viernes, 16 de noviembre de 2018

IDA VITALE, PREMIO CERVANTES


Fue Toto (Gutenberg) Charquero quien primero nos habló de Ida Vitale. Cuando digo que “nos” habló, me refiero al pequeño grupo de editores que trabajábamos en una nueva edición de la Gran Enciclopedia Larousse-Planeta. Franco acababa de morir, y yo de llegar a Planeta con un contrato por obra. Entonces la editorial estaba radicada en un gran garaje reciclado de la calle Fernando Agulló.
El local era tenebroso y, salvo en los despachos de la dirección que tenían ventanas a la calle, la luz eléctrica tenía que estar encendida toda la jornada; pero en el cubículo que ocupaba nuestro equipo editorial, un ventanuco alto que se abría a un patio interior producía a media mañana, por refracción en una ventana alta, el milagro del reflejo de un rayo de sol que se abría paso tímida y oblicuamente hasta reposar en la pared de enfrente. El fenómeno luminoso duraba poco, pero ese poco incluía los minutos contados de la pausa llamada “del bocadillo”, y Toto, que trabajaba en el departamento de correctores, se venía con nosotros para recibir en la cara como un bautismo aquella luz solar, sentado en el suelo contra la pared transfigurada mientras sorbía su mate recién cebado y nos hablaba del Uruguay.
Claro, los allí presentes conocíamos a Juan Carlos Onetti y a Mario Benedetti, los portaestandartes de la Generación del 45, pero había muchos más; y señaladamente dos mujeres poetas a las que Toto tenía en gran aprecio y afecto, y que se llamaban casi igual: Idea Vilariño e Ida Vitale.
Toto Charquero, periodista destacado en Montevideo, había llegado a Barcelona huyendo de la Junta Militar instalada en su país con el golpe del año 73, que acabó con el movimiento de los tupamaros y, utilizando la misma excusa, con una cultura sólidamente enraizada en el próspero país conocido entonces como “la Suiza de América”, y con sus principales representantes. Ida Vitale estaba exiliada en México; Daniel Viglietti en Argentina, después de haber pasado por la cárcel; Idea Vilariño había perdido su puesto como profesora de literatura. En Montevideo todos los intelectuales se habían convertido en sospechosos de hostilidad al régimen (la “patota criminal”) de los milicos. Los Olimareños, junto a Viglietti representantes punteros de la canción patria, y para los que Vilariño había escrito la letra de la composición “Los Orientales”, estaban en paradero desconocido. Aníbal Troilo “Pichuco”, bandeonista, compositor y director de orquesta, de quien Toto nos decía que había que escuchar sus discos de rodillas, recién había muerto el mismo año 75, con su cuerpo agotado, macerado en alcohol y otras sustancias. El “paisito” se había ido al carajo.
Toto y Serena, su mujer, viajaron al año siguiente de Barcelona a Estocolmo, para reunirse con sus dos hijas. La pequeña se había refugiado en el Chile de Allende cuando el golpe uruguayo, y hubo de re-refugiarse en la Embajada sueca en Santiago cuando Pinochet completó de forma fulminante la desestabilización del Cono Sur. La hija mayor pasó una temporada de cárcel, corta porque la condena fuerte recayó en su marido, y eligió Suecia para un exilio difícil. Con la presencia de los padres se recompuso allí arriba alguna forma de vida familiar, a la espera del cumplimiento de la condena de los dos maridos de las chicas, y del obligado rescate dinerario consiguiente (los milicos exigían a los presos políticos el pago de su manutención en prisión por cuenta del Estado, como condición para liberarlos).
Carmen y yo pasamos el mes de agosto de 1977 en Estocolmo, en casa de los Charquero, un apartamento para refugiados en un bloque de viviendas de Vällingby. Toto y Serena nos cedieron su cama, a pesar de nuestras protestas, y se acomodaron en el cuarto de estar, en unos plegatines de quita y pon. Fueron unos días soleados y felices, cuajados de excursiones y de charlas. Serena horneaba pan en el horno comunitario, y nos preparaba grandes bandejas de arroz blanco con huevo duro, remolacha y maíz, y cuencos de ensalada. De proteínas íbamos escasos, porque ninguno teníamos mucho dinero, y la vida era cara.
Después de aquel verano, señalado en las efemérides mundiales por la muerte de Elvis Presley, perdimos contacto con los Charquero, en la vorágine de la transición española y sus imprescindibles militancias. Serena aún vive. Toto murió, hace pocos años. Se habría alegrado un montón de saber que Ida Vitale, la última superviviente de una generación luminosa, iba recibiendo uno a uno los premios merecidos por su poesía esencial más que “esencialista”, culminando este año, ahora mismo, con el premio Cervantes.
 

jueves, 15 de noviembre de 2018

EL MENSAJE DE KAFKA


Cuando el otro día les detallé las recomendaciones de lectura que hacía para Librotea el escritor Eduardo Mendoza (1), me dejé una en el tintero: El mensaje imperial, de Franz Kafka.
Fue un lapsus involuntario, pero seguramente también un lapsus significativo. No “amo” particularmente a Kafka, por más que su lectura me parece imprescindible. Mendoza dice que es quizá el escritor “más incisivo” del siglo XX. De acuerdo, pero el calificativo “incisivo” puede interpretarse de muchas maneras. A mí la lectura de Kafka me inquieta desde la primera línea, y si persevero en ella el tiempo suficiente, acabo por sentirme desencajado y aterrorizado.
Me sucede con el Castillo, el Proceso, la Muralla china. Muy especialmente con la Carta al padre. A veces el vértigo me ataca ya con la primera línea, incluso con la única línea, como en este aforismo: «La jaula fue en busca de un pájaro.»
El texto que recomienda Mendoza es Un mensaje imperial. Se trata de un cuento de apenas dos páginas, que, al menos en la edición que poseo, está incluido en la colección de relatos “Un médico rural”. Se lo resumo, si tal cosa es posible en un texto tan corto, tan milimétricamente estructurado.
El emperador, moribundo en el palacio de la capital, quiere enviarme antes de morir un mensaje a mí, súbdito anónimo, que vivo en el límite más apartado del imperio. Elige para trasladarme el mensaje al mejor de sus mensajeros, el más rápido y el más fiable. El mensajero toma el mensaje y empieza a abrirse camino con movimientos enérgicos entre la multitud que se agolpa para presenciar la agonía imperial. El mensajero cruza las salas, las antesalas, los largos pasillos, los patios, forcejeando con la multitud anhelante que le cierra el paso. Sale por fin del palacio y empieza a cruzar la gran plaza central de la capital del imperio, pero esta también está abarrotada de gentes venidas de los cuatro puntos cardinales. Cuando haya acabado de cruzar la plaza inmensa todavía tendrá que avanzar por las largas avenidas, los barrios periféricos, los suburbios hacinados, y salir a campo abierto, y franquear cordilleras, y vadear ríos, y cruzar selvas, hasta llegar a la cabaña humilde donde yo espero, también agonizante, el mensaje particular y sin duda trascendental que el emperador me envía mediante el mejor y el más rápido de sus mensajeros, mensaje que no hay la menor esperanza de que yo llegue a conocer.
 


 

miércoles, 14 de noviembre de 2018

LA TRAMPA DE LAS PRIMARIAS


La idea establecida parecía ser que, a más elecciones primarias (internas), más democracia. Sin embargo la ecuación no funciona, como se ha visto en multitud de ocasiones en las que, a fuerza de bajar el listón, la popularidad tertuliana ha derrotado a la competencia profesional. Un ejemplo paradigmático puede ser el caso de Pablo Casado versus Soraya Sáenz de Santamaría, que degeneró en el éxito anunciado del hiperventilado sobre la redicha.
El votante ni siquiera se pregunta en estos casos cuál es el mal menor entre los que se ofrecen a su elección, sino quién le cae más simpático/a. No se valoran los programas de gobierno (vade retro tal invento diabólico) ni las intenciones, ni el encaje del/de la candidato/a en el contexto político (por ejemplo, su conocimiento de los problemas económicos y sociales, su capacidad para entenderse con las fuerzas de la oposición, o su incidencia en el entorno europeo o internacional a secas), sino meramente sus prendas personales reducidas por lo común a la presencia física, la simpatía, el desparpajo ante las cámaras, la labia y los signos externos de pertenencia a una clase (ropa, peinado, dicción, estudios superiores materializados en másteres rimbombantes en universidades remotas).
El proyecto político está de capa caída; es la epidermis lo que cuenta en la valoración del pueblo soberano, como si de un concurso de belleza se tratara.
Todo esto era ya archisabido, desde que expertos como Nadia Urbinati han analizado la democracia demediada de las audiencias. Un paso más por el camino de reducir la selección democrática de las elites a una maniobra de fontanería nos lo ofrece Podemos-Madrid, cuya dirección ha querido utilizar en beneficio de los “leales a la causa” la previsible condición ganadora de la candidatura a la alcaldía de Manuela Carmena, y colocar como peaje intermedio unas primarias trucadas en las que situar a los unos en perjuicio de los otros.
Las elecciones internas no ofrecen en ningún caso (repito, en ningún caso; tampoco en el mejor de los casos posibles) un plus de democracia representativa, desde el momento en que no apuestan por los contenidos de la política sino por las personas más idóneas para llevar esos contenidos a la práctica. La representación que nos ofrece el sistema democrático rectamente entendido no es la de unas personas que se parezcan lo más posible a como nos vemos nosotros, sino la de las ideas y las reivindicaciones que pretendemos impulsar.
Las primarias fueron concebidas como una salvaguarda contra las decisiones del aparato, con la idea de ampliar el campo de los elegibles a personas no crecidas dentro del aparato, ni cooptadas por él, ni asimilables al mismo. En ese sentido, son beneficiosas. El rebote llega cuando el aparato se dedica, no solo a blindar el núcleo inamovible de dirección, sino además a promocionarlo a través precisamente del mecanismo de unas primarias controladas con habilidad desde arriba.
La ampliación perfectamente explicada y argumentada del suceso que comento, la puede encontrar el lector en un artículo firmado por Asier Martiarena que aparece en la vanguardia de Barcelona hoy mismo: https://www.lavanguardia.com/local/madrid/20181114/452884095482/podemos-madrid-estalla-plena-precampana-carmena-candidatur-pablo-iglesias.html
 

martes, 13 de noviembre de 2018

SUSPIROS DE ESPAÑA


Esto es que Jordi Évole preguntó en un programa a cinco presidentes autonómicos cómo definirían España (en adelante E., para ahorrar caracteres). Ellos contestaron cosas razonables, pero Teodoro García Egea, secretario general del Partido Popular a quien nadie había preguntado, se descolgó en la red con una “definición” de E. obtenida por acumulación de ripios infumables que oscilan entre la banalidad y el cutrerío.
Ni siquiera eran suyos, el autor de las coplas es don José Luis Santiago de Merás, coronel de la escala de complemento de Ferrocarriles y franquista acrisolado además de patriota.
Renuncio a darles un extracto de lo que es E. según el tándem Santiago de Merás/García Egea. Voy a hacer algo mejor, proporcionarles un poema B calcado en el estilo del anterior. Puestos a hacer el ridículo en público, considero preferible hacerlo con versos genuinamente propios que adornarse con plumas de ave del paraíso ajenas.
Ahí va:
E. es la cerveza de aperitivo más dos de gambas
E. es la fabada con su morcilla que a mí me encanta
E. es el regüeldo que se me sube por la papada
E. es aquel pub y el taburete junto a la barra
E. a fin de mes son esos sobres que me da Bárcenas
E. es ese moco que cuelga y baila bajo mi napia
E. es la patera con africanos en nuestra playa
E. es el orinal donde yo meo de madrugada.
 
No es mi intención faltar al respeto debido a la patria, pero desde la consideración de que algunos entienden por tal cosa el cielo azul que ven por la ventana o un pan de hogaza, no me queda más remedio que recurrir a la desmitificación y cortar por lo sano. Pido de antemano excusas si alguien se lo toma a mal. Lo que pretendo con este sencillo expediente, es revelar en toda su crudeza la nadería de fondo de los ripios perpetrados por don José Luis y citados con alevosía impune por don Teodoro; a ellos, los dos inmarcesibles, dedico con emoción este sentido desahogo poético.
(No me culpen a mí, fueron ellos quienes empezaron.)
 

lunes, 12 de noviembre de 2018

¿HAY VIDA SIN PRESUPUESTOS?


Pedro Sánchez cree que sí, Pablo Iglesias se inclina a creer que no. En la situación apretada en la que nos encontramos, pendientes todos los grupos políticos de la calderilla de los sondeos de opinión y del resultado más así que asao o a la inversa de los inminentes comicios andaluces, la cuestión resulta vital.  Podría haber un sendero que bordeara el precipicio para llevarnos a terrenos más practicables el año que viene, o ese sendero podría no existir, de modo que cualquier avance nos llevaría directamente al despeñadero.
Llamo la atención acerca del post aparecido ayer mismo, sobre esta ardua cuestión, en el blog Metiendo bulla (1). El maestro López Bulla considera perdida la batalla presupuestaria, de un lado por la contra visceral de las derechas movilizadas en busca del arca perdida, y de otro por el prurito o punto de honor de los nacionalistas catalanes, que no quieren dar la sensación de que están haciendo concesiones al Estado opresor en lo fundamental (en lo accesorio, todos los días se acuerda alguna cosa nueva en incontables reuniones bilaterales programadas o espontáneas).
Pero aunque la puerta de los presupuestos está cerrada con cerrojo y pestillo, existen ventanas practicables. Por la vía del decreto, dice López Bulla, se pueden ir aprobando cuestiones importantes, empezando por la subida del salario mínimo y siguiendo por otros ítems del temario establecido entre el PSOE y Podemos, para los cuales quepa el apoyo exterior que se niega a los presupuestos, no por otra cosa sino por el simbolismo tremendo que los presupuestos tienen respecto de la gobernabilidad del país.
Sería posible así una puesta en marcha consensuada puntualmente de las cuentas del Estado por cachos, y no en bloque; a trocitos y no en un pack cerrado. Un principio de solución a través de microsoluciones, en la expresión feliz que viene defendiendo y predicando en diversos ámbitos Joan Coscubiela.
El objetivo de tantas fatigas sería el de tratar de llevar las elecciones generales a aguas más tranquilas, cuando cada cual se haya hecho su composición de lugar y tenga más claro qué opción política es la que prefiere. Superando el marasmo de dudas, de irritaciones y de desesperaciones, vivido en la última etapa, y colocando los elementos sensatos y racionales en el lugar de los sentimientos viscerales que vienen funcionando como motor predominante de la política impulsada desde las plataformas ideológicas que monopolizan el espacio político y nos atruenan los oídos con sus clarinazos.
 


 

domingo, 11 de noviembre de 2018

DONDE DIJE DIEGO, DIGO BANCA


Carlos Lesmes, presidente aún, ya por poco tiempo, del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, pidió a Luis María Díez-Picazo, el presidente de la sala de lo Contencioso Administrativo (para Lesmes, “su” sala y “su” amigo del alma, colocado por él en ese lugar), que convocara con urgencia el pleno, con el fin de revisar la sentencia sobre el impuesto de las hipotecas.
Díez-Picazo cumplió como bien mandado. Convocó el pleno de sala en cuarenta y ocho horas y, como su voto de calidad era necesario para inclinar el debate de un lado o de otro, lo utilizó para dejarlo caer del lado de la banca: del lado que le había sido sugerido.
En estos tiempos en los que todo se sabe, la torpeza ha sido monumental, y descalificante tanto para Díez-Picazo como para Lesmes, un juez “político” que ha hecho su carrera a la sombra del PP. Todo el aparato de la Justicia en España ha quedado en entredicho; se ha quebrado el principio esencial de la seguridad jurídica, y además por una cuestión secundaria que la banca habría absorbido con facilidad a través de alguno de los expedientes en los que es experta (lo hará, a fin de cuentas, después del decreto del gobierno; las cuentas de la banca siempre se escriben torcidas con renglones derechos).
Hay otra cosa imperdonable aún, en este asunto. Lesmes ha tenido la mejilla dura de alegar que el enredo en el que ha metido por propia iniciativa al Tribunal Supremo proviene de que la ley que regula las hipotecas “es confusa”. La culpa sería de la norma; no de quienes la habían aplicado hasta ahora de un modo determinado, que se intentaba rectificar. Es la rectificación lo que ha provocado la reacción contraria de las togas supremas; no la irregularidad anterior. Como si la confusión se hubiera generado a partir de la rectificación, y no de la letra misma de la ley.
La excusa de Lesmes ha sido digna de un rábula de los que medran en los estrados aprovechando el redactado confuso de tantas y tantas leyes. No es de recibo el argumento en el presidente del órgano supremo que tiene como misión precisamente aclarar el sentido y la recta aplicación de las leyes, y fijar las normas para su cumplimiento seguro y ordenado. La jurisprudencia, así se enseña desde siempre, es fuente del derecho con el mismo rango que la ley. Si las leyes fueran siempre claras y terminantes, no harían falta jueces, bastaría con los secretarios de juzgado para redactar las sentencias.
 

sábado, 10 de noviembre de 2018

EDUCAR ES AYUDAR A COMPRENDER EL MUNDO


Dice Pablo Casado que la derogación de la ley Wert (la Lomce) condena a los jóvenes al paro masivo. Es decir, que seguirán tal y como están ahora mismo. Él no lo explica así, claro; dice, sin aportar estadísticas, que «durante el gobierno del PP se ha logrado bajar mucho el paro juvenil», y que «se están poniendo palos en las ruedas de las reformas educativas que tienen que hacer competitivos a los trabajadores futuros.»
Ahí está el nudo del problema. El propio Casado ha conseguido hacerse “competitivo” en el mercado de cerebros mediante la ayuda de estudios universitarios y másteres obtenidos en un prodigioso relámpago de tiempo. Pero la idea de que la competitividad en el mercado depende del trabajador individual es en sí misma una aberración. Los factores que contribuyen a la competitividad de una empresa o un producto en el mercado son mucho más complejos.
Si Casado supiera sobre la cuestión algo más de lo que sabe, podría reflexionar sobre el hecho de que dar a los futuros dirigentes una educación para dirigentes, a los administrativos una educación para administrativos, y otro tanto a los trabajadores manuales, a las mujeres de la limpieza o a los camareros de chiringuito, significa perpetuar el mundo como es, en el peor sentido de la expresión “como es”. La selección de las elites a partir del nacimiento y los medios familiares de fortuna, que es lo que subyace en la propuesta Wert/Casado, conduce a una sociedad mediocre. Lo realmente competitivo no es fiar a las universidades privadas la formación de las elites designadas y abandonar a los/las demás a una formación profesional basada en conocimientos sencillos y prácticos, sino dar a los talentos reales, sin importar su género ni su extracción social, la oportunidad de alcanzar el lugar preciso donde puedan dar más de sí. Eso significa igualar las oportunidades desde la línea de partida de la carrera; y en consecuencia, proporcionar una educación potencialmente “de elite” a todas las personas, sin más cortapisa que la derivada de la falta de inteligencia, de interés o de constancia en el aprovechamiento. Bajar el listón, suprimir la filosofía y minimizar las humanidades en los planes de estudios, elementalizar las matemáticas o las ciencias, explicar la historia con orejeras, enseñar la mecánica práctica de los idiomas sin rozar la cultura implícita en esos idiomas distintos del nuestro, son autopistas hacia el fracaso individual y colectivo del país. Educar es, en definitiva, ayudar a los jóvenes a comprender el mundo en todos sus entresijos. O dicho de otra forma más de moda, empoderarlos.
La cuestión del empleo y el desempleo es diferente. El empleador tipo prefiere a sus trabajadores dóciles, algo tontos, y sobre todo refractarios a la sindicación. No pretende discutir con ellos de filosofía, entre otras cosas porque tampoco él sabe de qué va eso. Mucha disciplina, mucha lealtad a la firma y poca exigencia en el cobro de las incontables horas extra. Un anuncio solicitaba una secretaria con idiomas y con disposición de compartir puntualmente la cama con el jefe; otro reciente (en Marina d’Or si no recuerdo mal) ofrece 45 euros brutos por 10 horas de trabajo diario.
Son las oportunidades ofrecidas a la juventud por la ley Wert.
 

viernes, 9 de noviembre de 2018

LECTURAS DE EDUARDO MENDOZA


En las horas perdidas de hotel antes de atrapar el sueño, durante el viaje de este mes de septiembre a Eslovenia, concluí la novela El rey recibe, de Eduardo Mendoza. Me ocurrió lo mismo que me ha pasado con otras cosas suyas, muy singularmente con Mauricio o las elecciones primarias. No supe qué pensar, si se trataba de un experimento fallido o de un acierto de otro género que yo no alcanzaba a captar.
En esas sigo, pero me ha despertado un interés vivísimo la recomendación de lecturas que hace Mendoza en la “librotea” aparecida en elpais hace un par de días. Se da la circunstancia, rara, de que he leído todas las obras recomendadas por él. Habría preferido que no fuese así, porque un lector ávido siempre agradece una recomendación fiable para una nueva aventura lectora. Pero la circunstancia me ha dado ocasión para tratar de extraer un divisor común en las obras citadas y ponerlo en relación con el oficio de escribir del propio Mendoza.
Una primera constatación: Mendoza no señala las obras consagradas de sus autores favoritos, sino de alguna forma los second best. Textos, por otra parte, de una maestría y una brillantez cegadoras: Vanina Vanini, de Stendhal (y no el Rojo y el negro ni la Cartuja); Iván Ilich, de Tolstói (y no Guerra y paz o Ana Karenina); Las nieves del Kilimanjaro, de Hemingway, un relato corto en lugar de alguna de sus grandes novelas; Gracia, de James Joyce, saliéndose de lo obvio; La busca, de Pío Baroja, que es una elección aceptable pero entre otras muchas posibles en el prolífico escritor vasco; El intérprete griego, una historieta de Sherlock Holmes muy por debajo del éxito de sus títulos principales; y finalmente, una historia del Conde Lucanor que se diría incluida en el paquete como frivolité particular o como estrambote.
Un repaso temático de las obras propuestas ofrece algunas pistas más. El deán de Sanctiago acude al gran maestro don Yllán de Toledo para aprender la nigromancia, y es transportado mágicamente a diversos ascensos sociales, hasta concluir en Papa de Roma; en cada una de sus nuevas dignidades rehúye la petición de don Yllán de corresponder como se comprometió a su favor. Al final se ve reducido a su condición inicial y a la negativa del maestro a iniciarle en los misterios que anhelaba conocer.
En “Gracia” de Joyce, un borracho rueda por las escaleras de un bar de Dublín y sus amigos intentan redimirlo llevándolo a unos ejercicios espirituales para hombres de negocios convocados por un predicador de moda. En la reunión preparada para convencerlo, se habla con grandilocuencia de la infalibilidad papal y de la teología no del todo ortodoxa, mientras circula a la ronda hasta fenecer una botella de buen whisky. Hay (como en el cuento del Conde Lucanor) un doble nivel lleno de ironía en el relato y en sus personajes, que demuestra la clase de cosas que habría podido escribir Joyce de no haber puesto su talento al servicio del empeño de transgredir todos los límites impuestos a la prosa literaria por las academias. Quizás algo parecido a ese doble nivel se encuentra también en la “Busca” de Baroja, pero tendría que releerla despacio para asegurarlo.
En el “intérprete griego”, de Conan Doyle, la historia principal transcurre en un trasfondo de intrigas internacionales en las que dicho intérprete se ve introducido sin comerlo ni beberlo, por el simple hecho de que su conocimiento del idioma es esencial para la operación delictiva que se proyecta. Iván Ilich muere, y desde ese hecho conocido en la primera página del relato de Tolstói, retrocedemos hacia sus sueños, sus expectativas y sus ambiciones que sabemos que van a quedar truncadas. Algo parecido ocurre en el “Kilimanjaro” de Hemingway, con continuos flashback entre la agonía real del cazador con la pierna gangrenada y la memoria de los acontecimientos cruciales de su vida. Mendoza nos indica en todos estos casos historias cerradas en sí mismas pero ligadas de alguna forma indirecta a acontecimientos de una significación superior. Porque las esferas de la vida están interconectadas, de manera que lo grande influye en lo mínimo, y lo mínimo emborrona a menudo lo inmenso.
Es el esquema que él mismo utiliza en El rey recibe, donde sorprende la insipidez de la pequeña historia del periodista y del rey ful de un territorio hipotético, en contraste con los grandes acontecimientos paralelos de la historia de España y del mundo.
En la historia de la princesa y el carbonario que cuenta “Vanina Vanini” me parece percibir una de las fuentes de inspiración de El año del diluvio, la novela second best del propio Mendoza que tengo por mi particular preferida, por delante incluso del Savolta, de La ciudad de los prodigios, de Una comedia ligera o de las divertidísimas aventuras del detective sin nombre que se identifica a sí mismo como Sugrañes. La madre superiora del “Diluvio”, empeñada en financiar la construcción de un hospital, se ve asediada sexualmente desde dos flancos, por el terrateniente ocioso que la engaña y por el guerrillero rebelde que la secuestra después de adorarla a distancia. Tiene, por lo demás, las características de empeño, de resistencia y de buen sentido de las protagonistas femeninas de Mendoza, en oposición a la abulia, el oportunismo y la falta de carácter de los varones que nos describe.
La lista de títulos ofrecidos por el novelista me reconcilia en cierto modo con la propuesta de El rey recibe, primer eslabón de una trilogía que se anuncia bajo el título global de las Tres leyes del movimiento. Algo adivino del método que pretende utilizar el autor. Aguardo esperanzado la continuación.
 

jueves, 8 de noviembre de 2018

RELACIONES ROTAS


En Zagreb pasé delante del Museo de las Relaciones Rotas, seguramente el único en el mundo sobre esa temática. Pregunté a la guía de qué trataba. Me explicó que una pareja muy conocida en la ciudad, que rompió su relación amorosa después de años de convivencia, decidió exhibir al público en un pequeño local del centro los recuerdos comunes de su amor y de su posterior desamor. Más tarde se fueron añadiendo al catálogo del museo pecios de otros naufragios, que las personas interesadas enviaron espontáneamente a los promotores, o adquiridos en subastas de recuerdos de celebridades.
Me habría gustado visitarlo, pero Zagreb es muy grande, y el tiempo libre de que disponíamos, limitado. Es la curiosidad, seguramente morbosa, por la vida de las personas, por las relaciones siempre frágiles que se establecen y se disuelven entre ellas. ¿Qué objetos visibles pueden considerarse memorables, de interés general, como hitos de unas relaciones íntimas que en algún momento se deterioraron hasta el punto de romperse? La cuestión es compleja, y sentí el temor vago de que la visita me fuera a decepcionar.
Lo que no significa que no considere de primera magnitud el tema. Me siento desconsolado cuando fracasa una relación entre familiares o entre personas amigas. En particular si la ruptura no es de aquellas que “se veían venir”. Y hago mías sin reservas las palabras de Ibn Hazm en El collar de la paloma: «Jamás he podido olvidar un afecto, y la nostalgia que siento por cualquier antiguo pacto de amor me ahoga cuando bebo y me atraganta cuando como.» (Cito según la traducción de Emilio García Gómez.)
Hay monumentos perennes a las relaciones rotas, desde canciones como la sevillana “Dos cruces”, bolero compuesto por Carmelo Larrea en 1952, o la mexicana “Se me olvidó otra vez”, de Juan Gabriel; y desde la vieja historia de Eneas y Dido hasta algunos cuentos inmortales de Anton Chejov. Una tragicomedia de Bernard Shaw lleva por nombre, precisamente, Heartbreak House, la casa rompecorazones o de los corazones rotos, aunque en la versión que yo poseo (Biblioteca de Premios Nobel de Aguilar, traducción de Julio Broutá), el título se traduce de forma más ambigua por La casa de las penas. Se trata de una obra intensamente chejoviana, al estilo de La gaviota, por ejemplo. Shaw la subtituló «Una Fantasía al estilo ruso sobre temas ingleses», y escribió para ella un larguísimo prefacio casi tan interesante como la obra misma. Claro que ahí no tienen tanta importancia los corazones que se rompen como la decadencia irreversible de una época y una cultura amables, y el presentimiento de la irrupción de los bárbaros en forma de bombarderos enemigos. La obra fue escrita en 1919, sin embargo, y representada por primera vez en 1922; formidable, en ese sentido, el poder de premonición del sabio observador social irlandés, que construía sus obras teatrales en la forma de paradojas: los bombardeos de los bárbaros llegarían a las Islas en la vida real veinte años después.
Ojo, así pues, a las relaciones rotas, tanto las interpersonales como las sociales y las políticas. Son acontecimientos significantes, cargados de consecuencias indeseadas, y de algún modo implican siempre una invasión de los bárbaros en el espacio que solíamos considerar nuestro.


Posdata.- Pensaba al escribir la última frase en nuestros rompedores nacionales, los adictos al fracking en expresión de Enric Juliana, es decir Casado, Rivera, Aznar y Abascal; y en provocaciones como la de Altsasu. También pensaba en Carlos Lesmes, que utilizó su cargo supremo para decir del fallecido juez instructor del 1-O que "había cambiado la historia de España", frase que por sí sola debería acarrear su destitución o su dimisión. Una vez colgado el post, me llega la noticia de un francotirador detenido por los Mossos que quería atentar contra Sánchez por exhumar a Franco, y de otro que irrumpió en una discoteca de Los Angeles y disparó hasta treinta veces contra los asistentes, con un saldo de 12 muertos y otros tantos heridos graves. Son cosas lamentables que ocurren cuando desde el arriba de la sociedad se juega a romper el entramado social y la convivencia pacífica de los/las diferentes.
 
 

miércoles, 7 de noviembre de 2018

LA BANCA SIEMPRE GANA


Encajó un gol temprano, pero se rehízo con épica y con estilo, y consiguió al final del encuentro un marcador favorable: 15-13.
La Banca es imbatible. No hay color.
Algunos ponen el grito en el cielo y aseguran que, con esta rectificación de una sentencia propia, nuestro Tribunal Supremo ha rodado hasta el fondo del precipicio.
Yo entiendo las cosas de otra manera. Si precipicio había, el Supremo ─la fracción mayoritaria del Supremo─ ya estaba en el fondo de él desde mucho antes. No ha cambiado, antes bien ha ratificado, la doctrina jurisprudencial tradicional, a partir del viejo axioma de que “La Banca siempre lleva la razón”. Hacía ya más de veinte años que el cliente pagaba el impuesto de su hipoteca, y lo seguirá pagando igual que antes. El empeño del alto tribunal se ha dirigido tan solo a corregir con severidad una pequeña perturbación debida a los pujos igualitaristas de una minoría de magistrados.
No nos rasguemos las vestiduras, sobre todo quienes carecemos de recursos para costearnos un traje nuevo. Celebremos más bien que haya habido “tanta” minoría en este caso, y honremos como se merecen a los trece disidentes. Ellos nos representan y nos salvaguardan. No han podido imponer su criterio esta vez, y lo lamentamos con ellos y junto a ellos; pero sí han demostrado la existencia de una alternativa razonable, compasiva, humana, que no había sido introducida (¿por error?) en los inputs que alimentan los algoritmos del big data de los instrumentos financieros.
La Historia no se acaba hoy.
 

martes, 6 de noviembre de 2018

COSPEDAL, MÁS ALLÁ DEL CUMPLIMIENTO DEL DEBER


Dolores Cospedal ha causado baja en combate, víctima de fuego amigo. La baja es relativa, puesto que, si bien renuncia a su cargo en el partido, mantiene en cambio su escaño en el Congreso; pero todo indica que, en próximos comicios más o menos inminentes, su nombre caerá de las listas y se consumará la ruina definitiva de su carrera política.
Son gajes del oficio, dirán algunos. Otros, que quien a hierro mata a hierro muere. La aportación de Cospedal al patrimonio de la historia política del país no ha sido muy relevante, contado y resumido todo a beneficio de inventario. Quedarán tal vez en el recuerdo el mote de Dama de Hierro, robado a Margaret Thatcher; el lapsus del finiquito en diferido para explicar la situación del ex tesorero Bárcenas, y el canto del Novio de la muerte, entonado en Málaga al paso de una compañía legionaria y coreado por varios ministros del PP igualmente olvidables.
Es gracioso, con todo, que después de que la ha pillado, la ha pillado, el carrito del helado, se defienda con el doble argumento de que ella siempre dijo la verdad, y por tanto no desmintió sus contactos con el policía Villarejo para espiar tanto a rivales como a vecinos; y de que al obrar así estaba cumpliendo con su deber, en tanto que secretaria general de su formación.
Solo le faltó añadir que todo vale en el amor como en la guerra. Porque nuestra ex ministra de Defensa tiene del todo interiorizado el concepto de que la política es guerra sin cuartel. O, invirtiendo el famoso axioma de Clausewitz, de que la política es la continuación de la guerra por otros medios.
Según Cospedal, su deber de dirigente política responsable era estar informada, y para eso intentaba acumular toda la información disponible. Lo cierto es que fue mucho más allá del cumplimiento estricto de ese deber. La información que buscaba eran grabaciones comprometedoras para otras personas (Javier Arenas, Alfredo Pérez Rubalcaba a través de su hermano), con el fin de someterlas a un chantaje sibilino que sirviera de paraguas protector a su partido, tal vez, y muy en particular a ella misma, una de las receptoras más destacadas y reiteradas de sobres en B.
La misma que pagaba por grabaciones de otros obtenidas ilícitamente, fue grabada ilícitamente a su vez. Hay una justicia poética en el caso, y un ejemplo nítido del peligro que comporta tener tratos clandestinos con agentes dobles, triples o cuádruples que tienen sus negociados ubicados permanentemente en las cloacas del Estado.
Como no es posible poner coto racional a una situación que muchos han convertido en una fuente de negocios pingües, quizá valga la pena tramitar ante la Unesco la petición de que nuestras cloacas estatales sean declaradas patrimonio de la humanidad y visitadas con guías adecuados por el turismo de masas internacional.
 

lunes, 5 de noviembre de 2018

EL CANSANCIO DE BAUDELAIRE AL DESPERTAR


El 30 de junio de 1845 Charles Baudelaire envió una carta a su amante, Jeanne Duval, en la que le comunicaba su intención de suicidarse: «Me mato porque no puedo vivir más, pues el cansancio al dormirme y el cansancio al despertarme me son insoportables.»
Estaban por medio una vida desordenada; el despilfarro de la fortuna paterna, que obligó al consejo de familia a imponerle un tutor para administrar sus bienes; la absenta, y una sífilis temprana que habría de torturarle el resto de su vida.
Tenía veinticuatro años. Era un genio. Se apuñaló, pero poco, o mal, o en vano. Sobrevivió sin problemas (o con problemas no mayores de los habituales) y publicó su colección más célebre de poemas, Las flores del mal, doce años más tarde, en 1857. La crítica, la santa madre iglesia y los estamentos de la sociedad bien pensante se le tiraron a degüello. Lo convirtieron en un paria. La censura mutiló algunos de los poemas más audaces y novedosos del libro, por su erotismo morboso. El Vaticano lo puso en el Índice de libros prohibidos. Fue, perdonen ustedes lo chusco de la comparación, como si se hubiera limpiado los mocos con una bandera. Así eran las cosas entonces. No pasaría mucho tiempo, sin embargo, y otro artista llevó a una exposición pública un orinal con su mierda. Se supone que pretendía decir que arte es todo lo que produce un artista; que un artista crea arte incluso en sus gestos más humildes y privados, como el rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba, sin excepción.
Pero Baudelaire ya no vio con sus ojos esa asombrosa mutación, que le habría entronizado a él mismo como un gurú, un fenómeno de feria colocado en un estrado inalcanzable para el común de los mortales como usted y como yo. Moriría en 1867, a la edad de cuarenta y seis años, afásico, hemipléjico y con episodios de parálisis total; pero lúcido.
Su carta de suicida ha sido adquirida por 234.000 euros, el triple de su precio de salida, en una subasta en Fontainebleau. Quiere decirse que la inmortalidad consecuente al valor dinerario de cualquier simple emanación de su persona, en este caso la firma, le ha llegado muy a destiempo, 151 años después de haber emprendido, con prisas poéticas, su último viaje.
Estos son sus anhelos, traducidos a alejandrinos límpidos:
Ô Mort, vieux capitaine, il est temps! Levons l’ancre!
Ce pays nous ennuie, ô Mort! Appareillons!
(¡Oh Muerte, viejo capitán, ya es hora! ¡Levemos anclas!
¡Este país nos aburre, oh Muerte! ¡Aparejemos!)
 

domingo, 4 de noviembre de 2018

LA AMABILIDAD DE LAS MUJERES


Por amabilidad, me refiero a sus capacidades y sus méritos tanto para amar como para ser amadas. Es algo fundamental en el mundo, básico desde el principio mismo de los tiempos de vida en sociedad. Dicen los teólogos de la posmodernidad (lo dijo también Margaret Thatcher, una excepción clamorosa a la regla arriba enunciada de la amabilidad) que la sociedad no existe, solo individuos egoístas en pugna unos con otros. Se diría que están pensando en Weinstein y en tantos depredadores del sexo, unos con sotana y otros sin ella: esos “hombres que no aman a las mujeres” según título de la novela de Stieg Larsson, y las utilizan como objeto de usar y tirar o como fetiche de un poder vicario. Contra ellos se despliega la poderosa y justificada indignación del #metoo, el rechazo rotundo de las mujeres a que su amabilidad consustancial sea utilizada en contra de ellas.
La vida, la sociedad, la historia son otra cosa: una crónica demorada de la amabilidad que sostiene a los “pobres amantes” si queremos decirlo con Vasco Pratolini. La construcción paciente, más allá de los numerosos fallos y los resbalones repentinos, de una fortaleza común a los géneros diferentes. Y hablo de fortaleza (los sentidos de las palabras pueden traicionarnos a veces) en el sentido de fuerza, no en el de un lugar amurallado contra las intrusiones de fuera. Una fortaleza en campo abierto.
Me vienen a la cabeza estas ideas al leer lo último (lo póstumo) publicado de Leonard Cohen. Una larga reseña en Babelia (1) nos trae ecos supervivientes de un gran poeta y cantautor ─por este orden─ que se enamoró de muchas mujeres, y les hizo daño, y sufrió el daño que ellas le hicieron a su vez. La vida misma, sin supremacismos estúpidos de género.
He dedicado antes algunos posts a Cohen (2). Me veo ahora identificado con él, una vez más, en su estremecimiento íntimo ante la amabilidad inmensa y desinteresada de una mujer: «Una joven me llevó de vuelta al hotel, / la flor y nata de la raza. / No hablamos / y ni siquiera se planteó la cuestión / de que ella entrara en el vestíbulo, o subiera a mi habitación. / Hace poco / recordé aquel paseo de antaño, / y desde entonces, / necesito sentirme ingrávido / Pero nunca lo consigo.»
Y me admira, una vez más, su humildad, el reconocimiento del talento propio como azar y como esfuerzo casi siempre baldío. La composición lleva por título «Mi carrera».  «Tan poco que decir / Tan urgente / Decirlo.»
"Poco que decir", pero no se puede decir más con menos palabras. 



 

sábado, 3 de noviembre de 2018

UNILATERALISMOS


La Fiscalía no ha reconsiderado la calificación de rebelión aplicada a los sucesos de octubre del año pasado en Cataluña. La Abogacía del Estado sí, y ha echado mano del delito de sedición, cosa que supondría una rebaja sensible pero no decisiva de las penas solicitadas para los protagonistas del célebre “choque de trenes”.
El president Torra está que trina: desde el poder judicial no se ha tenido con Cataluña el gesto que se pedía. En reciprocidad, ha anunciado que Cataluña no tendrá con el gobierno Sánchez el gesto de votar a favor de los presupuestos.
¿No lo han entendido? Lo explico un poco más.
Torpedear los presupuestos de Sánchez es ahora mismo el desiderátum de la derechona. Al hablar de derechona me refiero al arco de partidos y plataformas (PP, C’s, Vox, Faes, etc.) que cubre el nutrido espacio existente entre la derecha pura y dura y la ultraderecha. Fue la derechona, no el gobierno Sánchez, quien colocó en la trena provisional, sin remisión, a los/las valedores/as del procés que no salieron por piernas a refugiarse en diversos escondrijos europeos de difícil devolución. Pedro Sánchez está cargando desde hace semanas con el sambenito de haberse aliado con la rebelión y el rojerío para sacar adelante unos presupuestos aterradores, que cargan de impuestos a los ricos, favorecen al pobreterío y desahucian de su tumba al invicto Caudillo.
Vale.
Desde la Generalitat de plaza Sant Jaume así como desde Waterloo se reclamó al gobierno un “gesto” hacia los políticos presos.
El gesto reclamado era el de amansar a los fiscales para lograr una absolución cum laude, u otro resultado lo más parecido posible.
No hay mecanismos en el Estado de derecho para que el Ejecutivo presione al Judicial; lo que se pedía, así pues, era un enjuague más o menos similar al de la pareja Cospedal-López del Hierro con el comisario Villarejo, para labores de fontanería que se pedían “baratitas, que estamos tiesos”.
El gesto del gobierno había de ser enteramente unilateral y gratis et amore, dado que por parte de la primera parte contratante se sigue ininterrumpidamente en la labor de implementar de forma unilateral la República, para la que ya se ha creado un Consell ad hoc que, como todo lo demás implementado hasta el momento, no sirve para nada.
El gobierno en precario de Sánchez no ha dado el paso en falso que se le reclamaba y que, por lo demás, le habría valido sin falta una comparecencia tormentosa en el Parlamento y en el mejor de los casos una cuestión de confianza muy problemática.
Como Sánchez tampoco posee la lira de Orfeo, que según tradición antigua tenía la virtud de amansar a las fieras (ergo, también, posiblemente, a los fiscales), el gesto solicitado desde Cataluña era abiertamente imposible.
El gobierno, dados los mecanismos de contrapeso existentes para preservar la independencia de los poderes democráticos, solo podrá empezar a actuar a partir de que exista una sentencia firme. Ese sería el tiempo propicio para un posible indulto, una amnistía parcial o una amnistía general. Nadie puede esperar la absolución en el juicio para quienes han transgredido de forma tan clara y contundente la ley suprema de la nación, las leyes generales y las estatutarias. Eso sería minar las bases del Estado de derecho.
Quienes hicieron semejante barrabasada habían sido alertados de las consecuencias tanto por los letrados del Parlament, a quienes decidieron hacer caso omiso, como por miembros significados de la oposición, a los que ningunearon. Hicieron valer contra todos ellos el carácter sacrosanto de un “mandato” de las urnas que no sumaba ni la mayoría del censo ni las garantías necesarias para cualquier proceso electoral. No hubo imparcialidad de las instituciones, ni campaña explicativa, ni control plural de las votaciones, ni transparencia de ninguna clase (ni siquiera las urnas eran transparentes). Se sacralizó una urna vacía y opaca como el súmmum de la democracia.
Si desde una buena voluntad patente deseamos todos minimizar los daños causados y encarrilar de nuevo un juego democrático normalizado, además de aplicar de un lado las reformas legales pertinentes, y de otro los bálsamos que sean oportunos, todos debemos colaborar en la tarea.
Colaborar significaría apoyar, en la medida de lo posible y salvando la cara ante unas bases exaltadas hasta extremos peligrosos, al gobierno Sánchez, procurando su estabilidad y continuidad en este trance apurado. ´
No hacerlo así, y optar por el “cuanto peor mejor” votando en contra de unos presupuestos que prevén mejoras económicas y sociales sustanciales para Cataluña, parece poco sensato, para decirlo con la mayor suavidad posible. Un fracaso de Sánchez en el desarrollo ordenado de su programa para llegar en buenas condiciones a los comicios municipales y europeos, puede suponer una convocatoria anticipada de las generales, y tras ellas el regreso al galope tendido de los tres jinetes del Apocalipsis (PP, C’s, Vox), en el más puro estilo de “el imperio contraataca”.
Si así ocurre, Sánchez habrá tenido el deseado escarmiento por su negativa a presionar ilegalmente al poder judicial; pero los Jordis, Oriol Junqueras, Carme Forcadell y compañía perderán toda esperanza de salir en libertad antes de la intemerata, por no ir más lejos aún.
Tampoco lo entienden ahora, ¿verdad? Me ocurre lo mismo.
  

viernes, 2 de noviembre de 2018

DESPRECIAR LO QUE SE IGNORA, IGNORAR LO QUE SE DESPRECIA



Javier Aristu y Paco Rodríguez en actitud de evaluar cuidadosamente las superestructuras. Sevilla, finales de octubre de 2018. (Foto Carmen Martorell)


Esa característica tan española: alardear de ignorancia y argumentar únicamente con universales. “No vale la pena reformar la Constitución si no es para algo importante" (Cataluña, obviamente, no lo es). Así se expresan algunos.
Javier Aristu ha escrito un gran artículo sobre el tema (1). La ocasión se la ha dado un mano a mano penoso entre dos políticos andaluces, Rodríguez de la Borbolla y Zoido, en torno a la Constitución… y a Cataluña. Pero en el texto de Aristu hay muchas más cosas, y una finura de análisis poco común. Alude, por ejemplo, al carácter mestizo de la realidad catalana de hoy, porque un “elemento fundante” de la nueva Cataluña fue la gran oleada humana de inmigrantes de otras regiones, y en especial de Andalucía, en unos momentos en que las necesidades del despegue industrial demandaban una aportación masiva de mano de obra de fuera.
En tiempos nos sentimos orgullosos de ese mestizaje, alardeamos de tener una sociedad inclusiva, de puertas abiertas. “Catalán es todo aquel que vive y trabaja en Cataluña”, ¿recuerdan?
El posicionamiento actual de las fuerzas soberanistas es una enmienda a la totalidad de aquella tesis. Ven a Cataluña como un ideal prístino y tan elevado que solo es posible aproximarse a él mediante un proceso controlado de depuración de elementos extraños de todo tipo. Se está dispuesto a tolerar (poco y mal) al diferente, siempre que se comprometa a un esfuerzo de “integración”. Subrayo el término en lo que tiene de exigencia: se tolera a la persona, pero se veta la cultura que define a esa persona en muchos aspectos cardinales. No basta entonces la mera inclusión; la sociedad resultante de la introducción de nuevos inputs humanos ha de ser “homogénea” y exenta, por tanto, de contradicciones molestas.
La homogeneización cultural, sin embargo, en las sociedades actuales tiene un carácter global, no nacional; masivo, no de elite; simplificador, no complejo.
En muchos parámetros, las culturas populares en Cataluña y en Andalucía son idénticas: los mismos valores, las mismas aspiraciones que trascienden el ámbito localista y adoptan una escala más amplia, que no siempre se traduce en una mayor amplitud de miras.
Así, unos y otros nos sentimos europeos, en buena medida, porque Europa patrocina (todavía; quizá no por mucho tiempo) diversidad, tolerancia, convivencia y, también, un plus de protección contra las arbitrariedades de dentro y contra las intrusiones de fuera. “Ser” europeos, más europeos que nadie, incluso, es una aspiración común. En cambio, nos es difícil vernos a los catalanes como andaluces, y a los andaluces como catalanes. Y respecto de esa entidad abstracta a la que algunos llaman España, nuestros sentimientos son francamente ambivalentes. Con más fuerza en Cataluña, donde ser “españolista” es visto en algunas instancias como un pecado sin redención posible; con las debidas precauciones en Andalucía, porque, ojito, aquí hay que matizar qué es “lo nuestro” y qué no lo es.
Zoido y Borbolla discursean desde el desprecio (Cataluña no supone un problema constitucional importante) provocado por la ignorancia sumaria de la realidad. Satisfechos de sí mismos, confiados en la funcionalidad de un eje Madrid-Sevilla como resumen adecuado de la diversidad del país, convencidos de que “en España se vive bien” gracias a sus desvelos, concluyen que no hay nada que reformar ni que retocar de las instituciones tal como son y como están funcionando.
Una actitud tan prepotente como miserable. No lo digo yo, lo dijo Antonio Machado. Y no es de ahora el problema, Machado lo dijo en 1912:
«Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.»
No caigamos en el error de elevar los versos machadianos a categoría universal. Pero contemplemos a nuestro sabor a los dos próceres arrepapados en la ficción del autocontentamiento y en el menosprecio de los síntomas ─muy evidentes, muy graves─ de malestar generalizado.
 


 

jueves, 1 de noviembre de 2018

MÁS ALLÁ DEL DIÁLOGO



Transcribo sin comentarios el inicio del mensaje que nos han enviado los organizadores de los Diálogos Cataluña-Andalucía, y las respuestas que ha generado de parte de algunos de los participantes.  

Javier Tébar y Javier Aristu

Estimados amigos y estimadas amigas: A través de esta breve nota queremos agradeceros vuestra participación en los Diálogos Andalucía Cataluña celebrados el pasado fin de semana en Sevilla. Entre todos hemos logrado abrir un camino de reconocimiento y encuentro entre ambas sociedades. Sin duda ha sido una iniciativa modesta pero precisamente por eso y porque la hemos logrado sacar adelante desde ámbitos estrictamente civiles y no institucionales tiene más mérito. Confiamos en que podamos desarrollar un próximo Diálogo en Cataluña para proseguir nuestro mutuo descubrimiento. (…) Confiando en vernos pronto en Barcelona y agradeciéndoos de nuevo vuestra generosa aportación, con un fuerte abrazo

 

Angelina Puig i Valls. Muchas gracias a todas y a todos por la agradable y fructífera compañia. Un abrazo sororal.

Joan Maria Thomàs. Lo mismo! Una gran iniciativa.

Bartolomé “Pipo” Clavero. Un fuerte abrazo colectivo y adelante.

Joan Corominas. Bona trovada, plena de coneixement i seny. En contra de lo que nos muestra nuestra realidad cotidiana, hemos vivido las ilusionantes posibilidades de respetarnos y construir desde la diversidad. Hasta pronto.

Blanca Rodríguez Ruiz. Muchas gracias a vosotros, Javier y Javier, por vuestra visión, vuestro esfuerzo y vuestro compromiso. Estoy convencida de que el proyecto va a tener mucho recorrido. Seguiremos difundiendo. Abrazos y hasta la próxima.

J.J. Moreso. Queridos ‘Javieres’ y queridos todos. Fue un placer compartir los dos días en Sevilla y participar de las interesantes discusiones. El diálogo está abierto, contad conmigo para la continuación. Un fuerte abrazo.

Marcial Sánchez Mosquera. Placer de compartir con vosotros algunas reflexiones y aprender. Un abrazo y continuamos al habla.

Joan Fuster Sobrepere. Queridos amigos, gracias por la iniciativa. Ahora hay que perseverar. Saludos.

Ana Carmona. Muchas gracias a los Javieres y, por supuesto, a los participantes. Ha sido una experiencia muy interesante. Saludos.

Lluís Rabell. Gracias por la iniciativa y la organización del encuentro. Gracias a todas y todos cuantos habéis hecho posible dar esos primeros “pasos en la niebla” y sembrar esas “semillas en la nieve”, según las inspiradas palabras que nos despidieron. Nos vemos pronto para seguir haciendo camino. Un abrazo.

Antonio J. Sánchez. Un fuerte abrazo a los javieres y a todos los que habéis participado… “adelante con los faroles”.

José Luis Atienza. Queridos Javieres y chicas y chicos dialogantes. Ha sido una experiencia de diálogo, de reflexión y, debo confesarlo, de emoción. Algunos hemos pasado demasiado tiempo encerrados con un solo juguete, con el aire contaminado de palabras que son cortinas de niebla de nada secretas intenciones, y los Diálogos han sido una bocanada de fraternidad y también de dolorosa sinceridad que sabían a aire puro.  Ha sido un fin de semana de roces de pensamiento que nos ha servido para volver a descubrir lo que ya sabíamos pero a veces olvidamos, que el roce hace el cariño. Nos vemos en Barcelona o en cualquier otro sitio. Un abrazo a todas, un abrazo a todos.

Anna Pérez Quintana. Las palabras escuchadas han sido música para mis oídos, después de tanto tiempo sintiendo la orfandad de padre y madre. Moltes gràcies a totes i a tots per aquesta compañía y aquest bri d’esperança.

A. Galera Victoria. Queridos/as amigos/as, muchas gracias por vuestras palabras. Ha sido un auténtico placer compartir estos días de diálogos sinceros, abiertos. Queridos Javieres, muchas gracias por habernos ofrecido esta tan positiva experiencia. Sin duda, muy meritorio. Hasta pronto.

Paola Lo Cascio. Querid@s Tod@s, experiencia muy enriquecedora. Para cargar pilas y funcionar como imanes para atraer tod@s las que faltan. Abrazos.

Joan Carles Gallego. Muchas gracias a todos y todas, y a los javieres inspiradores, por el oportuno y útil encuentro, bien organizado y bien aprovechado. Ahora a seguir perseverando y dialogando, que buena falta hace. Hasta la próxima. Un abrazo.

Jaume Lanaspa Gatnau. Queridos Javieres: Gracias a vosotros, y a todos los participantes, ha reverdecido la esperanza (¡qué buenos “vasallos” si hubiera buenos “señores”!). Un fraternal abrazo.

María Comín. Queridos Javieres, y queridas y queridos tod@s, Qué buena idea tuvistéis los Javieres al pensar este encuentro! Ha sido muy enriquecedor y emocionante conocernos y reconocernos. Percibir que desde espacios diferentes hablamos un lenguaje similar. Las interesantes propuestas y reflexiones surgidas creo que pueden ser el inicio de reforzar vínculos, de tender puentes reales de Diálogo y entendimiento. Nos vemos en Barcelona o en algún otro lugar. Abrazos fuertes!

https://ssl.gstatic.com/ui/v1/icons/mail/images/cleardot.gifMartí Marin Corbera. Gracias a los dos y a tod@s l@s que colaboraron con vosotros para que todo (salvo la meteorología) funcionara a las mil maravillas. Un abrazo y hasta pronto.

Ana Sofía Cardenal. Muchísimas gracias a los Javieres por la magnífica iniciativa y a todos vosotros por el estímulo de las discusiones y el debate. Seguimos!