miércoles, 20 de enero de 2021

DE VUELTA AL DIÓXIDO

 


Panorámica de Atenas desde las proximidades de los Propíleos de la Acrópolis. Foto de 2014.

 

Leo en El País que en un estudio realizado en 858 urbes, Madrid ocupa el primer lugar en muertes asociadas a la contaminación por dióxido de nitrógeno (NO2). Barcelona ocupa el sexto lugar. Nos disponemos a viajar mañana a la sexta contaminación del ránking mundial. Tenemos el PCR en regla (negativo), y hemos rellenado los formularios oportunos y cumplimentado los e-checkin de rigor. Un familiar de Carmen nos avisa desde Barcelona: «Esto está rarito. Bienvenidos, pero echaréis de menos Grecia.»

Seguro. Vivir es un largo echar de menos. Dijo John Lennon que la vida es lo que te ocurre mientras estás ocupado en otra cosa. Marcel Proust vivió encerrado en una habitación con inhalaciones contra el asma, para contar con detalle cómo había sido el tiempo que se había ido deshilachando hasta perdérsele. (Al final tenía previsto encontrarlo, tituló su último volumen Le Temps retrouvé, pero se murió un poco antes de haber hecho las últimas correcciones.)

Es posible que estos últimos cuatro meses me hayan sentado bien, que se vea el mundo con algo más de claridad desde el marco de unas columnas dóricas inmortales. Quizá lo más necesario para la vida sea la arquitectura: los arquitrabes, los zócalos de mármol, una buena base sólida y bien nivelada. (Lo más prescindible posiblemente sean las banderas, los lazos, los perifollos y los ringorrangos.)

Hoy se inaugura el mandato de Joe Biden en la nueva normalidad. La última ─salvo sorpresas de última hora─ decisión de Trump ha sido indultar a Steve Bannon, no sé de qué delito pero da igual, Bannon reincidirá, forma parte inescindible de la banda del Tornarem a fer-ho, del “Vuelta la burra al trigo”.

Mientras, el TSJC examinará el fondo de la cuestión del aplazamiento y/o suspensión de las elecciones autonómicas. Valorará el Tribunal, espero, que las elecciones eran la única institución catalana que aún no había sido suspendida por el governet en funciones respaldado por el síndic en funciones. Todo el país anda rarito, a la búsqueda del tiempo perdido. Es en este momento de desconcierto, y con altos niveles de NO2 en el aire, cuando nos disponemos a aterrizar de nuevo.

Que dios reparta suerte.

 

martes, 19 de enero de 2021

ROMPER EL VÍNCULO EMOCIONAL

 


Bonaparte abucheado por el Consejo de los Quinientos en Saint-Cloud, el 19 de Brumario. Detalle de la pintura de François Bouchot.

 

Traduzco al castellano una frase de un tuit de Joan Coscubiela: «No hay nada peor para una fuerza política que romper el vínculo emocional con su gente.»

Se trata de una asignatura que no se enseña en las universidades. Hay errores perdonables, otros lo son menos; hay gente que trabaja a piñón fijo y perdona incluso los errores menos perdonables, pero no es ese el dato, sino el impacto negativo en el electorado potencial. No importa tanto lo que se ha dicho, sino cómo ha sido entendido por la gente más afín a la fuerza política de que se trate.

En 1804, el primer cónsul Bonaparte se convenció por alguna habladuría indiscreta de que el joven Luis Antonio Enrique de Borbón-Condé, duque de Enghien, estaba implicado en la conjura urdida por Cadoudal y Pichegru para asesinarle. Hizo detener al duque, que fue juzgado sin mayores garantías por un consejo de guerra, y fusilado. En todo momento había negado cualquier clase de participación en los hechos que se le atribuían.

El gélido jefe de la policía, Joseph Fouché, que consiguió pasar sin tropiezos del Antiguo Régimen a la Revolución, al Imperio y a la Restauración, calificó de este modo el suceso: «Ha sido peor que un crimen, ha sido un error.»

De crímenes, había para parar un tren en aquellos años; errores, nadie podía permitirse el más mínimo. Iba la cabeza, literalmente, en el envite

Napoleón, sin embargo, consiguió superar el tropiezo y sus adversas consecuencias diplomáticas. Luego siguió lo que siguió: una larguísima serie de guerras contra distintas coaliciones europeas. Éxitos asombrosos y crudas derrotas. Un hombre que se consideraba a sí mismo superior a los que le rodeaban y estaba convencido de poder imponer su voluntad a una gran nación; más aún, al mundo.

Seguramente todo podía haber sido más fácil de otro modo. Fouché no tenía escrúpulos, pero detestaba las inoportunidades. Puestos a elegir entre los dos grandes hombres, todos nos inclinaríamos por Napoleón, sin dudarlo.

No obstante…

 

lunes, 18 de enero de 2021

BALADA DE LOS VOTOS DE ANTAÑO

 


Fieras devorándose mutuamente, relieve bizantino, Atenas.

 

En la parábola evangélica de los talentos, el siervo que había recibido tan solo uno del señor que había de estar ausente por un tiempo, lo enterraba en el suelo para estar seguro de no perderlo. Resultó, en cambio, la manera más segura de perderlo: el señor, a su vuelta, montó en cólera, se echó a la faltriquera el talento desenterrado y arrojó al siervo a las tinieblas exteriores, fueran estas lo que fueren.

No soy un fan del evangelista Mateo, pero la actitud que describe es asimilable a la de las diferentes opciones políticas catalanas que han acordado retirar las urnas sine die por miedo a perder cada cual lo que ahora tiene.

Se atesoran los votos de antaño como si fueran amuletos contra el mal de ojo, mientras el mal de ojo se ceba una y otra vez en las flaquezas de una Cataluña que a saber cuándo tornarà a ser rica i plena. No hay trazas por ninguna parte de que tal cosa pueda ocurrir, no habrá “brotes verdes” si primero no se ponen las urnas, se pasa página de la pesadilla y el marasmo, se renuevan los mandatos caducados (sí, también el del Síndic de Greuges) y se emprende la marcha hacia alguna de tantas Ítacas posibles, al alcance después de solo unos días de navegación si el timón se tiene firme y el trayecto queda estipulado con claridad entre los navegantes.

Oigan, la porción de voto que atesora cada cual no tiene ya ningún valor en este momento; tenía fecha de caducidad, y está ya sobrepasada. Quienes echan pestes de la política habrán de considerar ahora los males de la ausencia de política, el vacío sobrecogedor que se está adueñando de las instituciones mientras nos rondan como buitres los escuadristas de dos facciones teóricamente enfrentadas pero idénticas a sí mismas, los CDR de la Meridiana y los fachas de Pallejà.

La degradación continúa sin descanso, alargar los plazos y paralizar el calendario después de “salvar” las navidades y mientras se van abriendo las pistas de esquí y los comercios, no arregla nada. No habrá presupuestos para este año, los millones de Europa no llegarán, Cataluña quedará marginada en ese lugar incierto que Mateo describía como “tinieblas exteriores”, y allí, como quedó escrito en su evangelio, «será el llanto y el crujir de dientes».

Espabilen, si no es mucho pedir. Echarnos la culpa a quienes hemos votado, votamos y votaremos un No a la independencia unilateral, no va a arreglar nada. Cocerse en el caldo propio será siempre una alternativa peor.

 

domingo, 17 de enero de 2021

CITA A CIEGAS

 


Publicidad de ‘Cita a ciegas’, película de Blake Edwards (1987).

 

Ayer escribí mi entrada del blog a ciegas, y me fue imposible colgarla. No es que se hubiera ido la luz, pero el wifi falló desde que enchufé a la corriente el portátil a primera hora de la mañana.

Estas cosas pasan. Filomena se ha amansado un tanto al cruzar el Mediterráneo, pero sus aproches iniciales se dejan sentir ya en Grecia de forma imperiosa. Las temperaturas se han despeñado aunque no tanto, hemos pasado de máximas de +18º a +4º, que no son para quejarse, pero es frío. Hemos recurrido a los jerséis más gruesos, encendido las estufas y acumulado mantas. Llovió sin fuerza pero con persistencia a lo largo de todo el día, un goteo malayo, tenaz. Las tórtolas que nos arrullaban a la salida del sol se escondieron en algún refugio recóndito, si no decidieron migrar tardíamente al Sahel. En la calle resonaban ecos de los largos sollozos de los violines del otoño (del invierno en este caso) que escuchó el primero de todos Paul Verlaine, poeta y dipsómano. Fue un día de vague à l’âme et de mélancholie, de marejada anímica, un día de esos en los que incluso la intratable Penélope se siente tentada a contar nuevas estrellas en el cielo de otro lecho, según nos certificó la aguda intuición de Georges Brassens.  

El wifi ha vuelto esta mañana. Con la cabeza gacha y a regañadientes, nada me asegura que no se ausente de nuevo sin dar explicaciones. Mi portátil tiene ya una edad, y el sistema operativo es de aquellos que Microsoft se niega a poner al día con actualizaciones periódicas. Incluso en condiciones normales, el Messenger solo da señales de vida en mi móvil, y aun eso con carácter esporádico. Hay amistades que me envían mensajes por ese canal y yo siempre los agradezco, pero aun así no los recibo a veces hasta pasadas semanas. Es lo que hay, quedan avisados.

De modo que escribí a ciegas, en un sentido. Yo suelo leer con detenimiento la prensa digital mientras hago la digestión del desayuno, y de esa apacible rumia simultánea de la actualidad y del bizcocho ensopado en el café con leche, surge de forma bastante natural algún tipo de comentario en contrapunto que me apresuro a trasladarles.

Diserté ayer a ciegas sobre las elecciones catalanas, pero mi argumentación quedó recogida, en mucho mejor, en el blog de López Bulla. Di por cierta la fecha del 30 de mayo, y veo hoy que no es así, que solo se apuntó como tentativa, y entra en los cálculos de la autoridad insolvente que nos desgobierna prorrogar la prórroga si los augures no se sienten satisfechos al examinar las entrañas de las bestias sacrificadas.

El procesismo busca una fecha mágica como tabla de salvación, pero se trata de una esperanza cuando menos dudosa. ¿Es verosímil que las coordenadas del país varíen de modo significativo en unos meses, cuando no lo han hecho en cuatro años? Las posiciones en Cataluña están muy enrocadas, y cualquier desplazamiento significativo del voto vendrá únicamente por una variación constatable en las apuestas colocadas sobre el tapete, no por ningún “efecto” instantáneo de formato meramente electoral.

La clave no va a estar en una fecha propicia ni en unos nombres, sino en las cosas. No en golpes de efecto sorprendentes que muevan el ánimo de las multitudes, sino en propuestas meditadas, en líneas de apertura, en una epifanía que abarque nuevos objetivos y nuevos modos de entender la política, y tenga fuerza suficiente para acercar a las urnas ese fondo espeso de abstención acumulado por un decenio de solipsismo, mal gobierno y decadencia acelerada.

En Estados Unidos, el voto al trumpismo ha crecido desde que derrotó a Hillary Clinton, pero la búsqueda de una alternativa ha movilizado un bloque nuevo de votantes de “cordón sanitario”, que no han votado por Biden tanto como contra Trump.

Es lo que cabe esperar de las próximas calendas electorales, cuya fecha baraja aún interminablemente el procesismo en busca del momento mágico en el que las divinidades propicias accedan a los deseos de la troupe, sin respeto ni por las reglas democráticas, ni por las instituciones, ni por las personas.

Es una irresponsabilidad grave, descomunalmente grave, como queda dicho en otras bitácoras.

Y además, es inútil. Por mucho que reordene sus filas y engresque a base de efectos especiales a sus leales, ya ha dicho a estas alturas todo lo que tenía que decir. Donec perficiam, hasta que horade la roca viva a base de insistencia. Su mensaje es solo monotonía: vuelta de la burra al trigo, dicho oído en mi infancia que me ha vuelto de pronto a la memoria.

La acumulación de nuevas fuerzas es solo posible en el otro lado, desde la alternativa. Hará falta un catalizador, pero sobre todo una voluntad unitaria de progreso, capaz de dejar atrás una de las etapas más torpes y ciegas de la historia de la Cataluña real.

Y una cita a ciegas es lo que nos propone el governet, en mayo o cuando le venga finalmente el pujo.

 

viernes, 15 de enero de 2021

MÍSTER MARRIED Y ALMEDILLA EN LA CUEVA

 


Don Quijote en la cueva de Montesinos. Ilustración del 'Quijote' (1894).

 

Pablo Casado entiende que los dineros que apronta la Unión Europea para reconstruir las economías deterioradas por la pandemia, deben ser utilizados para poner Madrid en estado de revista, después de las nevadas.

Vendría a ser lo mismo que decorar con mimo el escaparate como remedio para reflotar un comercio en suspensión de pagos. Pero se trata de una propuesta coherente con el teatro del absurdo al que se dedica el líder del PP desde hace tiempo.

De paso, también es coherente con la petición del alcaldillo Almedilla de declarar Madrid zona catastrófica y recuperar de ese modo 1.400 millones de euros con los que adecentar las aceras de la capital por las que las floristas vienen y van con los nardos apoyados en la cadera.

O sea, a ver si lo pillan ustedes: cuando asociamos Madrid y catástrofe no estamos haciendo referencia a las cifras fuera de control de contagios y de muertes, ni a las dificultades para sobrevivir del pequeño comercio y de la industria, ni por pienso a la situación que están viviendo los vecinos de la Cañada Real. En todos esos temas, cada palo habrá de aguantar su vela y que Dios reparta suerte. A lo que se refieren Míster Married y Almedilla es a otra cosa muy distinta, a la esencia sutil que envuelve a Madrid y a España bajo la misma bandera kilométrica y cuajada de luces y efectos especiales.

Es tanta la identificación que ambos líderes de la derecha hacen de Madrid con España y de España con Madrid, que para ellos resulta meridiano que la parte de España que no es Madrid es menos España, o lleva emborronada la Marca España; y en consecuencia debe ser colocada en un renglón más bajo del listado de prioridades.

Madrid da con gallardía el paso al frente, y se ofrece para liderar la reconstrucción del país bajo sus parámetros propios. No solo ha de ser el tajamar de las Españas ─y por ese motivo reclama toda la financiación estatal disponible, ya que desafortunadamente no cuenta con recursos propios y en las arcas municipales solo tiene un enorme agujero de deuda─, sino que se propone además como tajamar de toda la Unión Europea, que ya está tardando en entregar los recursos necesarios para la mayor pompa y boato del milagro madrileño/español.

Con estas cosas que digo, y las que guardo en silencio, circula entre Alcalá y Recoletos la extraña pareja, a piñón fijo y con los nardos prendidos de la cadera. Son un mal remedo de Don Quijote y Sancho maravillados por las riquezas asombrosas que se guardan en la Cueva cuya entrada solo ellos conocen, y que ya no es la de Montesinos sino la de Monipodio.

 

jueves, 14 de enero de 2021

IMPEACHMENTS

 


El estrecho camino de la legalidad (metáfora). 

. Ano Syros, 2020.

 

El GOP (Great Old Party), es decir el partido republicano de los Estados Unidos, ha rectificado parcialmente su desvarío trumpista, lo cual ha facilitado la aplicación oportuna de la regla del impeachment, que en un primer intento no había funcionado.

Es una buena noticia, aunque haya sucedido en los minutos de la basura del mandato de Donald Trump, un paranoico decidido a utilizar todas sus prerrogativas para hacer daño a la democracia americana; la más antigua de las democracias modernas, un dato para no olvidar.

Cabe suponer que la medida permitirá abortar una potencial “traca final” del Carioco de la Casa Blanca, sobre la que alertan investigaciones del FBI. La defensa de la democracia se ejerce siempre en modo activo, y no por pasiva. Nada puede dejarse al laissez-faire ni darse por supuesto en este terreno, porque el concepto de “democracia” remite directamente a los derechos esenciales de las personas: a sus derechos políticos en primer lugar, pero a partir de ahí, y en cascada, a todos sus derechos sociales e individuales, que, privados del marco institucional adecuado, dejan de existir.

Al parar los pies a la antipolítica y a la infracción consciente del marco de garantías y equilibrios de poder que implica una democracia, se está ahondando en la raíz misma de las cosas de cada día, las cosas de comer. Toda infección, todo escamoteo de las leyes que la comunidad se ha dado a sí misma, generan desamparo y ponen en peligro de varias maneras las vidas de las personas.

En nuestra joven democracia, en nuestra Constitución que aún no llega al medio siglo de existencia, no hay apenas providencias contra la antipolítica ni contra el abuso de poder. Se trata de una Constitución buenista, para expresarlo de alguna forma. Aún perdura el eco de Cádiz, donde se escribió que los españoles somos justos y benéficos. Y una mierda.

Está, sí, el artículo 155 respecto de las autonomías. Solo ha sido utilizado en una ocasión (bien utilizado, nada que reprochar), pero bien podría resucitarse ahora mismo para corregir la situación extrema por la que atraviesa la CAM. Por escrúpulo garantista, se concibe en un sentido muy restringido la incapacidad de las autonomías para cumplir su función en relación al conjunto del país; y en consecuencia, las medidas abiertamente sediciosas e insolidarias del actual “Madridexit” tienden a pasar inadvertidas para los expertos, cubiertas como están bajo kilómetros de banderas constitucionales. Algo falla, Madrid incumple sus obligaciones con la España que tiene siempre en boca, y no pasa nada.

Algo falla también cuando se extiende, sin cobertura jurídica contrastada, la inviolabilidad jurídica prevista para las máximas personalidades del Estado, hasta una impunidad de facto y sin límite para cualquier enjuague privado en el que se impliquen. No puede entenderse el respeto a la monarquía como un absoluto; el respeto, o se merece, o no es nada. Los monárquicos deberían ser los primeros en darse cuenta de que no fortalecen su sentimiento sincero en favor de la institución, si siguen haciendo la ola a un hooligan que nos ha meado a todos en la boca abierta.

No lo digo por esa comisión parlamentaria que no se va a concretar por escrúpulos de los gobernantes del PSOE. Es ya historia que nuestras comisiones parlamentarias son por regla general telegénicas, pero no eficaces.

Lo digo porque necesitamos con urgencia vacunas contrastadas, también para este virus que desmejora de día en día nuestra democracia febril, taquicárdica y con ahogos intermitentes. Lo primero es antes, sin duda; pero en punto a prevención, no habrá de dejarse para muy luego un aumento de la vigilancia, una dinamización de las alertas tempranas, y un avance rápido en la creación de cortafuegos para que no se nos queme el bosque, cualquier día.

 

miércoles, 13 de enero de 2021

LOS NEGACIONISTAS TAMBIÉN MUEREN

 


Imagen del termopolio (establecimiento de comida rápida) de la Regio V de Pompeya, desenterrado recientemente. Hasta momentos antes de la erupción fatal del Vesubio, los temblores de tierra y los penachos de humo eran considerados por muchos un colorido local típico de la región, enteramente inofensivo (“estamos en la Campania, ¿no?”)

   

Stanley Gusman, reportero de la TV brasileña y seguidor apasionado del presidente Jair Bolsonaro, ha muerto de covid. Hasta el día antes de infectarse, en las pasadas fiestas navideñas, se opuso de forma iracunda a cualquier medida de protección; también de autoprotección (en esto fue consecuente, son muchos los que se dedican a nadar y guardar la ropa al mismo tiempo). Cuando experimentó los primeros síntomas, alardeó de que muy pronto estaría repuesto. No fue así, y soy el primero en sentirlo. Lo siento sinceramente, y al mismo tiempo extraigo la conclusión de que negar la realidad sirve de bien poco.

Una pirada cuyo nombre ignoro decía, también por la tele pero en este caso en Madrid, que las nevadas traídas por la borrasca Filomena eran fake, aquello no era nieve sino plástico. Dejaba sin explicar dos cuestiones: una, cómo era posible diseminar tanto plástico en una porción de territorio tan grande; la otra, más sustantiva, el frío. En este caso la negacionista sí guardó la ropa puesta, al tiempo que “nadaba” quemando un copo con una cerilla.

Para unos jueces de Ica, Perú, el coronavirus ha sido producido y distribuido por millonarios como Gates, Bezos y Soros. Habrían perpetrado este crimen sin precedentes con el objetivo de lucrarse. Es cierto que se han lucrado durante la pandemia, pero no lo es que la pandemia haya sido la fuente de su lucro. Este se ha debido a la inercia imparable del mecanismo bancario del interés compuesto que tantos réditos genera cuando se ha conseguido reunir una acumulación ingente de capitales.

Es notable el despilfarro de energías utilizado para negar aquella parte de la realidad que no cuadra con la idea preconcebida que tiene cada persona del mundo y sus jerarquías. Las iglesias van muy por delante en este ejercicio voluntarista de interpretación sesgada. Ante algo que tiene todo el aire de ser una plaga, los ministros de los distintos cultos creen a pies juntillas que quien la envía es su dios, porque esa eventualidad está enteramente de acuerdo con el orden de sus ideas; pero además, están convencidos de que la plaga ha sido emitida en modo selectivo; es decir, que va dirigida a cosica hecha contra las personas que no viven conforme a las pautas que el tal ministro predica. Él, en cambio, sería inmune al azote.

La inmunidad al azote es asimismo una creencia arraigada en quienes creen que el mundo moderno está exento de plagas y cualquier plaga anunciada no es más que una monserga agitada por intereses oscuros o por mera holgazanería de las clases subordinadas, que no quieren trabajar como es debido. La naturaleza habría sido enteramente domada por la técnica, y la historia de los hombres habría llegado ya a su fin, de modo que nada puede acontecer fuera de ese cuadro ya perfilado, esmaltado y colocado en su marco. 

Estas estructuras mentales perniciosas han causado la muerte de muchos Stanley Gusman en la historia de la humanidad. Y sin embargo, el ejemplo no sirve de nada. Cada nuevo predicador de una nueva moral cree estar en posesión de la clave maravillosa que explica el mundo en su quintaesencia. Unos confían en la providencia divina, y otros en la del neoliberalismo a ultranza. Ambas providencias, sin embargo, se comportan en caso de catástrofe natural ─vírica, telúrica o climática, tanto da─ del mismo modo: miran a otro lado mientras la plaga irrumpe sin discriminar a nadie. Como la lava del Vesubio corriendo ladera abajo hacia el mar, o como un elefante moviéndose dentro de una cacharrería.

 

martes, 12 de enero de 2021

INICIATIVAS PIONERAS


 Logotipo luminoso de BE en la fachada del Ayuntamiento de Barcelona, en julio de 2018.

 

Desde el 30 de junio de 2018, es decir desde hace ya dos años y medio, el Ayuntamiento de Barcelona cuenta con su propia empresa eléctrica pública, Barcelona Energía (BE). En la circunstancia de “muerte súbita” motivada por el paso arrasador de la borrasca Filomena, los cuasimonopolios del Ibex activaron las tarifas tipificadas en sus conciertos respectivos con el Estado, con una subida de un 27% que ciertamente, todo hay que reconocerlo, venía después de un largo período de descenso. Simultáneamente, Colau bajó las tarifas un 50% a sus “clientes”, unas 20.000 familias barcelonesas en condiciones más o menos próximas a la pobreza energética.

La energía de BE procede de fuentes locales limpias y renovables, mayormente de las placas fotovoltaicas instaladas en su momento en el Forum, y de la planta de tratamiento de residuos del Besós. De una u otra forma, la iniciativa del consistorio barcelonés podía haber sido imitada por muchos miles de ayuntamientos que disponen de potencial energético local suficiente, así en el sol como en el viento, en fuentes hídricas u otras. Una cosa que se ha hecho en Barcelona ha sido destinar una parte sustancial del sueldo de los ediles a la promoción y financiación de este tipo de iniciativas dirigidas al recorte de los gastos de infraestructuras de la alcaldía y al mejor servicio de los ciudadanos más necesitados. Algo que habría sido impensable en la época del convergente Xavier Trías, pero también de alcaldes socialistas anteriores (Hereu, Clos) más preocupados por la imagen externa de la ciudad que por su funcionamiento eficiente y barato.

Se ha reprochado mucho a Ada Colau, y se le sigue reprochando incluso desde posiciones de izquierda, el “feísmo” de sus soluciones de pacificación del tráfico, la “improvisación” de sus medidas, y la falta de diálogo. Se obvia en este sentido cualquier término de comparación, cuando en la lengua común los alcaldes en general son corporativamente famosos por sus “alcaldadas”, y cuando Pasqual Maragall, hoy emblema de un gobierno municipal abierto al mundo y con visión de futuro, fue crucificado en su momento por sus “maragalladas”.

Convendría saber reconocer lo nuevo, en medio de la polvareda y el barullo interesados que crean los habituales manipuladores de la opinión. Conviene que se sepa lo que ha hecho Barcelona y no han hecho tantos munícipes empeñados en buscar la prosperidad privada con las cuentas públicas de su alcaldía. Empezando por Almedilla, ese alcaldillo madrileño que después de desmontar las mejoras urbanas aportadas por Manuela Carmena y de gastarse el oro y el moro en infraestructuras inservibles y banderas kilométricas, está pidiendo ahora auxilio al ejército para no verse obligado a pagar trabajadores municipales con el dinero de los madrileños.

   

lunes, 11 de enero de 2021

LA PALA Y EL BASTÓN



Detalle de la mesa servida en un piso de Egáleo, ayer domingo. Carmen no hizo en esta ocasión cocina-fusión, sino la distopía misma: un plato genuinamente ampurdanés en el centro de la Hélade milenaria, mandonguilles amb sípia i pèsols. Mi nieto Mihail hace unos años, cuando aún tenía algunos titubeos con el idioma, las llamaba “mandonguidonguilles”. Ayer se comió unas veinte.

 

Por una parte me siento identificado con Pablo Casado: yo soy también muy malo manejando la pala. Un ejemplo: hace muchos años, después de un nevadón en Cercedilla, andaba yo intentando despejar el acceso a la casa de mi hermana, y Pascual, el guardés (en Cataluña habríamos dicho “el masover”) me la quitó de las manos con la siguiente sentencia críptica, refunfuñada entre dientes: «También para obispo hay que nacer.» Que yo no supe interpretar a mi gusto, pero que me pareció ominosa en fondo y forma.

Por otra parte, hay entre Casado y yo una discrepancia importante, y no me refiero ahora a la ideología. De haber yo ─con mi artrosis actual, poca broma─ intentado limpiar los accesos a donde fuere, así en Madrid como en cualquier otro lugar de la meseta donde también haya nevado mucho, lo último que permitiría es que una cámara me grabase.

Tampoco daría después una rueda de prensa. Uno debe conocer sus limitaciones, y aceptarlas. Lo mío ni es la pala, ni es la rueda. Sería de un ridículo espantoso soltar por la tele alguna forma de jactancia vacía: «¡A ver si viene el presidente Sánchez y mejora esto!». Y que viniera Sánchez en efecto, y lo mejorara. No le habría costado apenas, el listón estaría bajísimo, así en mi caso como en el de Casado.

He hecho mención más arriba, entre guiones, de mi artrosis en la cadera derecha. Tenía previsto operarme este verano pasado, lo había programado con mi médico; pero la pandemia lo echó todo a rodar. Entonces, ahora que vienen los fríos, mi cadera se está insolentando. Si se fijan en la fotografía que colgué ayer en el blog, estoy plantado delante del Teatro del Pireo con una leve inclinación a un lado porque me apoyo en un bastón. El bastón es delgado y la escasa luz lo disimula bastante bien, pero el dato es el dato. Paco Frutos, de Can Mías de Calella, tenía para explicar ese tipo de cosas una frase que repetía de cuando en cuando a propósito de lo que fuera: «Con estos mimbres se ha de hacer el cesto.»

Lo cual, expresado con una concisión ejemplar, contiene tres aseveraciones distintas, incontrovertibles y enlazadas entre ellas. Son las siguientes:

1, Se ha de hacer el cesto (no hay más cojones que hacerlo, si desean ustedes un énfasis mayor).

2, Los únicos mimbres disponibles son los que aquí se ven, nadie se llame a engaño.

3, Esto es lo que hay, compañeras y compañeros.

La fórmula de Paco, como la de don Venancio Sacristán tan publicitada desde un blog vecino, es aplicable a realidades distintas. Vale para mi escasa habilidad en el manejo de la pala, para la necesidad de bastón, y también, sin forzar demasiado la perspectiva, para esta situación rara que vivimos, no tan solo en relación con la pandemia y la borrasca, no únicamente en el Capitolio de Washington y sus aledaños, no estrictamente en Cataluña en relación con las elecciones inminentes.

 

 

domingo, 10 de enero de 2021

SOBRE EL VALOR ABSOLUTO DE LA RELATIVIDAD

 


Últimas migajas de las fiestas navideñas. Anoche, delante del Teatro Municipal del Pireo, todavía con las iluminaciones del caso.

 

hurrah! por fin ninguno
es inocente

Juan GELMAN

 

Un sesudo analista del CSIC augura que el mandato presidencial de Joe Biden va a hacer bueno a Donald Trump. Un amigo de facebook está dispuesto a retirar su confianza al gobierno progresista de coalición si no es capaz de solucionar el conflicto de la Cañada Real, del que solo tiene noticia a través de la prensa porque vive a muchos cientos de kilómetros. Una parte del gobierno, por lo demás, reclama perentoriamente a Pedro Sánchez una empresa eléctrica pública, capaz de suministrar energía barata para todos, y gratuita para quienes no pueden pagarla. Si no es posible crear una de nueva planta en esta emergencia, siempre cabe la posibilidad de nacionalizar una de las existentes, por la brava.

El núcleo del problema, evaluado a vista de pájaro, es la ausencia de superpoderes en la izquierda, lo cual la convierte en una fuerza dudosamente fiable. O visto desde otro ángulo, que hemos sido víctimas de un engaño porque el Gobierno no son los Reyes Magos, y nosotros esperábamos de él más, muchísimo más.

El corolario de una posición sentada en tales términos sería que, dado que la izquierda carece de fuerza ─o de voluntad, o de fuerza de voluntad─ suficiente, no queda más remedio que refugiarse en el cómodo regazo de la derecha. Se insinúa que emperrarse en una vía de izquierda carente de solvencia y de garantías blindadas, podría ser peor a la larga que una sólida política guiada por el potente faro de la derecha de siempre, avalada en su buen hacer tradicional por el crédito inextinguible del gran capital. Nadie lo propone con estas palabras, es claro; ahí lo dejan, para que saquemos nosotros mismos las conclusiones.

Hay una mirada telescópica para examinar determinadas fechorías, y otra microscópica con la que examinar algunas insuficiencias de la contraparte. Es un doble rasero, hablando claro; pero se prefiere llamarlo con nombres más prestigiosos: escepticismo, relativismo, equilibrio, independencia de criterio, insobornabilidad, ponderación de juicio.

Qué le vamos a hacer. Recuerdo que a un nadador olímpico mexicano nacido en Aguascalientes pero que vivía en Riofrío, lo llamaban el Tibio.

 

sábado, 9 de enero de 2021

BALADA TRISTE POR MADRID

 


Viñeta de El Roto en El País, 9.1.2021

 

La blanda Filomena,

casi como dolida

y a compasión movida,

dulcemente responde al son lloroso.

GARCILASO DE LA VEGA, Égloga primera

 

Se acumulan las catástrofes en la embanderada capital de España: la borrasca Filomena, muy distinta del “blando” ruiseñor que se compadecía de las penas de Salicio, arrasa un territorio castigado ya de antes por la pandemia y por Díaz Ayuso, por la parada de los Monsters en la plaza de Colón y por los alardes caceroleros de Núñez de Balboa.

No hay sorpresas: 1) en efecto, se constata que la nueva catástrofe no había sido prevista por el gobierno socialcomunista, como habría sido su segunda obligación (la primera era dimitir); 2) en consecuencia no ha habido tiempo material para privatizar las infraestructuras necesarias y repartirlas entre los amigos fieles, los fondos buitre y la FAES, que constituyen el trípode que sostiene la clave de bóveda de un modelo de éxito.

Il neige dans mon coeur comme il neige sur la ville, podría haber cantado Paul Verlaine, ese mindundi. Las nuevas infraestructuras no están operativas porque los accesos han quedado bloqueados por un metro de nieve. No importa mucho, porque tampoco estaban operativas antes de la nevada. Eran infraestructuras apresuradamente confeccionadas para las telenoticias de la noche. A nadie se le ocurrió que tuvieran que servir para algo más.

Finalmente, lo que resulta es lo que apunta El Roto en su mono de hoy: el capitán del barco era el principal accionista del iceberg.

Y esa es también una puerta giratoria para los negocios tal y como hoy se entienden: lo que se deja de ganar por un lado, se compensa por el otro. Los ganadores siempre son los mismos; los perdedores, también.

 

viernes, 8 de enero de 2021

CUERNOS SIMBÓLICOS Y BANDERAS PINTADAS EN LA CARA

 


Monumento a la Constitución de 1978, en Madrid. 

 

Me llega al móvil un tuit mañanero según el cual, vistos los últimos acontecimientos en México dicen que bueno, sí, están dispuestos a costear ellos el muro de separación con los USA.

Me dirán ustedes que esa noticia no es cierta al cien por cien. Lo admito. Y sin embargo, queda en pie la incógnita de qué estaba haciendo un búfalo pintarrajeado y tatuado en un Capitolio como este.

Se abre paso, al parecer, la idea de descalificar rápidamente a Donald Trump por incapacidad (es un enfermo psicótico), habida cuenta de lo que puede intentar aún en los próximos quince días. La idea es tan buena que alguien debería explicar por qué no se tomó antes.

Lo mismo ocurre con Isabel Díaz Ayuso, salvadas las distancias. Su conducta es tan insensata y tan errática que, dentro de algún tiempo, algún estudiante de Ciencias Políticas se planteará en alguna tesis de doctorado la pregunta del millón: ¿tan huérfana está nuestra democracia, que carece de medios constitucionales adecuados para atajar derrumbes peligrosos del nivel de gobernanza mínimamente exigible?

La prensa estadounidense ─que, al revés de la nuestra, sí practica el periodismo de investigación─ está analizando la insólita facilidad con la que los chusmillas tomaron por asalto el templo de la democracia yanqui. La guardia nacional hizo la estatua, y el Pentágono se negó a intervenir sin un mandato presidencial, sin recapacitar en que el presidente era justamente el problema.

Resulta característico ese modo de enredarse en los procedimientos para laisser faire, laisser passer en los casos que se estiman compatibles con un poder hacia el que se exhibe un respeto reverencial, y en cambio asumir iniciativas drásticas en otros casos que molestan visiblemente a ese poder más fáctico que legal (Black Lives Matter en USA, llegada de migrantes o protestas laborales aquí).

Los asaltantes de Washington creían estar defendiendo la Constitución, ha dicho Lorenzo Milá. Pero la asaltante muerta por el disparo de un funcionario había venido desde San Diego, California, a defender la Constitución rompiendo puertas, ¿cómo se explica algo así?

Y solo hubo un disparo solitario por parte de un defensor del Capitolio, al que seguramente se exigirán responsabilidades. No era un policía ni un miembro de la guardia nacional; no estaba adiestrado para hacer frente a contingencias imprevistas.

No sé si Milá ha estudiado los vídeos de los destrozos en el mobiliario  del Capitolio y el despacho arrasado de Nancy Pelosi. El modo que tuvieron los chusmillas de defender su Constitución parece ser el mismo de nuestros altos mandos militares retirados: “duro y a la cabeza”. Idealizan una Constitución de garrote y tentetieso, puesta al servicio de ellos mismos y en contra de quienes no son ellos.

Isabel Díaz Ayuso está viviendo también en un aura de inmunidad parecida a la de Trump. La bombardean con memes, sí, pero la Fiscalía sigue sin tomar cartas en el asunto, don Carlos Lesmes sigue dando pases en redondo con la vista clavada en el tendido del 3, y los abueletes de la cantina de oficiales la eximen de buen grado del fusilamiento masivo y justiciero que según su idea de las cosas nos devolvería una España prístina.

Todos ellos llevan simbólicos cuernos de toro bravo y banderas de España pintadas en la cara. Todos ellos defienden un “constitucionalismo” sui generis que no respeta el poder efectivamente constitucional y constituido.

 

jueves, 7 de enero de 2021

ETERNO RETORNO

 


Energúmenos armados, en el Capitolio de Washington (de los periódicos).

 

Esto ya lo habíamos vivido, un 23 de febrero. Curiosamente, los estamentos más afines al golpe neofranquista olvidan esa fecha y señalan otras elegidas un poco al azar, como la toma de posesión del gobierno de Moreno Bonilla en Andalucía. Alberto Rivera lo ha hecho. Desde Vox también se han significado en el mismo sentido. Después de jalear de forma consistente a Trump y al trumpismo durante años, nuestras derechas más genuinas lo abandonan con armas y bagajes en mitad de su intento de paso del Rubicón. Son paradojas de una política en la que no hay avance ni perspectiva, sino solo un eterno retorno.

Renuncio a ir más allá en la búsqueda de semejanzas entre lo sucedido en Washington y situaciones de presión extrema que hemos vivido reiteradamente en nuestras cámaras representativas en los últimos tiempos. Solo dejo una constatación: cuando el teniente coronel de la Guardia civil Antonio Tejero irrumpió en el Congreso con el arma reglamentaria desenfundada y gritó lo de “Todo el mundo al suelo”, dábamos por seguro que aquella intentona de interrumpir por la fuerza nuestra transición a la Democracia con mayúscula, era nada más un espantajo del pasado.

Y sin embargo, nos pasó inadvertida una segunda faceta del evento: aquello era también una premonición del futuro. Solo ahora que vemos al shamán de los cuernos de búfalo y la cara pintada con los colores de una bandera, caemos en la cuenta de que no hay nada nuevo bajo el sol. El Ouroboros, fin y principio que se muerde la cola, existe en la realidad, y ya los antiguos nos habían avisado con urgencia de que el deterioro de la democracia conduce al imperio de la demagogia, y que el imperio de la demagogia se resuelve en la aparición de demiurgos provistos o no de certificado de autenticidad.

La democracia no depende exclusivamente de los números. Si fuera así, tendría sentido la orden de Trump a su muñidor en Georgia: «Encuéntrame donde sea esos putos siete mil votos.» La democracia es un marco de convivencia, aceptable y aceptado por todos. Las conductas antidemocráticas lo son aunque cuenten con la aritmética de los votos a su favor.

Raül Romeva ha manifestado que la independencia de Cataluña solo será posible con un 80% de votos favorables. Puede parecer una constatación constructiva: es simplemente una constatación tonta. O se aborda todo el problema de Cataluña desde una óptica distinta, inclusiva y cooperativa, o lo mismo dan ocho que ochenta.

Y Alberto Rivera ha conseguido el récord Guinness al comentario más tonto sobre el asalto al Capitolio. Sabíamos de las altas cualidades de Alberto en esa dirección, pero su declaración ha sobrepasado de largo nuestras expectativas.

Mientras, siguen las vacunaciones a marchas más o menos forzadas según los lugares; y mi admirada Najat el-Hachmi ha ganado el Premio Nadal con una nueva novela sobre la marginación de las minorías étnicas, religiosas y sexuales. Y en todo el país, los juguetes apresuradamente distribuidos por tres Magos han llegado felizmente a su destino…, menos cuando no han llegado. Son temas dignos de comentario, pero este se ha visto eclipsado en las prioridades informativas por la llamativa presencia de una cornamenta de búfalo en las pantallas de las cadenas de TV y en las portadas de los medios de todo el mundo sin excepción.

 

miércoles, 6 de enero de 2021

LA ISLA DE LOS SUICIDIOS CONSTANTES


 “El caso de los suicidios constantes” es una novela policiaca estimable de John Dickson Carr, un autor de género especializado en darle vueltas al enigma clásico del crimen en una habitación cerrada. El escenario de la trama es un caserón inquietante de las Islas Británicas. Pero hay otra isla (espiritual) en la que los suicidios constantes florecen sin tregua; donde los suicidas se ufanan de su conducta, la proponen como ejemplo moral y aseguran que, en cuanto tengan la más mínima ocasión, volverán a hacerlo.

Sí, me estoy refiriendo a Cataluña.

Me ha dado la pista un artículo publicado por Gabriel Jaraba ayer, 5.1.2021, en ‘Catalunya Plural’: “La medicina del doctor Illa: un antídot contra la frivolitat”. Reproduzco la frase crítica, traducida a rudo castellano para mejor comprensión de mis lectores de otras latitudes: «No hay comparación entre el desgobierno de la Cataluña republicana de los años 30 y el del tiempo del procés en pleno siglo XXI. Pero puede percibirse un elemento común que aparece bajo aspectos distintos: actitudes políticas presentadas por sus actores como actos de coraje y que son auténticos suicidios…» (1)

Jaraba propone que la verdadera característica de los catalanes no es la combinación entre el seny (la virtud de la prudencia) y la rauxa (el arrojo temerario), sino una combinación de prudencia extrema y de frivolidad asumida. Yo añadiría que esa frivolidad esconde una pulsión suicida, y que el país va siempre con el pie cambiado, de modo que se lanza a objetivos arrauxats en momentos en que sería aconsejable la prudencia, y en cambio elige soluciones timoratas de tan prudentes cuando todo invitaba a una mayor audacia.

No quiero retroceder tanto en la historia como para señalar los casos de adhesión popular ferviente a liderazgos manifiestamente incompetentes como los de Jaume d’Urgell, Carlos de Viana o el Archiduque Carlos de Austria. Basta pensar en cómo fue un banquero fallido, Jordi Pujol, el que hegemonizó la gran era de los negocios en la política catalana, a rebufo primero del tridente González-Guerra-Solchaga, y después en connivencia con el PP de Aznar. Pujol ha sido adorado, y lo sigue siendo, en un nivel irracional parecido al del Demérito en tantos hogares modestos de España, por la menestralía de una Cataluña convencida de que gracias a él se la dimos con queso a los madrileños opresores.

Si nos dedicamos al ejercicio ocioso de comparar, como hace Jaraba, las dos épocas poco comparables de la segunda República y la guerra civil, por un lado, y el intento de asalto unilateral a la independencia por otro, advertimos homologías inquietantes. El ensimismamiento, el despegue del suelo real motivado por el orgullo de sentirse diferentes y mejores, las luchas navajeras emprendidas en nombre de ideales irrenunciables, el trayecto de colisión marcado como una consigna desde arriba, el camino sembrado de traiciones que conduce derechamente al abismo, recorrido bajo la guía de un espejismo etéreo con un voluntarismo digno de mejor causa.

Jordi Amat ha historiado el lado oscuro del pujolismo en El fill del xófer, un recuento de todo lo que hubo que ocultar, de todo lo que fue necesario ceder a algunos parvenus peligrosos, en el reparto del botín de la rapiña. Algo parecido habrá que seguir haciendo al escribir la historia de una Cataluña en caída libre en la que el mediocre y dubitativo Oriol Junqueras, nuevo Dissortat, se mantiene como el político mejor valorado por la opinión.

 

(1) He aquí el párrafo original íntegro: «No hi ha parió entre el desgovern de la Catalunya republicana dels anys 30 i el del temps del procés en ple segle XXI. Però s’hi pot percebre un element comú que es mostra sota diversos aspectes: fets polítics els autors dels quals els proposen com a actes de coratge i són veritables suïcidis; la percepció de determinats esdeveniments i personatges com a líders guanyadors quan de fet són aventurers o tocats de l’ala; la capacitat de menystenir i malbaratar els guanys obtinguts gràcies al progrés o senzillament la fortuna.»

 

martes, 5 de enero de 2021

VALS EN TRES TIEMPOS EN TORNO A UN MILAGRO

 


Vittore Carpaccio, ‘Visión de San Agustín’, 1502 (Venecia, Scuola San Giorgio degli Schiavoni)

 

 

Primer tiempo, Andante.- Bessarion

Leído en el muro de facebook de Erika Bornay (4.1.2021).

«Los libros contienen las palabras de los sabios, los ejemplos de los antiguos, las costumbres, las leyes y la religión. Viven, discurren, hablan con nosotros, aleccionan y consuelan, hacen que nos sean presentes, poniéndonoslas ante los ojos, cosas remotísimas de nuestra memoria. Tan grande es su dignidad, su majestad y en definitiva su santidad, que si no existieran los libros seríamos todos rudos e ignorantes, sin ningún recuerdo del pasado, sin ningún ejemplo. No tendríamos ningún conocimiento de las cosas humanas y divinas; la misma urna que acoge los cuerpos, cancelaría también la memora de los hombres.» (Carta del cardenal Bessarion al Dux Cristoforo Moro acompañando el legado de su importante biblioteca a la ciudad de Venecia, 1468.)

 

Basilio Bessarion (Trebisonda 1403-Ravenna 1472) defendió como arzobispo de Nicea, en los concilios de Basilea, Ferrara y Florencia, la unión de las iglesias de Occidente y Oriente. Después del fracaso de la iniciativa, se quedó en Italia. Fue nombrado cardenal y arzobispo administrador de Pamplona por Eugenio IV, y a punto estuvo de suceder a este en el papado; le faltaron dos votos. Legó sus libros, más de 800 volúmenes, a la ciudad de Venecia, que los conserva en la Biblioteca Nacional Marciana, en un costado de la plaza de San Marcos, frente a la basílica.

 

Segundo tiempo, Allegro.- La Scuola de Carpaccio

De una carta a mi hermano Juan (23.9.2003):

«)Sabes que fuimos Carmen y yo tres veces, en tres viajes distintos a Venecia, a ver los Carpaccios de la Scuola de San Giorgio degli Schiavoni, la tercera de ellas en día y horario hábiles, sin que nos abrieran las puertas? Ese tercer día había una cena de no sé qué gremio, y nos quejamos al portero, un fraile. Mañana podrán entrar, dijo. Al día siguiente estábamos otra vez allí. Aquello fue un lujo inolvidable. Tengo en mi despacho la Visión de San Agustín, partida en dos; es que, como no tenían en ninguna parte la pintura entera, compramos dos reproducciones, la parte de la derecha con el santo y la parte de la izquierda con los libros y el perrito blanco mirando como si supiera lo que está sucediendo. Carmen me hizo un montaje sobre dos tablas. Y ese fulano va y saca la pintura en el libro.»

 

En septiembre de 2003 mi hermano estaba enfermo de un cáncer que había ido creciendo ignorado durante muchos años, pero del que, dada la gran fortaleza física que tenía, confiábamos aún en controlar las metástasis. Recluido en su casa de Sevilla, se distraía manteniendo con sus hermanos (José María, el pequeño, y yo, el mayor) una correspondencia electrónica diaria sobre toda clase de asuntos, desde la arquitectura (él era arquitecto) hasta el fútbol. Llevábamos hablando desde hacía días de un libro de Vikram Seth, “Una música constante”. En ese libro se habla muy incidentalmente de las pinturas de Carpaccio en la Scuola di San Giorgio. En una carta, Juan se extrañaba de haber visto reproducciones de la escena que aparece arriba como ‘San Jerónimo en su estudio’ y alternativamente como ‘Visión de San Agustín’.

 

Tercer tiempo, Tourbillon.- Seth, Bessarion, Carpaccio, H.I. Roberts, Pallucchini, San Agustín, la luz de San Jerónimo, un perrito y una comadreja.

Del mismo al mismo (5.10.2003)

«Ahora, como coletazo de nuestra correspondencia en torno a Seth y Carpaccio, me dispongo a tirarme un pegote monumental. Atiende.

La "Visione di Sant'Agostino" se llamó hasta hace nada "San Gerolamo nello studio", y así consta en el volumen de Skira que te dispones a saborear, y que fue impreso en 1958. La razón parecía evidente: la pintura formaba parte de un ciclo de pinturas dedicado a San Jerónimo. Ah, pero tan solo un año después de la publicación del libro, en 1959, H. I. Roberts publicaba una obra en la que sostenía que el santo pintado era San Agustín. El punto de partida era iconográfico: )por qué la imagen del santo no se correspondía en este fresco con la de los restantes en que aparecía? La respuesta tradicional había sido: porque aquí Carpaccio retrató al cardenal Bessarion, protector de la Scuola di San Giorgio (eso parece demostrado porque el sello del cardenal y las borlas aparecen en el suelo, a la derecha, entre los dos libros de música abiertos). )Pero por qué en esta escena Jerónimo sí es Bessarion, y en las otras no?, se dijo Roberts. Y sacó de la chistera su descubrimiento: Carpaccio utilizó una leyenda conocida en Venecia a partir de una biografía de San Jerónimo publicada en 1485. Dice la tal leyenda que San Agustín estaba escribiendo a su amigote San Jerónimo una carta, cuando su ventana se inundó de una luz sobrenatural y escuchó la voz de Jerónimo que le informaba de su propia muerte y su ascenso a los cielos. La tesis de Roberts fue aceptada generalmente a partir de un estudio de R. Pallucchini (I teleri del Carpaccio in San Giorgio degli Schiavoni, 1961): "Una luce violenta entra dalle finestre, illuminando intensamente l'ambiente e creando coni d'ombra sul pavimento. È la luce soprannaturale che accompagna il miracolo della voce di San Gerolamo che giunge a Sant'Agostino. Solo questa interpretazione permette di comprendere il movente di quel gesto a mezz' aria del Santo al suo tavolo di lavoro e nello stesso tempo di renderci conto dell'intensità della luce abbagliante, che dà all'ambiente un'evidenza quasi metafisica". O sea, Agustín se ha quedao pasmao porque "oye" la voz, y Jerónimo "está" de protagonista en la escena en forma de luz cegadora, aunque a bote pronto no nos hayamos dado cuenta. Bonito, )no?

Todos estos datos vienen en el "Carpaccio" de los Classici dell'Arte Rizzoli, en el que por si fuera poco hay también una reproducción del boceto del British Museum en el que en lugar del perrito aparece pintada una comadreja, como también dice Seth en su libro.»

 


El boceto con la comadreja.