaban antes, si bien confortados gracias al know-how de la nueva recluta.

La moraleja puede ser que el dinero tiene capacidad de sobra para comprar la inteligencia, pero a la inteligencia no le queda más opción que colocarse al servicio del dinero.

Algo así nos cuenta Marta Sanz en una columna de opinión en elpais de hoy, titulada “Retórica” (1). Va de un quiasmo, figura retórica de construcción utilizada por el presidente de una sociedad de capital riesgo que invierte en ciencia para argumentar jesuíticamente la prioridad del dinero sobre la inteligencia. Dice así el caballero: «Si el conocimiento no se convierte en dinero, no habrá dinero para financiar el conocimiento.»

La frase está incompleta, es lo primero que se advierte. La frase completa debería concluir así: «… no habrá dinero para financiar el conocimiento capaz de convertirse en dinero.»

Se redondea de ese modo un círculo sospechosamente vicioso. Porque, en la mentalidad del sagaz creador de la frase, ¿de qué demonios puede servir en la sociedad de hoy mismo un conocimiento incapaz de dar un rédito dinerario? ¿Qué es la inteligencia desmonetizada sino una pasión inútil?

En el cuento, la inteligencia providente de Wendy era un activo importante para los niños perdidos. Solucionaron la cuestión contratándola. De inmediato las sutiles correlaciones de fuerzas en la isla se vieron trastocadas. Los indios y los piratas advirtieron que sus propias expectativas de mercado quedaban en desventaja frente a la imprevista ampliación de capital de Niños Perdidos Inc.

La tribu india siguió un camino posible: convocó a los amigos de Peter a fumar la pipa de la paz. No obstante, la princesa Tigre-Lirio, potencial valor de canje en una fusión de Tribu India Co. con Niños Perdidos Inc., intentó apuñalar a Wendy y eliminar de ese modo un factor perturbador de los negocios.

En cuando a Piratas Limited, Jaime Garfio, su capitán de industria, puso en juego toda su red de influencias para raptar a Wendy y convertirla en madrecita de su propio grupo financiero.

Es sabido cómo acabó la historia. La madrecita optó finalmente por abandonar el mundo de las finanzas, volver a su casa de Londres y crecer y envejecer como toda la gente normal, ese 99% que el 1% restante se empeña en ver como su proveedor precario de la inteligencia práctica y emocional que necesita para mantener un cierto equilibrio en su desarrollo enloquecido.

Por su parte, Piratas Limited, Tribu India Co. y Niños Perdidos Inc. siguieron interminablemente con sus batallitas para ampliar la respectiva cuota de mercado.

  

domingo, 17 de febrero de 2019

"HEMOS PILLADO A SÁNCHEZ"


Pablo Casado ha comenzado en gran estilo la precampaña electoral: «Hemos pillado a Sánchez vendiendo España a sus enemigos.» Lo ha dicho en Torrelaguna, aprovechando la presentación de los candidatos municipales de su partido en la Sierra madrileña. Lo repetirá mil veces en los días próximos. Se trata de armar una cruzada nacional para el exterminio de los felones. Es curioso, de otro lado, constatar que el tono mediático del candidato del PP es el mismo de Pedrerol en su chiringuito. Y es que todo lo malo se pega:

«URGENTE. Sánchez pillado in fraganti por El Chiringuito. Sigan atentos a la pantalla y se lo contamos después de la publicidad.» Después de la publicidad cuentan cualquier cosa.

La misma técnica mediática se aprecia en la última entrega del columnista económico de lavanguardia Manel Pérez, pero este caso tiene mayor enjundia. Se lo contamos brevemente a ustedes antes de la publicidad.

El titular de Pérez es tan agresivo como el antes comentado de Casado. Dice: «Contrarreforma laboral por real decreto.» También aquí “hemos pillado a Sánchez”. O no. Esta es la sustancia de lo que se cuenta: «Nada más anunciar Pedro Sánchez la convocatoria de elecciones para el 28 de abril, se ha instalado en las grandes organizaciones patronales, CEOE y Foment, el temor a que el Gobierno apruebe en un próximo Consejo de Ministros un real decreto de contrarreforma laboral, según aseguran fuentes empresariales.»

En definitiva, quien ha sido pillado no es Sánchez, sino la CEOE y Foment acordándose de pronto de Santa Bárbara por si acaso tronara. Habas contadas: en el caso de que al consejo de ministros se le ocurriera publicar por la brava el tal RD, este habría de ser ratificado por la diputación permanente del Congreso. Así pues, ambas patronales a una se han enfrascado en sus habituales tareas de lobby con todos los partidos de oposición en general, y con PNV y PDeCat en particular, dado que sumando los votos de estas dos formaciones a los de PP y Ciudadanos, se obtendría una mayoría mecánica de 33 votos sobre 64, y se salvaría el match-ball.

La historia es bonita. La moraleja la da el mismo Pérez en el texto referido: «El primer criterio de análisis de los empresarios es siempre el efecto de las medidas sobre su cuenta de resultados.»

No se ven, sin embargo, las cosas exactamente igual en Madrid y en Barcelona. «En la capital del Estado han mantenido una posición muy beligerante con las cuentas presentadas por el Gobierno de Pedro Sánchez. El contexto en la capital era de presión a Sánchez para que convocase elecciones, tanto desde el mundo político como desde el económico.»

En Barcelona, el albur de la cuenta de resultados está sujeto a otros avatares, de modo que Foment, la Cambra y el Cercle d’Economia apuntaban a un diseño estratégico distinto y se han visto claramente contrariados: «El consenso dominante era también crítico con el contenido de los presupuestos, pero también se observaba con cierta inquietud la convocatoria de comicios. Una nueva constatación del aislamiento político que padece el empresariado, la burguesía, catalán en los actuales momentos de grave crisis política. Los grandes partidos catalanes no han recogido su planteamiento de apoyar las cuentas y alargar la legislatura.» 

El amor a la cuenta de resultados prima siempre sobre el amor a España, o a Cataluña. Era tan obvio que no hacía falta decirlo. Pero eso no equipara exactamente al empresariado de cada una de las dos orillas del Ebro. Siendo como son iguales para ambas formaciones los principios generales, los imponderables de la política tienen un peso añadido sustancial. La victoria de los Trijinetes favorecería al empresariado de la España cañí, en particular a los sectores de la Tauromaquia, la Caza, la Adoración Nocturna y la Enología. Por el contrario, obligaría a las empresas radicadas en el nuevo desierto estratégico del Nordeste peninsular a migrar de forma costosa y apresurada, o bien a cerrar la barraca.

De otro lado, la corte miniimperial de Waterloo ha desoído las insistentes súplicas de sus atribulados poderes económicos y ha condenado los fementidos presupuestos. En consecuencia, los empresarios catalanes van dejando escapar por lo bajini sus preferencias en la quiniela electoral que se avecina. Les gustaría una entente PSOE-Ciudadanos. Es decir, olvido absoluto de las unilateralidades, preferencia hacia el diálogo político sobre el judicial, y tascar severamente el freno en lo laboral.

La solución ideal para sus bolsillos. Digo, sus cuentas de resultados.


sábado, 16 de febrero de 2019

LA INGOBERNABILIDAD


El soberanismo catalán se dispone a capitalizar el “éxito” que ha cosechado a lo largo de esta semana, consistente en forzar el adelanto electoral por la vía de rechazar los presupuestos.

El soberanismo catalán está, al parecer, muy satisfecho con la situación creada. En palabras de Elsa Artadi, portavoz del Govern del señor Torra, «el Gobierno de Pedro Sánchez ha sido un fracaso por su falta de coraje ante la crisis catalana, y el diálogo no ha pasado de ser estético.»

Es una manera de explicarlo a la parroquia. Otra, menos elaborada y más en crudo, sería la siguiente: «Sánchez no ha tragado, pues que se joda.»

Muy bien, entonces. Estamos todos donde estamos, somos responsables de lo que nos responsabilizamos. Para el siguiente paso, Artadi pide el voto masivo de la ciudadanía a las dos candidaturas y media soberanistas al Congreso de los Diputados, con el fin de «condicionar la gobernabilidad».

Jordi Pujol siempre estuvo preocupado por la gobernabilidad de España, y pensaba que la misión de Cataluña ─por aquel entonces, un oasis en el ciego sol, la sed y la fatiga de la terrible estepa castellana─ era “asegurarla”, para lo cual se alió indiferentemente con tirios y con troyanos, pendiente tan solo de cuál de ellos tenía en cada momento la sartén por el mango.

Una actitud duguesclinesca. (Abro paréntesis explicativo. El condottiero Bertrand Du Guesclin puso fin a las guerras civiles castellanas sujetando al rey don Pedro para que el aspirante Enrique de Trastámara lo acuchillara con comodidad. En tal trance dejó para la posteridad las siguientes palabras: “Ni quito ni pongo rey, solo ayudo a mi señor.” Su señor era el que le pagaba la soldada.)

Lo que Artadi está esbozando es la continuación fotocopiada de la misma política, si bien con un matiz original no desdeñable. No se propone “asegurar” la gobernabilidad, sino ─dice─ “condicionarla”. Igual que en la frase suya citada anteriormente, hay disponible una versión no censurada, a saber: el objetivo del soberanismo no sería ahora asegurar la gobernabilidad de España, sino por el contrario, asegurar su ingobernabilidad.

No fabulo ni extrapolo. Lean despacio las declaraciones de la portavoz. Por ejemplo: «El cambio de gobierno no ha servido para nada.»

Brocha gorda por parte de Artadi, por lo demás feliz discípula de aquel gramófono que escuchaba absorto el perro de “La Voz de su Amo”. Si alguien le recuerda que el gobierno del cambio ha descartado la vía del 155, en tanto que otros se relamen por anticipado ante el festín; que ha trasladado a los políticos presos en el entorno de la capital a Lledoners y a Figueras; que ha abierto una mesa de diálogo bilateral con luz y taquígrafos; y que contemplaba en los presupuestos rechazados unas partidas para la mejora social y para las infraestructuras sin precedentes en la historia reciente del país, Artadi le responderá que se trata de medidas “estéticas”.

De la irresponsabilidad a la ingobernabilidad. Dando tumbos por la pendiente cuesta abajo, hasta la "victoria" o el holocausto final.


viernes, 15 de febrero de 2019

AMOR A ESPAÑA


Oriol Junqueras (OJ en adelante) manifestó en el juicio de marras que no comprende de qué se le acusa, puesto que él es: a) buena persona, b) pacífico, c) cumplidor en lo religioso, y d) ama a España.

De inmediato han saltado los dos vocalistas de los Chunguitos, Pablo Casado (PC) y Alberto Rivera (AR), a decir que la declaración de amor a España de OJ es “cinismo en estado puro”.

No me duelen prendas: por más que no me caigan bien, en este caso particular doy la razón a PC y AR. OJ no está siendo juzgado en el Supremo por ser mejor o peor persona, ni por su talante pacífico de natural, o no, ni por sus creencias religiosas, ni por el grado mayor o menor de su amor a España. Si OJ quiere defenderse de los actos delictivos que se le imputan, es inexcusable que haga referencia a dichos actos, y los niegue si puede, que no puede. El resto son flors i violes i romaní, como decimos en este país. Excrecencias jocfloralescas, para que me entiendan.

Y en lo relativo a su amor a España, que no ha sido óbice para que negara el pan y la sal al proyecto de presupuestos magníficamente presentado y defendido por María Jesús Montero, convendremos todos en lo siguiente: a) OJ ama a España, ciertamente; b) OJ ama más aún a Catalunya, ciertamente también; c) OJ ama sobre todas las cosas a OJ, y por consiguiente, más que a España y más también que a Catalunya.

El amor invencible de OJ por OJ y su devenir inmediato es lo que explica la enmienda de ERC a la totalidad de los presupuestos y el voto parlamentario contrario a los mismos. Ni por un momento ha considerado OJ la posibilidad, apuntada sin embargo por todo un coro de voces, de separar las dos cuestiones: de un lado los presupuestos y de otro el juicio por rebelión, o bien sedición, o bien prevaricación, que cada  causa tiene sus defensores.

Dicho lo cual, es necesario añadir que tanto PC como AR, los dos críticos del cinismo de OJ, conocen suficientemente el paño: están midiendo el cinismo de un tercero a partir del rasero definido por el suyo propio.

El acendrado amor a España, de ambos minilíderes de la derecha a ultranza, es un amor a beneficio de inventario. Un amor, disculpen la expresión, mercenario.

“Me duele España”, dijo en una ocasión don Miguel de Unamuno. Podríamos discutir largo y tendido sobre si la frase es afortunada o no lo es; yo pienso que no, pero admitiría la prueba en contrario.

Ahora bien, la frase de Unamuno fue, casi seguro, espontánea y enteramente desinteresada. Dos cualidades que brillan por su ausencia cuando hablamos del amor a España de la bicefalia de la derechona. Lo que pretende ni más ni menos la declaración de amor a España de ambos, es sencillamente lo siguiente, apresuradamente simplificado: a) pillar cacho; b) pillar caché.


jueves, 14 de febrero de 2019

CUANDO LA POLÍTICA FORMA PARTE DEL PROBLEMA


Ander Gurrutxaga, catedrático de Sociología en la Universidad del País Vasco, se lo ha escrito a José Martí Gómez, y este nos lo cuenta en elpais: «En el caso catalán, la política se ha transformado en un problema más, algo que debe resolverse antes de caminar.»

Recuerdo un dicho ya algo vetusto, que nos llegó probablemente de la mano de aquellas “escuelas de negocios”, o más bien escuelas de autoayuda en los negocios, en los años del optimismo desmesurado sobre el crecimiento económico. Decía así: «Si no propones una solución, formas parte del problema.»

Es lo que sucede hasta un punto inimaginable para quienes nos observan a los catalanes desde fuera. Comenta Martí Gómez: «Es cierto que el Gobierno de España ha cometido errores en su política en Cataluña, pero de la pérdida de prestigio del Govern los únicos culpables son los que gobiernan desde la Generalitat.»

El prestigio del Govern está por los suelos. Cuenta Martí Gómez de un ex conseller de Jordi Pujol, que le ha comentado: «A Torra no le hace caso ni el Tato.» La foto del juicio en la que Torra saluda a los encausados desde el fondo de la sala, es en este sentido inequívocamente significativa.

La gestión del Govern ─empleo de forma muy laxa el término “gestión”; no está claro que se haya gestionado nada, ni tampoco lo contrario de nada─ ha sido ruinosa en todos los sentidos de la palabra. Si procedemos a simplificar el sentido último del vuelo errático del mareo de la perdiz, los dos objetivos prioritarios y trascendentes de la política en Cataluña en los últimos años han sido:

1) Conseguir un Estado propio, no importa de la forma que sea ni a quién ni qué derechos se atropellen en el camino, es decir en el procés.

2) Una vez implementado el punto 1), averiguar, si es posible, para qué c*** sirve un Estado propio, y conseguir el manual de instrucciones idóneo para su uso.

La política, en consecuencia, ha pasado, de ser una herramienta para solucionar los problemas, a configurarse como el problema número uno y más grande de todos.

Algún día se disipará la polvareda, y nos daremos cuenta de que en el trayecto hemos perdido a Don Beltrán. O dicho de otro modo, y mejor; o sea, como se lo ha dicho Ander Gurrutxaga a José Martí Gómez: «¿Cómo y quién gestionará la desilusión, con qué mimbres?»


miércoles, 13 de febrero de 2019

LA REALIDAD AVANZA A DOS VELOCIDADES


He aquí un motivo de reflexión serio. Lo enuncia José M. Abad Liñán en un trabajo extenso publicado en elpais bajo el título “España afronta la segunda oleada de despoblación”. Dice Abad: «La España que no está bañada por el mar, salvo Madrid, se ha dejado por el camino un cuarto de millón de habitantes desde enero de 2008 hasta enero de 2018.»

No se despueblan las pequeñas poblaciones; esas ya se despoblaron hace mucho, salvo tal vez esos lugares especiales que han entrado en la lista turística de los "pueblos más bonitos de España". Ahora se están despoblando las cabeceras comarcales y las capitales de provincia, quizá porque no son tan "bonitas". Allí la actividad económica es mortecina, la penuria crece, la protección social disminuye, la sanidad pública no alcanza debido al recorte de medios, y la privada no invierte por falta obvia de rentabilidad: poca gente, y envejecida. Los ferrocarriles se estropean, no hay presupuesto para reparar las carreteras descarnadas, cierran los comercios en las calles mayores, y en los bancos de las plazas al sol los supervivientes comentan entre ellos la existencia dudosa, en lejanos lugares míticos, de quimeras con nombres fantásticos que nadie ha visto nunca: Cabify, Uber, Airbnb, Amazon.

En la realidad superestructural, la que hoy mismo tiene como focos de atención prioritarios el Congreso de los Diputados y el Tribunal Supremo, la de las banderas desplegadas en los balcones y en las calles, la de los lazos amarillos y el “A por ellos”, el movimiento aparece acelerado, y los amores y los odios resaltan pintados en colores vivos. Cuánto amor a España, cuánto a Cataluña, cuánto odio recíproco, cuánto futuro invocado a golpe de tachunda.

En la realidad estructural hay desertización, cambio climático, migraciones interiores, despoblamiento, falta de oportunidades. Y las voces que resuenan en el presente hueco de tantas porciones tan amadas de nuestra tierra, son del siguiente tenor: «No hay alternativa», «Es el mercado», «Esto es lo que hay». «Ya puedes espabilar». Y los habitantes de la España interior espabilan: emigran a los centros turísticos costeros o a Madrid, rompeolas nostálgico de todas las Españas, para disputar a otros emigrantes venidos de fuera el privilegio de un curro precario en la barra de un bar o en el servicio de limpieza de un hotel. Guerra entre pobres.

Dos velocidades para una realidad. Las palabras vuelan, los líderes sostienen un día lo que al siguiente desmienten sin sentir por ello ninguna sensación de culpabilidad especial. Hoy el PP confirma oficialmente que había mentiras en el manifiesto que se leyó en la plaza de Colón, y al mismo tiempo abre una web para “mantener vivo el espíritu de Colón”. No ven en ello ninguna contradicción.

Mientras, los datos del censo demográfico, los del empleo, los de la distribución geográfica de la renta per cápita, las mediciones del agujero del ozono, siguen consolidándose de día en día, sin que nadie atienda a la realidad cruda que dibujan. Amor virtual a España en las bocas de todos;  y una España desnuda y olvidada detrás de la fanfarria montada para ocultar las úlceras profundas del presente.


martes, 12 de febrero de 2019

LAS COSTURAS TIRANTES DE LA DEMOCRACIA


Sergi Pàmies comenta en lavanguardia una entrevista a Lluís Llach en TV3. Esta es su síntesis sobre la misma: «La entrevista con Llach confirma la idea de que si eres independentista eres demócrata mientras que si defiendes la España constitucional y estatutaria eres un facha.» Conclusión genérica, universal y polivalente frente a la cual Pàmies apostilla: «A lomos de una superioridad moral típica de una cultura de izquierdas, excluye a demasiada gente para ser científicamente rigurosa.»

En esas estamos. La democracia entendida strictu sensu excluye cualquier prurito de superioridad moral. No se la puede considerar un buen sistema de gobierno (de hecho, no tiene demasiado buena fama), sino en todo caso el menos malo de los posibles. Nunca apunta a un cambio, a una evolución o a un progreso, sino que certifica un statu quo. Pero permite la posibilidad futura de cambios en la medida en que varíen las correlaciones de opiniones en el colectivo implicado.

La división del campo político en dos bandos, los demócratas y los antidemócratas, no es científicamente rigurosa. En efecto. No es ni siquiera democrática, cabe añadir.

A la democracia no le interesa la calidad buena o mala de la opinión de las personas, sino las condiciones de expresión de esa opinión. Ha de ser libre, ha de ser tenida en cuenta, ha de ser debatida, y finalmente asumida por el colectivo si así se ha votado mayoritariamente; y si ha sido minoritaria, ha de quedar recogida asimismo en la síntesis final, en todo aquello que no sea contradictorio con la opinión mayoritaria.

Ya el hablar de “opiniones” indica lo resbaladizo que resulta el terreno democrático. La gente suele preferir el suelo macizo de las verdades eternas y las certezas irrenunciables, cuando discute la política a seguir. A la gente le apetece llamar al contradictor “mentecato”, o “felón”, o cualquier otra cosa menos “bonito”. Si uno es partidario acérrimo de las esencias, cualquiera que las desconsidere se habrá hecho merecedor de inmediato del apelativo de “traidor”.

La vieja herramienta socrática del diálogo, el “hablando se entiende la gente”, sigue gozando de tanto prestigio social que no se puede rechazar sin más. Adelante con el diálogo entonces, dice la gente, pero siempre marcando de antemano unas líneas rojas inexcusables.

Claro que las tales líneas rojas cuidadosamente trazadas excluyen desde el principio cualquier entendimiento, en todos los casos en los que no se discute desde posiciones opinables sino desde trincheras repletas de valores esenciales.

La democracia es un engorro y está demasiado atravesada por límites incómodos. Exige presentarse en la tribuna pública dejando guardados en un cajón los valores esenciales que uno desearía enarbolar como una espada flamígera para aniquilar al enemigo felón. Es como un traje rígido cuyas costuras aprietan demasiado en determinados puntos.

La tentación recurrente entonces, y no me refiero única ni particularmente a Llach, es romper las costuras democráticas para sentirse a gusto. Es una operación frecuente, y las estadísticas enseñan que siempre se lleva a cabo en nombre de la democracia.


lunes, 11 de febrero de 2019

UNA INVITACIÓN AL VALS



Imagen de Pablo Casado, este domingo, en la plaza de Colón. Obsérvese el palmo de narices. (Por cortesía de Walt Disney Inc.)

El gobierno de España dio por roto el jueves pasado el diálogo con el govern catalán, debido a la ausencia de respuesta a la propuesta última adelantada por Carmen Calvo. Tropecientos alcaldes, encabezados por Ada Colau, han dado un paso adelante para pedir el retorno del gobierno Sánchez a la mesa, además de un “juicio justo” a los políticos del 1-O. Esto último no le corresponde al gobierno Sanchez garantizarlo, desde el momento en que a) no entra en sus atribuciones; b) la administración de justicia es independiente del poder ejecutivo (y del legislativo también), según el mecanismo democrático de la división de poderes.

Todo el espectro político parlamentario de la nación (allá con su cantinela los extraparlamentarios) debería partir en sus propuestas de la premisa de la neutralidad del gobierno en el “juicio catalán” que ahora se abre. Por el contrario, todas las declaraciones de las distintas partes están dando por supuesta la implicación del gobierno en la deliberación del tribunal; la banda de estribor ve parcialidad en un sentido, la de babor en el otro; ambas ven un mangoneo desfachatado del gobierno en el eventual resultado del paso por estrados. A pesar de que ni Lesmes ni Marchena son precisamente personas dúctiles y proclives a atender los recaditos al oído que les pueda dar Pedro Sánchez.

Entonces, ciñámonos a la cuestión de la mesa de diálogo. Los alcaldes reclaman diálogo. El president en funciones Quim Torra también lo reclama. Pone, eso sí, algunas condiciones previas. Estas son: la presencia de un ‘relator internacional’, poner sobre la mesa el tema de la autodeterminación, y poner fin a la ‘represión’.

Mientras tanto, y aquí es donde empieza a crujir la lógica roqueña de Torra, este se propone “implementar la DUI” haciendo uso de la herramienta de la “desobediencia civil”.

La DUI es la declaración unilateral de independencia. Se remonta al 27-O. Carles Puigdemont fue su autor, y la dejó en suspenso ocho segundos después. Es una DUI con récord Guinness de vigencia efímera. La escena mítica del cruce de piernas de Sharon Stone en “Instinto básico”, único parangón internacional que puede establecerse en cuanto a capacidad de sugerencia, duró más.

«Esta DUI es válida y puede activarse cuando tengamos la convicción y la certeza de que se puede y se debe hacer», ha dicho Torra. Ha reiterado además que él solo debe lealtad al Parlament, y que su mandato es «hacer la República».

Todo lo cual está muy bien para quien le guste, pero deja en el aire una pregunta: Diálogo ¿para qué? Me temo que de lo que Torra está hablando todo el rato no es de diálogo sino de monólogo; y que la última de sus preocupaciones es la de quién le escucha al otro lado de la mesa.

En tiempos de Sissí emperatriz estaríamos hablando de una invitación al vals, con música de violines. Viva el diálogo de sustancia.


domingo, 10 de febrero de 2019

"SENCILLAMENTE, CALVO RECULÓ"



Santiago Abascal, en una actuación reciente para Walt Disney Inc.

El último “relato” fletado por el procesismo como globo sonda decía que el gobierno de Pedro Sánchez, agredido desde la derecha, acorralado desde la izquierda y desgarrado en sus propias filas, pondría a la desesperada sobre la mesa de negociación la posibilidad de un referéndum de autodeterminación para Cataluña, a cambio del apoyo indepe a los presupuestos generales del Estado.

No ha habido tal. Carmen Calvo ha propuesto mantener la mesa bilateral de negociación a cambio del apoyo a los presupuestos, pero sin colocar sobre esa mesa ninguna otra posibilidad. Esta ha sido su respuesta, en forma de ultimátum. Si no hay apoyo catalán a los presupuestos, no hay tampoco mesa bilateral de negociación.

El choque de trenes se produjo el jueves pasado al mediodía. «Los independentistas no entendieron el momento y rechazaron una propuesta muy razonable», dice Calvo. «Sencillamente, Calvo reculó», contestan Aragonès y Artadi. Ninguna de las dos afirmaciones es enteramente cierta. De un lado, Calvo no reculó sino que se plantó en su apuesta y pidió ver las cartas. Del otro, no hubo técnicamente rechazo de la propuesta; de la Generalitat bicéfala no salió ni un sí ni un no. Se dejó pasar el plazo fijado sin dar una respuesta. Es un lance engorroso pero no descartable, cuando se está jugando al póker mentiroso.

Posiblemente, el fiasco conduce a un superdomingo de fin de mayo en el que las generales se sumarán a las municipales y las europeas. No es una solución mala, en principio, porque el ambiente se ha clarificado bastante mientras tanto. El show del tripartito del apocalipsis en la plaza de Colón ha concluido en gatillazo. Dado que los tres tenores optaron para reservarse para días mejores, y habida cuenta de la retahíla de mentiras atribuidas al Gobierno de la nación en la declaración anexa presentada con escaso oficio por tres ilustres mindundis periodistas, el recorrido de la iniciativa está agotado. A los cuarteles generales les costará encontrar otro elemento de movilización más promisorio que la balcanización de Cataluña.

El procesismo, por su parte, debe una explicación a sus bases, y esa explicación, como le sucedía al alcalde de la película de Berlanga, la tendrá que pagar. No es seguro que las bases reciban la explicación debida, y el novísimo “relato” que la sostenga, con ánimo sereno y mentalidad positiva. Al mal pagador, todas las prendas que se le exijan le van a doler.

Esta es la escena, a las cinco en punto de la tarde del día 10 de febrero. Todos los dinosaurios están todavía ahí. Todos han despertado de su sueño, y se han visto, y se reconocen a sí mismos como dinosaurios. Pasamos al acto siguiente.

Para mantener vivo el tinglado de la antigua farsa, será necesario un nuevo travestismo de las fuerzas de la derecha españolista y de la derecha procesista catalana. Un travestismo todavía más rocambolesco. O "strombolesco". El gran peligro para ellos, que los últimos sondeos apuntan discretamente, es que el público se aburra definitivamente de la función.


sábado, 9 de febrero de 2019

#YoNoVoy



A las cinco de la tarde
Eran las cinco en punto de la tarde
Un niño trajo la blanca sábana
A las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
A las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y solo muerte
A las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
A las cinco de la tarde
Cuando la plaza se cubrió de yodo
A las cinco de la tarde,
La muerte puso huevos en la herida
A las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.

La hora convocada son las doce del mediodía, pero no se equivoquen. Para España, es a las cinco de la tarde. A las cinco en punto de la tarde.