domingo, 15 de septiembre de 2019

EN HORAS BAJAS



Imagen ideal de Pablo Iglesias batallando por una vicepresidencia y tres ministerios con un feroz tigre socialista de Mompracem.


Los asiduos del vermú en la porxada de La Contigüidad del Cosmos, el afamado restaurante de Poldemarx, estamos de enhorabuena. Concluido el fenómeno de la gota fría, los cielos despejados y las temperaturas en ascenso nos han permitido volver a ocupar nuestras posiciones preferidas, a la sombra de los pámpanos y debajo mismo del alero con los nidos de golondrinas en los que la nueva ola de nidadas está empezando a hacer sus pinitos revoloteando con alguna torpeza.

Quizá por asociación de ideas, las conversaciones se han centrado esta mañana en la petición de Pablo Iglesias el Joven a Felipe Uve Palito, de que medie ante Sánchez para propiciar un gobierno de coalición. Pablo pasa por horas bajas, de otro modo no se explica la doble gaffe, porque, primero, el rey no “puede” hacer eso, al menos constitucionalmente (es decir sin borbonear, como agudamente apunta José Luis López Bulla). Y segundo, más importante aún, porque el Borbón no “quiere” hacerlo tampoco; sus apetencias políticas van en una dirección distinta, como está ya más que demostrado.

De modo que la bisoñez política y la manca de finezza de PI el Joven han quedado de manifiesto y le perjudican a la hora de jugar sus bazas en la inminente contienda a finish para desenredar la madeja de una investidura que sigue enmarañada desde el pasado julio. Pablo se ha dejado decir además que se abstendrá en el caso de que sus reclamaciones no sean atendidas. Él verá si les interesa, a él personalmente y a la ciudadanía en general, esa nueva y fatal abstención. Sería la tercera negación a Pedro, y cabe la posibilidad de que cante el gallo negro. (Si cantara el gallo rojo, dice la canción, otro gallo cantaría).

La escasez de sentido común y de recursos negociadores de la joven estrella en horas bajas contrasta con la madurez de visión y la plétora de recursos que mostró anoche Ansu Fati en el partido del Barça contra el Valencia. Un gol, una asistencia de mérito y una rosca diabólica que se marchó por un suspiro junto a la escuadra; sin contar unos cuantos detalles técnicos más que desataron el revuelo de la concurrencia.

Lo hemos comentado también con fruición esta mañana, cobijados bajo la porxada de La Contigüidad del Cosmos. Un entusiasta ha propuesto crear una “Asociación Poldemarxista de Amigos de Ansoumane”, que promueva su candidatura a la presidencia de la Generalitat y paralelamente su beatificación. He prometido mi modesta adhesión a la iniciativa para más adelante, cuando hayamos vuelto Carmen y yo de visitar las maravillas artísticas e históricas de la Puglia y la Basilicata, adonde volamos mañana mismo en excelente compañía.

Quedan advertidos los pacientes lectores asiduos de estas páginas.


sábado, 14 de septiembre de 2019

PASARSE DE FRENADA



La suerte de Don Tancredo. Aguafuerte de Pablo Picasso, 1957.


Por enésima vez, Cayetana Álvarez de Toledo se ha pasado de frenada en una curva peligrosa, al acusar a sus propios conmilitones de defender el foralismo y, en estricta consecuencia, ser “tibios” con el nacionalismo vasco.

Cayetana defiende con rigor de inquisidora los puntos de vista centralistas a ultranza de su patrón. Nacionalismo , como la madre, no hay más que uno, sostiene Pablo Casado; todo lo demás que se mueve por ahí es herejía, u oportunismo, o mezcla de ambas cosas.

Lo que ocurre es que Cayetana no se controla lo suficiente; es como esos tenistas que golpean la bola con rabia estimable e intención perversa, pero la envían más allá de la línea de fondo y pierden el punto.

Los peperos vascos han reaccionado mal al réspice propinado por la dama. Borja Sémper le ha respondido que “unas caminaban sobre mullidas moquetas mientras otros nos jugábamos la vida defendiendo la Constitución”.

No exagera, ETA mataba a quienes defendían la Constitución estricta, que incluye el foralismo atacado por la Voz Altanera de su Amo. Lo que defiende Cayetana no es precisamente la Constitución que tenemos, sino otra cosa.

También se ha pasado de frenada Quim Torra en un acto celebrado en Arenys de Munt, en conmemoración de los diez años de la primera consulta independentista. El Molt Honorable se ha excusado por “no haber estado a la altura” en la cuestión de la independencia. En el acto estaba presente la presidenta de la ANC Elisenda Paluzie, además de miembros del Ateneu Independentista de Arenys de Munt, y del Moviment Arenyenc per l’Autodeterminació.

No da la sensación de que se tratara de una multitud, ni de que la audiencia representara a la gran mayoría de la población arenyenca. En la consulta citada participó el 41% del censo de la población, con muy escasos controles democráticos; de modo que, si de allí surgió un mandato para los políticos, estaba lejos de tratarse de un mandato taxativo, imposible de ser ignorado.

En cualquier caso, convendremos todos en la verdad patente del tema de fondo: la gran mayoría de los catalanes, e incluso de la gente de fuera, somos de la opinión de que los políticos independentistas no han estado a la altura del objetivo que se proponían. Incluso nos parece que han estado muy por debajo. Y quien habla de la independencia ─palabras mayores─, habla también de la gestión cotidiana, de la olvidada política de las cosas.

Torra defendió la necesidad de centrarse en el objetivo de la independencia («basta de jugar con las palabras»), «sin temer las amenazas ni las consecuencias». Ahí hay otra pasada de frenada. Vale que no se teman las amenazas, pero Cataluña no funciona envasada al vacío. Cualquiera que intente hacer política para el pueblo y acepte ser responsable ante él, está obligado a tener en cuenta las consecuencias que tendrán sus actos no solo para sí mismo, sino para los demás.

Después de dos años de los sucesos de octubre, con la elite política del independentismo en prisión o en fuga, las sedes sociales y fiscales de muchas empresas principales trasladadas a puntos menos calientes de la geografía económica, y con la producción y la renta per cápita en parábola descendente, llenarse la boca con la declaración de que no hay que temer las consecuencias de una nueva intentona de asaltar los muros del estado de derecho, con menos infantería de la de hace dos años y sin munición tangible que disparar, equivale a hacer el Don Tancredo.

Para quienes no conozcan la antigua suerte del toreo de la que estoy hablando, el Don Tancredo de turno se colocaba en medio del redondel vestido de blanco y con la cara enharinada antes de que se diera suelta al morlaco. La gracia del asunto estaba en hacer la estatua y respirar apenas, para que el toro no se escamara y embistiera. Si a pesar de todo el toro embestía, el artista se llevaba, además del revolcón, los pitos y la rechifla del respetable.


viernes, 13 de septiembre de 2019

GOBERNAR PELIGROSAMENTE



Elefantes en Kenya. Imagen de CNN.


Pedro Sánchez sigue practicando el “balconing” político, y quizás extrae de la experiencia un escalofrío morboso de placer. Las encuestas le respaldan, pero las encuestas son móviles cual pluma al viento, mudan de acento y de pensier. Y la mayoría socialista en las urnas podría, a fin de cuentas, desaparecer si resulta en definitiva que el coñá del fondo de las botellas se había disfrazado de noviembre para no infundir sospechas.

Viviremos, en esa aciaga eventualidad, gobernados peligrosamente por las derechas. En Andalucía ha saltado ya la tercera alarma consecutiva por listeria, y la gente que ama las carnes mechadas accede así de forma gratuita, después del adoctrinamiento preelectoral, a la intoxicación post-voto. En Madrid Central se ha vuelto a los índices de contaminación previos a las multas, es decir a la entrañable polución de toda la vida que Carmena nos quería sustraer. Y los paseantes en Corte se sienten confortados por el regreso de una intoxicación por gases de tubo de escape gratuita y libre de impuestos.

Se desmontan los mecanismos de control y de prevención de la salud pública, a cambio de bajar los impuestos para que cada particular se patee su salud alegremente en chiringuitos en los que un personal precarizado sirve a la selecta clientela brebajes alcohólicos dudosos sin denominación de origen controlada. Viva la juerga.

Para impedir que migrantes potencialmente delincuentes accedan de rositas a nuestro paraíso, Vox propone la construcción de un muro “infranqueable” que aísle nuestros territorios africanos.

Mientras, en el mundo, cada año se desforesta una porción de territorio equivalente en extensión al Reino Unido. En Zimbabwe, una sesentena de elefantes están devastando las nuevas granjas instaladas mediante la utilización de energías limpias con el fin de cultivar en regadío científico las plantas que la aridez circundante impide germinar. Incluso los elefantes, pacientes por naturaleza, se rebelan a su manera contra el doble azote del hambre y la errancia infinita. 

Algún remedio ofrecen a su proliferación los cazadores furtivos codiciosos de su marfil, que además, para que los buitres, aves carroñeras por excelencia, no delaten sus actividades, han dado en la solución de poner veneno en los cadáveres de los paquidermos ya desposeídos del marfil y de la vida. Se calcula que han muerto envenenados en año y medio más de mil ejemplares de buitre. Es una variante diferente a la de los envenenamientos por carne mechada contaminada en curso en nuestras latitudes, pero el resultado viene a ser parecido.

Dicho sea de pasada, también se está intentando desde instancias oficiales poner remedio al problema del furtivismo. Una población sobredimensionada de elefantes irritados resulta tan inadmisible como una caza furtiva también excesiva, que no beneficia como debería a las elites reconocidas de una sociedad desigual. Así pues, en Botswana van a concederse más licencias oficiales para la caza a los elefantes, especie protegida pero solo hasta cierto punto. 

Nuestros ricos podrán así dedicarse al turismo de safari gracias a los ahorros obtenidos con los impuestos que nuestros gobiernos de derechas no les cobran.


jueves, 12 de septiembre de 2019

DIADA CON CONTORNOS


Cataluña ha dejado de ser “el” problema para España. Ayer, cuando Alberto Rivera pidió en el Congreso, una vez más, la activación del 155 como solución taumatúrgica del presente bloqueo institucional, Pedro Sánchez le llamó hipócrita. También podía haber declamado, con resonancias shakespearianas: «Hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que caben en tu filosofía.»

Las hay, en efecto. La Diada ha sido la menos multitudinaria de los últimos años, pero eso tiene poca importancia. También ha sido la menos festiva y la menos pacífica. Las exhortaciones en los distintos parlamentos a “seguir avanzando” hacia un objetivo “aún” no alcanzado, dan la medida de un cierto desespero, porque no solo no se avanza sino que el objetivo final aparece cada vez más lejano.

Quim Torra ha regresado espiritualmente a 1714. Ha dicho que “no hemos sido derrotados”. Cierto. También después de perder 9-1 contra el Barça femenino (¡cómo me gusta el fútbol femenino!), las jugadoras del CD Tacón-Real Madrid dijeron que “este equipo no se rinde nunca”. ¡Y era su primer partido!

Todo lo cual, como he advertido antes, tiene poca importancia. Son esfumaturas, chucherías del espíritu con las que emperifollar las corrientes subterráneas que, ellas sí, ejercen un papel determinante.

Entonces, resulta cada vez más claro que el encaje de Cataluña en España no es a fin de cuentas un problema tan serio. Si eso fuera todo, habría varias maneras de resolverlo. El 155 de Rivera sería la más torpe, sucia y engorrosa de todas ellas, pero sería a fin de cuentas “una” solución al publicitado como “gran” problema de España.

Nadie, salvo quizá el propio Rivera, cree que por esa vía se solucione nada. El “pantano catalán” es ahora la ciénaga española. Por ese espesor embarrado transitamos todos. Nadie se hace ya ilusiones de estar a salvo de una regresión sensible en lo referente a la democracia representativa y a la credibilidad de las instituciones del país. Los salvapatrias siguen ofreciendo como soluciones la recentralización y el retorno al bipartidismo, pero tienen menos eco incluso que Rivera. No es viable ese género de amor en los tiempos del Brexit.

He mencionado antes las corrientes subterráneas que ejercen un papel determinante, en razón precisamente de su subterraneidad. (Es difícil, dada su especial condición, enfrentarse a ellas marchando con resolución contra corriente.)

Oigan esto, ha sido publicado en la prensa: los empresarios afirman preferir una repetición de las elecciones a un gobierno del PSOE.

Entonces, dejen de pensar en la estabilidad, el consenso, la unidad de propósito más allá de las siglas, y otras zarandajas; y saquen ustedes mismos las conclusiones pertinentes.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

JETTATURA



Amuleto griego contra el mal de ojo.

No es que Pedro Sánchez no quiera gobernar. Quiere hacerlo desde el centro. Quiere hacerlo solo.

Tiene en mente un modelo para armar, pero las piezas no le encajan. Unidas Podemos no puede estar en el gobierno, porque asusta. Los trabajadores saldrán beneficiados siempre que los patronos no se vean perjudicados. No es deseable adoptar decisiones traumáticas, de modo que es posible que la reforma laboral no se derogue a fin de cuentas, y que los restos mortales de Franco y Queipo de Llano permanezcan en donde están, provisionalmente y a la espera de que en un futuro sin concretar la autoridad competente disponga otra cosa.

Se irá a nuevas elecciones en noviembre, con un programa de 370 medidas progresistas de gobierno. Hay un problema en los números, lo que deseamos desde el electorado no son “370” medidas, sino “1” gobierno progresista.

Y no deseamos nuevas elecciones en noviembre. Así de raros somos nosotros, el electorado.

Alguien nos ha echado la jettatura, el mal de ojo. No se da con la tecla. Cuando pitos flautas, cuando flautas pitos. Las derechas aguardan esperanzadas, Alberto Rivera habla ya de una segunda oportunidad. Pablo Casado convoca a sumar en la casa común. Para ellos se abre una ventana; para una mayoría numéricamente nutrida pero muy movediza e inestable, podría cerrarse de forma estruendosa.

PSOE y PP añoran el bipartidismo convencional, la época de las mayorías sólidas y los gobiernos estables, la domesticidad del electorado y la retórica del cambio que no impide que todo siga más o menos igual: la dirección económica desde la gran banca, el imperio del PIB como artículo de fe, la austeridad para unos y el despilfarro para otros como discurso del método, el poder judicial alineado según cuotas, el “liberalismo” profundo y la fragmentación en el interior de las empresas, la concertación privadopública en la sanidad y en la enseñanza, la precariedad como signo del mercado de trabajo y la subida ritual de sueldos a los ediles al constituirse cada nuevo consistorio así de derechas como de izquierdas.

Los votantes deseábamos otra cosa, los números lo dicen de forma explícita. Será un fracaso desembocar en nuevos comicios sin haberlo siquiera intentado. El adormecimiento social no es una solución, y además, es inviable en un escenario de sufrimiento agudo de las capas más débiles de la población.

Tampoco serviría de nada la resignación cristiana; es decir, la aceptación mansa de la jettatura que nos están echando desde sus lobbys determinados brujos a partir de la premisa de que no hay más que una política posible en España, de que no hay alternativa. TINA, There Is No Alternative.


martes, 10 de septiembre de 2019

LA IDENTIDAD COMO COARTADA



Najat el Hachmi con Carmen Martorell, en el entorno de la Cartuja de Sevilla.


Milagros Pérez Oliva, una de las voces más vivas del periodismo en nuestra casa, ha entrevistado en elpais.cat a Najat el Hachmi (1) con motivo de la publicación en Destino de un ensayo breve (luego, dos veces bueno) que lleva por título Sempre han parlat per nosaltres, siempre han hablado por nosotras.

Najat denuncia el llamado “feminismo islámico” como una trampa que conduce al aislamiento y la guetización de un colectivo, el de las mujeres de religión musulmana, en una sociedad teóricamente abierta en la que deberían esgrimir armas muy distintas para alcanzar la igualdad en todos los aspectos socialmente importantes.

Ocurre lo mismo con otros particularismos. El género, la religión, la inclinación sexual, están ocupando el espacio que ha dejado desierta la clase social debido a la devaluación del trabajo como factor de identidad de la persona, y a la creación del mito del final de la historia vía la pertenencia de todos a una inmensa “clase media” atrapalotodo. “Puesto que ya somos todos/as iguales, y la lucha de clases no tiene sentido”, vendría a decir el nuevo credo neopostliberal, “lo novedoso y lo progresista es reivindicar la diferencia”, insistiendo en la visibilidad de colectivos que reclaman privilegios particulares dentro de una política de uniformización forzosa.

Por ejemplo, el hiyab, que ahora se reclama como una seña de identidad para las feministas islamistas; algo tan simbólicamente movilizador como un lazo amarillo en la solapa en Cataluña o un hábito de nazareno en una procesión de viernes santo en Málaga o en Sevilla.

Es decir, aguachirle, sinsustancia, reivindicación de una libertad inefectiva en el terreno de lo particular, o dicho de otro modo, del “porque me da la gana” glosado por Fernando Savater, cuando la política es, muy al contrario, el terreno de lo colectivo y nunca de lo particular; de los derechos para todos correlativos con unos deberes ineludibles también para todos.

Así lo ha denunciado Mark Lilla, catedrático de la Universidad de Columbia, en un libro necesario, El regreso liberal (Debate, Barcelona 2018, traducción de Daniel Gascón). (2)

Esto es lo que cuenta Najat el Hachmi a Milagros Pérez Oliva:

«Nosotras vivimos la discriminación en la propia piel, pero el contexto en el que hemos crecido nos permitía ver como posible un destino diferente del de nuestras madres. Ahora no solo se ponen voluntariamente el pañuelo, el signo externo de toda esta involución, sino que además asumen un discurso que acaba justificando y legitimando la discriminación de las mujeres. El pañuelo es la punta del iceberg de una estrategia para imponer la idea de que todo lo que pertenece al ámbito religioso no se puede cuestionar.»

Najat se refiere al ámbito religioso musulmán. Nadie piense, sin embargo, que se trata de algo privativo de una sola religión, de una muy localizada y circunscrita concepción de lo sagrado. Los “sentimientos incuestionables” son el caldo de cultivo en el que se cuece y germina toda la antipolítica.


(2) Sobre la tesis de Lilla, y otras aventuras políticas de nuestro siglo, ver Paco Rodríguez de Lecea, Identidades y proyectos en las izquierdas del siglo XXI, en http://pasosalaizquierda.com/?p=4233


lunes, 9 de septiembre de 2019

APOCALÍPTICOS E INTEGRADORES



Interpretación artística libre de la batalla apocalíptica de Armagedón.


En el tema de la cultura de masas, según un libro temprano de Umberto Eco, se daban las posiciones contrapuestas de los apocalípticos y los integrados. En política ocurre igual, con un pequeño matiz: en lugar de “integrados” es más clarificador hablar de integradores. Antes los integradores éramos muchos más; ahora, lo cierto es que la balanza se va inclinando hacia el lado de los apocalípticos.

Los apocalípticos están dirigiéndose siempre a la llanura de Armagedón para la batalla final contra las fuerzas del mal. “Antes muerto”, es su contraseña. Antes muerto que esto o lo otro. O bien, “antes mato”. La alternativa oscila siempre entre morir y matar; no hay término medio.

Los integradores no vemos las cosas así. Si tenemos un problema, nos esforzamos en convivir con él. Si una solución no funciona, procuramos encontrar otra. Eso saca de quicio a los apocalípticos y a los apocaliptoides. «¡No os mojáis!», gritan indignados.

Y no es así. Nos estamos mojando continuamente, por mil cosas, por diez mil. Pero no vemos en ellas la “línea roja”, el “non plus ultra”, la divisoria de aguas definitiva. Existe la posibilidad, casi la certeza, de que quien no está con nosotros no esté tampoco contra nosotros. En consecuencia, no nos precipitamos a contemplar los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa en clave de tragedia.

El apocalipticismo ha invadido hoy media Cataluña, un lugar que antes ─lo dijo Jordi Pujol─ era un oasis de la política. Enric Llorens da un ejemplo insuperable del caso, en una entrevista de Peru Erroteta en El Triangle. Cuenta Llorens que cenaban una noche juntos amigos de siempre, años antes de los sucesos de 2017. Comentaba cada cual cómo se sentía afectado por el tema del procés, que por entonces aún tenía visos de novedad. Una de las comensales les apostrofó: «¿Pero no os habéis dado cuenta de que estamos en guerra?»

Era una apocalíptica, marchaba ya directamente al Armagedón. Aquello no rompió definitivamente las amistades, dice Llorens (que responde, por supuesto, al perfil del “integrador”), pero las espació muchísimo en el tiempo, e impuso en el trato social tabúes antes desconocidos.

El paradigma de la posición integradora nos lo da, de la misma forma sucinta, Snoopy, el perro de la tira cómica “Peanuts” de Charles Schulz. En una viñeta, Charlie Brown le informa con talante claramente apocalíptico:

─Todos estamos destinados a morir. Tú también te morirás un día.

Snoopy lo piensa.

─Bueno, un día sí ─contesta por fin─. Pero todos los demás días, no.


domingo, 8 de septiembre de 2019

TRAVESÍA DE RETORNO



Carles Puigdemont y Marta Rovira. Captura de un vídeo difundido por la ANC. (Tomado de El País.)

Veo en la prensa diaria una imagen pretendidamente idílica de Carles Puigdemont junto a Marta Rovira. El entorno es verde: árboles, un prado. Marta se ha redondeado, resulta más mamá (se exilió en Suiza porque la familia era su primera prioridad, antes que la secretaría general de ERC que, sin embargo, sigue ostentando); Puchi sigue igual, cada vez más parecido a la caricatura de sí mismo. Los dos lucen lazo amarillo. Él señala algo, o puntúa con el dedo extendido algo que está diciendo; ella junta las manos. Los dos sonríen, pero con sonrisas desangeladas o desdibujadas por una tensión que se adivina, más que verse.

Los dos llaman a la unidad del independentismo catalán, ante la próxima Diada. Difícil. El viaje a Ítaca empezó como una jira festiva, pero cada vez se representa como un periplo más largo, más arduo, más aleatorio. Dicen en Junts per Cat que faltó valentía para culminar la independencia en las jornadas decisivas de otoño del 17; en Esquerra no lo ven así, y señalan que faltó apoyo social. Sin embargo, en aquellas fechas Puchi estaba casi decidido a convocar elecciones en lugar de hacer una declaración unilateral (faltaba apoyo social, según su criterio), y Marta le esperaba en la plaza de Sant Jaume con un cartel en el que se leía en grandes letras mayúsculas TRAÏDOR, así con diéresis (faltaba valentía, en su opinión).

Diferían los análisis pero no las conductas: los dos dejaron el país de tapadillo, y desde un exilio dorado y financiado desde el interior los dos reclaman más valentía y más apoyo social para un viaje que, dirigido teóricamente a Ítaca, ha venido a encallar sin épica en Ninguna Parte.

Las sentencias a los políticos catalanes van a marcar un nuevo “antes y después” en los meandros de este espinoso asunto. Muchos desearíamos sentencias livianas, pero desearíamos sobre todo que sirvieran para algo. Los síntomas no son buenos. Ho tornarem a fer, dicen los responsables de los distintos liderazgos, quizá convencidos de que de ese modo demuestran el plus añorado de valentía, que va a redundar también en un plus determinante de apoyo social.

No hay nada de eso. Y no lo habrá hasta que la pulsión independentista no emprenda el melancólico viaje de retorno desde la Ítaca idealizada hacia las costas reconocibles del reino de este mundo, con sus inevitables escollos peligrosos, sus remolinos, sus cíclopes, sus Escilas y sus Caribdis, que todo piloto avezado está obligado a tener en cuenta en bien de la seguridad de los pasajeros y de la tripulación.


sábado, 7 de septiembre de 2019

DEMOCRACIA SIN URNAS



Urna electoral transparente de metacrilato con candado.


Quim Torra y su mentor desde los cielos, Carles Puigdemont, descartan ir a elecciones por la razón de que un acto así “debilitaría las instituciones”.

Caramba, eso es nuevo.

Oriol Junqueras, en la cárcel (que sea por poco tiempo) y por esa razón in albis de los vientos que azotan las cumbres borrascosas de la antigua y baqueteada casa solariega, se ha sentido sorprendido. ¿Cómo puede ser que unas elecciones debiliten lo mismo que determinan?

Junqueras es un antiguo.

Las instituciones que resultarían socavadas, en el caso de que la ciudadanía catalana recaiga en la funesta manía de votar, serían precisamente las que encabezan los dos adláteres. Hasta ahí podíamos llegar. La gente, la buena gente, ha de entender que el derecho a decidir vale solo para engrescar el cotarro, pero no es un derecho incondicionado e ilimitado. No es válido cuando puede afectar a las cosas de comer: de comer Quim Torra y Carles Puigdemont, agraciados en su día en la rifa de una presidencia para la Generalitat, y que aspiran a eternizarse bicéfalamente en el puesto.

Lo que conviene en este momento, afirma Torra, es una huelga general. Dicho así puede parecer un delirio, pero, como oportunamente ha precisado José Luis López Bulla, se trata de algo más. No es un delirio a secas, sino un delirio húmedo: un delirium tremens.

Ya tenemos experiencia de esas huelgas. Dejan de trabajar los funcionarios en nómina de la Generalitat y los servicios dependientes de ella. La participación en la huelga no se somete al voto de los trabajadores, porque eso iría en contra de las instituciones superiores, que son las que tienen la sartén por el mango. La “huelga” circula de arriba abajo sin obstáculo, porque los botiflers que se planteen la opción del esquirolaje serán represaliados. Los piquetes de los CDR recorren las calles y ensucian las puertas de las sedes de los sindicatos. Ensuciar es lo que mejor se da a tales héroes de la desobediencia civil por un lado, y del como usted diga senyor president, por el otro lado.

El resultado es presentado ante el mundo mundial como un nuevo ejercicio heroico de democracia sin cortapisas.

Pero ahora se añade un nuevo matiz, de cierta importancia: ahora estamos hablando de una democracia sin urnas. “Poner las urnas”, como se hizo a la babalá aquel primero de octubre, ahora ya no es un síntoma de fortaleza sino de debilidad democrática.

En Catalunya.


viernes, 6 de septiembre de 2019

EL CASO BENOZZO GOZZOLI



Autorretrato de Benozzo en el fresco de los Reyes Magos, en la capilla del palacio Medici, Florencia. El autor dejó además constancia de su nombre, un hecho insólito en su época, casi equiparable al de Velázquez pintándose a sí mismo en las Meninas.

Paul Strathern dedica un capítulo de su libro sobre los Medici a tres grandes pintores del Renacimiento que durante sus años de formación residieron en el Palacio Medici. Son Botticelli, Leonardo y Miguel Ángel. No es del todo cierto; Leonardo trabajó como escultor en una obra en el patio, en su época de aprendiz en el taller de Verrocchio, pero no hay ninguna prueba de que fuera huésped de Lorenzo el Magnífico. En contrario puede aducirse que años después, cuando el pintor había ganado ya en renombre, existió una fuerte corriente de antipatía mutua entre los dos hombres.

Cosa curiosa, Strathern no hace en su libro ninguna mención a Benozzo Gozzoli, que sí estuvo alojado en el palacio y dejó en sus muros una obra maestra absoluta, que sigue recibiendo diariamente el tributo de los visitantes: el Cortejo de los Reyes Magos.

Benozzo di Lese (el sobrenombre de Gozzoli fue cosa, al parecer, del Vasari, cuando escribió su biografía) había nacido en 1420 en Sant’ Ilario a Colombano, y residía en Florencia con sus padres desde los siete años. Aprendió el oficio junto a Fra Angelico, fue su colaborador señalado en algunos de los frescos más destacados del convento de San Marcos, y acompañó a su maestro a Roma para dar cumplimiento a varios encargos del papa. A partir de 1450 trabajó ya de forma autónoma, en Narni, Montefalco, Viterbo y Orvieto. Regresó a Florencia en 1459, con un sólido prestigio como artista, para casarse con la hija de un mercader de paños acomodado.

Piero di Cosimo de Medici, el “Gotoso”, aprovechó la ocasión de tenerlo en casa para encargarle la decoración de la capilla Medici. Se trata, como saben todos los que han estado en ella, de una pieza de dimensiones modestas, oscura, con dobles paredes, diseñada por Michelozzo, el arquitecto de la familia, como fortín o último reducto en caso de un asalto armado exterior, nunca descartable en aquellos tiempos inciertos y en una familia de banqueros.

Piero quería dos cosas: una, muchos dorados que relucieran a la luz de las velas en las ceremonias religiosas, y la otra, una exaltación de la familia Medici a través del acontecimiento más relevante ocurrido en la ciudad en muchos años: el concilio para la reunión de las dos iglesias, católica y ortodoxa, celebrado en Florencia en 1439, por empeño y a invitación de Cosimo, “padre de la patria” como está grabado a cincel en su tumba de San Lorenzo.

El cortejo de los Magos que inventó para la ocasión Benozzo cumplió más que de sobras con las expectativas de su cliente. Ocupa tres muros de la capilla cuadrada (el cuarto es el del altar, sobre el que se exhibe hoy la copia de una Natividad de Filippo Lippi que, cosas del comercio, viajó hasta Berlín, donde aún se conserva). En el nutrido cortejo de los Magos aparecen de forma destacada el emperador de Oriente, el Patriarca de Constantinopla, el teólogo Juan Gemisto Pleton, y otras figuras religiosas, revestidas de sus ropajes más pomposos.

También están y son reconocibles figuras políticas afines a Florencia como Sigismondo Malatesta, señor de Rimini, y Galeazzo Maria Sforza, de Milán; y humanistas como Marsilio Ficino o Eneas Silvio Piccolomini, presente en el concilio y papa desde 1458 con el nombre de Pío II.

Pero sobre todo están también, en lugares separados del cortejo, los hijos de Piero di Giovanni de Medici: el adolescente Lorenzo, su hermano menor Julián, y las tres chicas, Nannina, Bianca y María, colocadas cerca del emperador a caballo.

Como telón de fondo se despliega un paisaje ideal, con árboles, ríos, ciudades y castillos, animales salvajes y de crianza, pájaros de todas clases, gente dedicada a sus afanes. En lo alto, coros de ángeles al modo de Fra Angélico. Si a ustedes, como a mí, les gustan las pinturas que cuentan historias y no les dice nada el colorido abstracto, disfrutarán con los frescos de Benozzo, que aún no son renacentistas sino más bien tardogóticos, pero desafían las clasificaciones de los especialistas.

Búsquenlo en un discreto segundo plano, ahí está además el pintor, un hombre de edad mediana, de nariz recta, frente amplia, ojos serios y piel curtida; un artesano consciente y orgulloso de su know-how, tocado con un bonete rojo en el que se lee en letras doradas: Opus Benotii.

¿Por qué Paul Strathern no dedica siquiera un párrafo a este inmenso lujo, y al hombre que lo creó? No me lo explico. El caso queda abierto.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

LA LEY DEL TENTETIESO



Monsieur Culbuto, figura del teatro cómico francés convertida en tentetieso para disfrute de la chiquillería en las fiestas populares.


Las bases del Movimiento 5 Estrellas han dado su visto bueno por amplia mayoría a una coalición con el Partido Democrático, alejando del gobierno de Italia a Mateo Salvini, el energúmeno que pretendía devorarlo todo.

La derrota política de Salvini no es definitiva, de acuerdo. Podría volver en tromba; Berlusconi lo ha hecho antes. Pero Berlusconi sabía, y Salvini acaba de aprenderlo, que en política los índices de popularidad no significan que es posible hacer con las instituciones cualquier cosa que uno se proponga.

La gente no abdica nunca de sus derechos políticos. Cosa distinta es el modo como los ejerce habitualmente. La gente (disculpen la generalización; hablamos de los grandes números, y eso siempre conlleva inexactitudes) es por lo general floja en sus convicciones y lenta en sus reacciones. Todos los políticos parecen iguales y se tiende a votar al más vistoso del muestrario; hasta que dejan de parecer iguales y muchos se rebelan contra el mismo al que votaron, por las razones mismas por las que lo votaron.

Una versión calcada de la misma historia acaba de suceder en el Parlamento de Londres, cuando un eufórico Boris Johnson ha sido dejado en minoría por los mismos que lo apoyaban. Quizá quienes han actuado así estaban de acuerdo con un Brexit duro, pero no lo están con la suspensión del Parlamento, porque el Parlamento es una garantía para todos, tanto para los aguerridos como para los lánguidos. Rafa de Miguel, en elpais, comenta así lo ocurrido: «El primer ministro comprobó la fiereza con la que se revuelve un sistema parlamentario cuando ve amenazadas sus atribuciones.»

Una tercera variante viene ocurriendo desde hace ya algún tiempo. La declaración unilateral de independencia de Cataluña, el simulacro de referéndum del 1-O de 2017 y la idea adánica de que los vínculos de todo tipo con España se disolverían en el agua sin dejar huella, ha sido otro fortísimo empellón a las instituciones de un Estado que parecía dormido. Los impulsores de aquel disparate no contaron con la ley del tentetieso: cuanto mayor es la fuerza que se aplica para desestabilizar un sistema en equilibrio, tanto mayor es también la reacción tendente a devolver las cosas a su posición original.


martes, 3 de septiembre de 2019

"ESPAÑA SUMA", POR BULERÍAS


El procedimiento de enchufar el ventilador para esparcir la mierda tiene una sólida tradición en la estrategia comunicativa de la derecha española. Ahora Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, las dos chicas de oro, han sido imputadas en la corrupción de la Operación Púnica. Pablo Casado ha dicho con desenfado que la noticia le duele, pero que eso es ya pasado en su formación. Como si el PP madrileño ya hubiese rendido cuentas y pagado religiosamente los perjuicios causados.

Ha solicitado además, y de pasada, el líder del PP la protección de la guardia civil cuando venga a Barcelona, para evitar el riesgo cierto de ser apuñalado.

A un alma inocente puede parecerle que las dos afirmaciones no tienen nada que ver, pero no es así. Las une un sólido hilo argumental.

La sabiduría popular predica que la mancha de la mora con otra verde se quita. La afirmación es bastante aventurada; lo menos que puede decirse de ella es que no está testada científicamente. Sin embargo, determinados ideólogos de la derecha la han utilizado por analogía para llegar a la conclusión de que una información negativa se contrarresta lanzando otra similar o más gorda en la dirección simétricamente contraria. La información asilvestrada que se emite a partir de esa premisa no tiene por qué ser cierta. El bulo y la verdad producen el mismo efecto mediático.

Por esa vía, una acumulación inusitada de malas noticias referidas al campo propio ha llevado a la derecha urgente al cultivo intensivo de la bulería.

No se paran en barras, según puede verse en un ejemplo reciente. “Periodista digital” titula así: «La amiguita de Pablo Iglesias, Ada Colau se va de vacaciones a una lujosa urbanización del Cabo de Gata.» Dado que Colau, abominada tanto por tirios como por troyanos, es la alcaldesa de la Ciudad Condal, en el texto se apostilla la noticia con un dato temporal: «… mientras agoniza Barcelona».

El ventilador se ha enchufado bien. Va directamente contra Colau, pero cita a Iglesias y establece entre los dos una relación equívoca: ella es su “amiguita”. Colau replica de inmediato: «Todo falso: ni Cabo de Gata ni lujosa urbanización. O rectifican o tendrán una demanda.»

La rectificación se produce en efecto, y es antológica. Este es el titular: «Ada Colau niega que haya estado de vacaciones en una lujosa urbanización de Cabo de Gata.»

O sea, puede que sí haya ido como nosotros afirmamos, pero lo niega. Nosotros no ponemos la mano en el fuego porque no haya ido, solo dejamos constancia de que ella dice que no ha ido.

Lo cual impulsa la bulería un poquito, solo un poquito más allá. Lo suficiente para desviar la mirada de Aguirre y Cifuentes, esa pareja de esforzadas lideresas sometidas por el sanchismo a un juicio político inicuo.

Mientras, Barcelona agoniza debido a las puñaladas traperas, al no contar con la protección implorada de la guardia civil.


lunes, 2 de septiembre de 2019

¿EN NOMBRE DE QUIÉN HABLA PISARELLO?


“Puesto que yo he sido elegido representante de los Comuns, eso quiere decir que los Comuns están representados por cualquier cosa que yo diga.” Es lo que debe de haber pensado Gerardo Pisarello, al declarar que su formación estaría dispuesta a formar parte de un gobierno de concentración independentista en Cataluña, ciscándose en la historia y la memoria del colectivo al que teóricamente representa.

Pues no, las cosas no van así. Si don Gerardo está personalmente dispuesto a convertirse en la tabla de salvación de un movimiento dividido, confrontado, desgarrado y políticamente fracasado, es cosa suya. Pero señalar con el dedo a las bases y decir, a lo Cardenal Cisneros, “estos son mis poderes”, no solo falta a la verdad más elemental, sino que es una mentira de muy escaso recorrido.

Ya han empezado los desmentidos, y es de suponer que irán en crescendo. Anoto lo que afirman JL López Bulla en el blog de aquí al lado, y Emma Riverola en elperiódico. Pisarello no va a contar con muchas complicidades en esa postura de totum revolutum hacia la independencia como sea y a costa de lo que sea.

Al mismo tiempo que Colau acusa al conseller Buch de torpedear a conciencia la seguridad de Barcelona con la finalidad exclusiva de moverle el sillón, Pisarello propone un gran abrazo fraternal a Buch en campo propio. No hablemos aquí del Tete Maragall ni del penoso espectáculo de las “putas, guarras, zorras”; omitamos (por favor) todo comentario sobre las recientes hazañas de Carles Puigdemont, Quim Torra y Roger Torrent, ese tridente letal. Con estos mimbres, parece sostener Pisarello, haremos el cesto más hermoso.

Preparémonos para un largo periodo de desobediencia civil, ha dicho en una entrevista reciente David Fernández, la conciencia íntima de la CUP, ahora solo militante de base. Qué quieren que les diga, no me convence pero tiene la virtud de hablar claro, por lo menos.

Proponer la concentración en el gobierno de Cataluña de un grupo no ya heterogéneo sino disparatado de fuerzas que rivalizan a degüello entre ellas para extraer las rentas muy depauperadas del viejo y ya sobreexprimido negocio del nacionalismo pujolista, es todo lo contrario de hablar claro. Involucrar de forma gratuita en esa operación dudosa a los Comuns, que es una organización atravesada además por sus particulares y muy fuertes contradicciones internas, es aún peor.

Es una desvergüenza.