domingo, 22 de julio de 2018

CONTRA EL ARREBATO


Tampoco Marta Pascal ha dado con la tecla. Como en el caso de Santamaría, se trataba de aceptar en un setenta o un ochenta por ciento el “relato” urdido por sus formaciones respectivas, y gestionar aplicadamente el estrecho margen de realidad restante con el aderezo de una pizca de sentido común. No vale. Las derechas “razonables” están en desbandada, y se augura para ellas una larga invernada en sus cuarteles.
La asamblea del PDeCAT ha decidido que, si estás haciendo volar una cometa, cuanto más arriba mejor. La cometa no tiene pasado ni futuro, es un arrebato a favor del viento. Las derechas de este país apuestan por el arrebato aun a sabiendas de que se trata de una opción no sostenible. No hay forma de implementar una república nacida del 1-O, cuando el 1-O no tuvo lugar ningún parto de los montes. No hay forma de ignorar las estructuras del Estado realmente existente, ni la arquitectura de las relaciones internacionales en la coyuntura precisa en la que se encuentran, ni el rebote previsible de la judicatura ante una segunda intentona de secesión, por mucho que los presos hayan sido trasladados desde Estremera hasta Sant Joan de Vilatorrada, y en Schleswig-Holstein se haya encendido un semáforo en rojo.
No son síntomas significativos de nada, y mucho menos de grandes movimientos que alteren la perspectiva del conjunto. La perspectiva sigue siendo que el aparato represivo del Estado tratará con mano más dura cualquier begin the beguine del independentismo, y que los tribunales internacionales de justicia seguirán considerando una cuestión “interna” las condenas judiciales derivadas de las relaciones bilaterales asimétricas entre el independentismo catalán y la madre (o madrastra) patria.
¿Qué puede hacer la izquierda en todo este maldito embrollo? Lo primero, tener los pies bien firmes en el suelo. No discutir sobre arrebatos, sobre castillos en el aire ni sobre pasos por las nubes. Las cuestiones de orden material, las cosas de comer, la fijeza de los puestos de trabajo, las condiciones y las dimensiones poliédricas de la vida; ese es nuestro campo de batalla. No más utopías que la utopía cotidiana. No más futuros etéreos, sino un futuro sólido y sostenible, básico, con equipamiento mínimo de serie. Si luego es posible tunearlo con ringorrangos federales o confederales, se hará. Todo es posible, pero no sirve de nada discutir sobre los ringorrangos cuando todavía no tenemos reparado el motor que necesitamos para que nos impulse hacia donde deseamos ir como colectivo.
 

sábado, 21 de julio de 2018

EL FACTOR TRUMP


Soraya Sáenz de Santamaría ha sido derrotada en el uno contra uno definitivo por un: a) varón; b) facha; c) mitómano; d) mentiroso compulsivo. Ella, por su parte, adolecía de una propensión natural a decirle a todo el mundo lo que debía hacer, y a presumir de doña Perfecciones. ¿No les suena el guion? Yo diría que se trata de una reedición, en tono sostenido menor, de la elección Trump versus Clinton: el tronera redomado contra la sieteciencias. En ambos casos ha ganado de calle el tronera.
Así son las cosas. La gente de la calle atiende de preferencia a mensajes simples, facilones, optimistas a ultranza. Está predispuesta a ser engañada, un estafador de mujeres acaba de ser absuelto en el juicio porque las historias que contaba a sus víctimas eran inverosímiles, y sin embargo ellas le entregaban sus ahorros. Trump y Casado se comportan así. La sueltan bien gorda y esperan a que cuele.
Y cuela. De cuando en cuando, claro. No es un método infalible, pero cuenta con bastantes posibilidades a favor.
Una constatación complementaria: la divisoria de aguas entre los votantes respectivos no está en el género, no es que los machistas hayan votado Pablo y las feministas Soraya. En el microcosmos de los compromisarios del PP no hay seguramente feministas, y la propia Santamaría no lo es ni por alusiones. Hay que buscar en otro lado, en las simpatías o complicidades que despierta en mucha gente la “zona de sombra” de la política, y las antipatías instintivas hacia quien señala con demasiada insistencia la senda estrecha de la virtud. El dato que conviene retener es que en el macrocosmos (las elecciones presidenciales de EEUU, sin compromisarios, voto universal) el mismo mecanismo funcionó de la misma manera que en el conclave cerrado del PP. Una feminista militante como Susan Sarandon declaró antes del día D que prefería el riesgo cierto de que ganara Trump antes que votar por lo que representaba Clinton. (No votó Trump, por supuesto; votó a otro candidato, a sabiendas de que su voto sería irrelevante.)
Ganó Trump.
Casado ha ganado el Congreso del Partido Popular.
Los Estados Unidos entonces, el PP ahora, han sido muy conscientes de por quién apostaban. No han votado a ciegas, todos los datos pertinentes acerca de los candidatos estaban sobre la mesa.
Sea lo que sea que ocurra a partir de ahora, las reclamaciones que surjan en el interior del partido habrán de ser enviadas al maestro armero.
 

SIMETRÍAS


Simetrías, reflejos de espejos confrontados, muñecas rusas que asoman sucesivamente la una dentro de la otra. Las dos grandes derechas españolas, la centralista madrileña y la soberanista catalana, andan buscándose a sí mismas en congresos o congresillos que vienen a ser laberintos por donde ánimas en pena avanzan arrastrando cadenas judiciales en busca de una salida.
Los parecidos entre una y otra derecha son muchos. Populares y convergentes fueron referentes de sus respectivos campos de fuerzas, y ven crecer los enanos a su alrededor (ERC desde hace ya tiempo, C’s en época muy reciente). Los líderes factuales de las dos formaciones, Rajoy y Puigdemont, han quedado de pronto en situación de fuera de juego, uno por un movimiento político, el otro por un interdicto judicial. Se precisa un recambio, y ahí aparecen en el seno de ambas organizaciones dos opciones diferenciadas: de un lado la reafirmación de los principios ideales, y del otro el pragmatismo del trantrán técnico-administrativo. Los líderes históricos, José María Aznar y Artur Mas, actúan desde segunda línea, tal vez con la esperanza remota de un regreso triunfal en algún momento imprevisible. Las opciones están divididas, los partidos están partidos y ya no tienen la posibilidad de utilizar la argamasa del poder, de los intercambios de favores y del cultivo de las clientelas, para forzar lealtades duraderas en torno a líderes sólidos.
Todo está en el aire. Cualquiera que sea el final de los actuales congresos o congresillos, estos tendrán solo el carácter de unas primarias. Servirán para que los estados mayores revisen y pongan al día una vez más el estadillo de los peones fiables, los dudosos, los caragirados y los iscariotes; no para que uno de los bandos en presencia se alce sobre los demás como primus inter pares.
El fuel para todas las alternativas posibles lo suministra la banca. La banca prefiere seguramente el pragmatismo en el término medio-largo, pero no descarta ninguna opción a corto plazo, todas son susceptibles de proporcionar réditos sustanciales y es bien sabido que nunca es conveniente colocar todos los huevos en el mismo cesto.
El otro poder fáctico que alienta detrás de estas recomposiciones, la iglesia, no se juega nada en el envite. Hay un sector eclesiástico ultramontano en España y un sector eclesiástico soberanista en Cataluña, muy activos y combatientes. La jerarquía no querrá dar pábulo a ninguno de los dos; su posición irá más bien en el sentido de templar gaitas, desde la virtud tradicional de la prudencia. Luego, con los mimbres que resulten elegidos en las diferentes eliminatorias, será cuestión de hacer el cesto.
El mismo cesto de siempre. No esperen novedades en este aspecto.

viernes, 20 de julio de 2018

TRABAJO INTELIGENTE


No es un oxímoron. Admito que lo parece, en un contexto en el que se habla sin pestañear de edificios inteligentes, de vehículos o ciudades ídem, e incluso de armas inteligentes, porque basta con dispararlas y ellas mismas se buscan su blanco.
En una sociedad global obsesionada por la inteligencia artificial y por el big data, constatamos por paradoja que el valor de la inteligencia natural decae sin remedio incluso en aquellos territorios que le son particularmente propicios. Se exaltan la investigación, el desarrollo y la innovación, pero los investigadores están en precario, los desarrolladores mal pagados, y para los innovadores el elemento realmente definitorio no es su equipamiento mental sino las características más o menos completas y exclusivas del copyright correspondiente inscrito en el registro. Un buen copyright vale millonadas, y en cambio la mente que concibió el aparato, o el proceso comercializable registrado, puede adquirirse en el mercado global por cuatro cuartos mal contados.
Si pasamos del trabajo de ideación al mero trabajo físico, en todo el inmenso abanico de aspectos y de circunstancias en las que este se despliega, el adjetivo “inteligente” parece estar de más. El ingeniero F.W. Taylor prefería un gorila amaestrado a cualquier humano para la realización de los largos esfuerzos sincronizados de las cadenas de montaje que monitorizaba. La superioridad del simio sobre el humano residía para Taylor precisamente en que este último piensa por su cuenta, en lugar de aplicarse a su tarea con la mente en blanco. Es la apoteosis final de aquella advertencia escrita para la posteridad en documento oficial dirigido a la Corona española por la Universidad borbónica de Cervera: «Lejos de nosotros la funesta manía de pensar.»
El lenguaje reivindicativo respalda este modo de ver la realidad del trabajo subordinado. Se pide un trabajo “decente” o “digno”. En ninguna parte he visto que se reclamara un trabajo inteligente. “Yo soy un mandao”, podría ser el lema universal del currante.
Y sin embargo, el encabezamiento de este post no contiene un oxímoron. La búsqueda desenfrenada de ganancia por parte de los capitales multinacionales genera un despilfarro inadmisible de recursos limitados, provoca destrucción allá donde la destrucción rinde dividendos, acarrea imprevisión en la medida en que prevenir va en contra del lucro fácil y rápido.
Los gerentes o gestores de este estado de cosas no recurren para tomar decisiones a su propia inteligencia, sino a la de los algoritmos. Según mediciones establecidas en función de parámetros objetivos, la inteligencia de los algoritmos es infinitamente superior a la humana en algunos aspectos; en otros, sin embargo, no alcanza la de una cucaracha común.
En consecuencia es importante, en esta sociedad global íntimamente interrelacionada y en el actual y vertiginoso escalón tecnológico, capaz de elevarnos sin esfuerzo por encima del común estado de necesidad, pero también de arruinarnos para siempre en menos de cinco segundos; es importante, digo, reivindicar de todas las formas posibles ─también, y muy especialmente, en todos los escalones de los convenios colectivos─ la participación regulada de la fuerza de trabajo asalariada y subordinada en la toma de decisiones de las empresas.
La forma y el alcance de esa participación se irán concretando en la práctica. El principio importante es que, como se decía antes, “todos estamos en el mismo barco”, y la economía debe ser una ciencia establecida en el interés de todos, y no únicamente de los accionistas. La inteligencia no es un atributo exclusivo de los sabios y de las máquinas; existe un general intellect, como lo llamó Carlos Marx, una inteligencia general accesible a todos y compartida por todos, que define las formas idóneas de relación social y de producción en cada momento de la historia.
¿Cómo hemos llegado, después de siglos de democracia, al extremo de tener que democratizar de urgencia, no ya el trabajo, enterrado como está en el bolsillo privado de las clases propietarias, sino además la inteligencia, ese atributo común que nos define a todos/as como personas iguales con derechos iguales?
 

jueves, 19 de julio de 2018

LA NECESIDAD DE PREOCUPARNOS


Ayer de anochecida Carmen y yo volvimos de Atenas a Barcelona, acompañados por nuestra hija y nuestros dos nietos.
El viaje en expectativa, en “futuro imperfecto”, es un momento delicado siempre. En los espacios de espera de los aeropuertos se acumulan, durante largos tiempos muertos, millones de ilusiones y de temores, de historias inacabadas, de futuros pendientes de verse completos y sistematizados. Todo queda suspendido por unas horas, colgado del hilo de una “fuerza mayor” provisional que aplaza las respuestas que esperamos como consustanciales a nuestros proyectos, a nuestra vida. Cada cual visualiza durante ese no-tiempo el destino previsto, las circunstancias anejas, las estrategias ideadas para sacar el máximo provecho de la iniciativa emprendida. Uno/una se sienta rodeado de maletas pequeñas, bolsas, carteras y mochilas, pendiente de la llamada exterior que marcará el final de la espera y el reinicio de la acción interrumpida. (Ya no se anuncia el embarque por los altavoces, sino en la magia telúrica de unas pizarras luminosas en las que se acumulan y se categorizan todos los viajes de todas las compañías, a todas las horas y hacia todos los destinos posibles.)
Mi nieto Mihail es un viajero cauteloso y reflexivo. Tiene visualizado ya su verano en Poldemarx. La playa está bien pero echará de menos a sus amigos de Egaleo. Cree que por las tardes se va a aburrir. No está seguro de querer venir, habría preferido quizá (solo quizá, tampoco eso lo sabe de cierto) que nos quedáramos todos en Grecia, para ir juntos en barco a una isla bonita. Con papá.
Mihail comparte la convicción de mi yerno Nikos de que el avión es un invento diabólico. Un armatoste más pesado que el aire solo puede mantenerse en el aire en abierto desafío a las leyes naturales. Las leyes naturales, en consecuencia, se vengarán siempre que se les dé una posibilidad de hacerlo.
Es lo que dice Mihail de pronto, mientras seguimos, sentados y desmadejados, a la espera de la señal luminosa del embarque:
─Los aviones se caen a veces.
─El nuestro, no ─le contesta su madre.
─Hay muchos muertos en accidentes de avión ─insiste Mihail.
─Sí, y muchos coches que se estrellan, y muchos barcos que naufragan ─le explica Carmen─. Pero a los que son buenos de verdad, nunca les pasa nada. Ningún avión de Aegean se cae. Otros sí, pero los de Aegean, no. No se han caído nunca, nunca se van a caer.
─Pero volaremos de noche, y podemos perdernos ─dice aún Mihail, atenazado por la angustia de la espera.
Le explicamos que hay radares, emisoras de radio, gepeeses, toda clase de instrumentos técnicos para seguir el rumbo. Un avión no se puede perder, ni siquiera de noche, ni siquiera si el piloto tiene los ojos cerrados.
Todo eso Mihail ya lo sabe, sin embargo. No es más que un prolegómeno a lo único que de verdad le interesa, la cuestión moral, la actitud correcta que se espera de él. Lo que quiere es que le digamos lo que debe sentir, de forma muy clara, negro sobre blanco. Pregunta:
─Entonces, ¿debo preocuparme, o no?
 

miércoles, 18 de julio de 2018

I LOVE BOTIJO


Plantea elpais semanal (1) una cuestión de enjundia, como es la pervivencia del botijo en el siglo XXI, y su aceptación creciente por parte del turista sediento, como alternativa placentera a sistemas de enfriamiento del agua dulce más drásticos y brutalistas, como el “on the rocks” tan ajeno a nuestra particular idiosincrasia nacional.

Albricias sean dadas, pero se podía haber amanecido bastante más temprano en esta delicada cuestión del botijo. Yo mismo había dado el queo hace ya ocho años, desde la simple observación de la sociedad circundante, durante un verano que pasé en Rodas con mi hija, mis nietos y la familia política afincada allí.

A las pruebas me remito. Esta es la e-misiva que envié a JL López Bulla el día 25 de julio de 2010. Eran visibles ya en aquel verano las amenazas de la crisis financiera global, y el Constitucional había puesto la proa al Estatut refrendado de Cataluña; pero también estaban recentísimos los fastos del “otro” Mundial de fútbol, el de Sudáfrica, y la isla vibraba de amor por Ispanía.

 

Querido maestro,
a mi tita política rodia Paraskeví, que a sus setenta y cuatro años se levanta todos los días a las cinco de la madrugada para atender con su marido Yannis unas huertas que tienen cerca del pueblo de Soroní, se le metió en la cabeza vender un pedazo de tierra que les coge un poco a trasmano y no cultivan, y así contar con un dinerillo sobrante con el que bandear más desahogadamente el impacto de choque de la crisis. Sus hijas Katerina y Elení y su hijo Panayotis se echaron las manos a la cabeza: "Mamá, ¿no sabes que nos van a echar de la moneda común, que tus evros no valdrán nada, que los bancos cerrarán, que no habrá más dinero de ninguna clase y el único valor seguro será la tierra? No vendas, hagamos un esfuerzo más y plantemos habichuelas en ese trozo, que ese será nuestro alimento el día de mañana."
En una situación tan apremiante y desesperada, cada atardecer a la vuelta de la huerta o del mercado de Rodas, Yannis para su camioneta y nos deja en la puerta de casa un regalo: los primeros higos de la temporada, una sandía, un par de kilos de tomates, unas flores de calabacín (que Albertina rellena de queso, reboza en harina y fríe en la sartén; son exquisitas). Yannis y Paraskeví soñaban con ponerse aire acondicionado en el salón para poder ver la tele al fresco, pero debido a la escasez de cash-flow han renunciado al invento y mantienen la tele apagada porque en el salón se asan. Prefieren recogerse en un rinconcito a la sombra de su terraza y dar unos sorbos a una agüita fresca en la que han exprimido unas gotas de limón. El (podrido) sociólogo que hay en mi interior ha bautizado esa actitud como "neorrobinsonismo desestructurante".
Esa es una parte de la realidad observable en la isla de Rodas. La otra salta a la vista cuando uno pasea por los tenderetes del núcleo antiguo de la capital (el que visitan las oleadas de guiris que todos los días descienden por las escalerillas de los cruceros). Las camisetas que más abundan son las blaugranas con los números "8 A. Iniesta" y "10 Messi", y las rojas con el "7 David Villa". Ispanía está de moda. Llamaremos a esta tendencia "vivaespañolismo coyuntural".
¿Cómo conjugar las dos tendencias observadas en una contundente acción sinérgica capaz de redundar en beneficios de todo orden para la humanidad sedienta y, más allá incluso, para el nuevo orden económico? La respuesta es el botijo. Fabriquemos botijos, vendamos botijos, exportemos botijos. El mundo los está esperando. "Give Peace A Chance", cantó Lennon, y yo parafraseo: "Give Botijo A Chance."
Hay que aprovechar a fondo la coyuntura vivaespañolista: botijos con la World Cup pintada y el Made in Spain bien visible; botijos anunciados por Villa, por Iniesta y por el señor Del Bosque provisto de una boina para mayor tipismo, que digan "I Love Botijo". Botijos publicitados por Rafa Nadal junto a su silla de pista, colgados del sillín de Contador, amarrados al alerón del Ferrari de Fernando Alonso, y así con los demás ases. Mi tita Paraskeví y su marido Yannis necesitan un botijo para sus atardeceres recoletos, y no saben que tal prodigio existe: hay que mostrárselo. Y eso está pasando aquí, en Rodas, en la microeconomía como quien dice. Piensa en China: existe un mercado potencial de unos 800 a 1000 millones de botijos, más otros 100 millones, calculando por lo bajo, destinados a reponer el porcentaje de estrellados o descantillados en un plazo medio de tres años.
El impacto del botijo ayudará a empresas afines, como las alcoholeras. El sabor del agua del botijo no es el fetén si no se echa un chorrito de anisado para eliminar el regusto de barro en un botijo nuevo. Imagínate la expansión potencial del anís Machaquito, aunque la planta que instalen en China deba cambiar el nombre del logo por el de Mao Chakitung, por ejemplo.
Y eso sin contar los beneficios del reciclaje, y los puestos de trabajo que crearía. El ladrillo está en crisis, pero el ladrillo se puede reconvertir en botijo con la ayuda de una tecnología sencilla. El ladrillo acumulado en las urbanizaciones de Seseña bastaría para cubrir la demanda potencial de una ciudad como Hanchow en un plazo de diez años. ¿Vamos a esperar que alguien robe la idea y un buen día el mercado se nos inunde de pronto de botijos made in Taiwan? Yo digo no, procedamos en consecuencia, actuemos a la ofensiva.
Queda un punto delicado por resolver, y es la adecuación de la legislación española al caso del càntir catalán, que acaba de ser declarado inconstitucional por sentencia del altísimo tribunal. El problema es peliagudo; pero convendría sondear la viabilidad y aprontar los apoyos parlamentarios decisivos para aprobar una Ley Orgánica del indisoluble Estado-nación que extienda al càntir los beneficios, exenciones fiscales y ayudas financieras suplementarias previstas para el botijo. Cosas más difíciles se han hecho.
También es verdad que cosas más fáciles se han dejado de hacer.
 


 

martes, 17 de julio de 2018

"MEJOR NO TOCARLO"


Pablo Casado no pagaría ni un euro por desenterrar a Franco. Yo, sí. Si las arcas del Estado están exhaustas y se hace necesario recurrir a una derrama o, como lo llaman ahora, un crowdfunding, estoy dispuesto a participar en la medida de mis posibilidades hasta una cantidad razonable. No me asustan los fantasmas, pero prefiero que la momia en cuestión ocupe un espacio privado y recoleto, que sus descendientes no farden de duquesas, que el franquismo residual no monte pollos televisados en Cuelgamuros ni ande agrediendo a fotoperiodistas por la calle. La libertad de expresión es un bien sagrado, pero hay un libertinaje de expresión que atropella las libertades de los demás, y eso sigue teniendo tufo a dictadura. Desterrar/desenterrar al dictador vale, en mi estimación, un euro por cápita de la ciudadanía, e incluso más.
Bien es cierto que podría pagarse la operación con las subvenciones que año tras año se vienen otorgando diz que graciosamente (en realidad no tienen ninguna gracia) a la Fundación Francisco Franco, una anomalía en la administración de los dineros públicos en toda Europa, un hito más y posiblemente el más espectacular de la marca “España y yo somos así, señora”.
Tantos años pasados de mayorías absolutas del PSOE no alcanzaron para eliminar estos resabios de franquismo político, y no estrictamente sociológico. Se creyó, e incluso se razonó, que era preferible mirar a otra parte, disimular hasta que muriese por sí misma la cizaña, falta de alimento, y el ameno pensil regresase por sí mismo al esplendor en la hierba y la gloria de las flores. «Mejor no tocarlo», fue la consigna entonces.
Observen las imágenes de la concentración en Cuelgamuros. Tomen nota del careto de ese otro borbón dispuesto a encaramarse a un trono potencial de una monarquía franquista. No miren a otra parte; todo este revuelo no es gratuito ni es anecdótico, está subvencionado con dineros públicos que no solo “no huelen”, como dejó sentado con desenfado en su día el emperador romano Vespasiano, sino que además han conseguido la rara propiedad de resultar invisibles en un entorno en el que nada pasa inadvertido para el omnímodo poder de las computadoras.
Igual que se han rastreado los dineros utilizados desde la Generalitat para financiar la puesta de urnas del 1-O sin que se notara apenas, igual son objetivamente localizables las fuentes de este tipo de eventos consuetudinarios reincidentes. Y no se trata de eventos meramente folklóricos; no mientras Franco siga enterrado bajo un monumento nacional y Queipo de Llano en una basílica. Cuando las dos momias ocupen el lugar que les corresponde, sí habremos entrado en el mundo variopinto del folklore. Viva el folklore.
Para conseguir ese modesto objetivo, estoy yo por mi parte dispuesto a rascarme el bolsillo. Pablo Casado no, pero yo sí pongo un euro por el desentierro.
 

lunes, 16 de julio de 2018

ECOS DEL MUNDIAL DE FÚTBOL


La gran final entre Francia y Croacia nos trajo algunas sorpresas, como las repetidas performances de Macron en plan “éxtasis de santa teresa”, después de cada gol de su equipo. Los consabidos dragones de la virtud afirman que el presidente francés rompió el protocolo; los expertos en la nueva disciplina del populismo electoralométrico, en cambio, están encantados y dicen que por ahí. Mariano, que tantas ilusiones había puesto en ganar el Mundial, difícilmente habría estado a la altura en la gesticulación; y mucho me temo que el estafermo que tenemos sentado en el trono, menos aún. Quizá Letizia y Soraya habrían sido capaces de algún desborde en el palco, de haberse dado las circunstancias correctas (un gol de Diego Costa, un paradón de De Gea, ¿se imaginan?)
Otra lección importante, extraída tanto de las semifinales como de las finales, es que el nivel del espectáculo crece cuando son dos los equipos dedicados a jugar en el campo. Hasta ahora la regla habitual era la expresada para el amor por un pesimista francés. Parafraseo: “Cuando dos equipos de fútbol compiten, siempre hay uno que juega y otro que no deja jugar. Por lo general el primero sale perdedor.”
Después de tantos y tan fatigosos prolegómenos, llegó por fin el momento tan deseado por la razón social Florentino & Infantino, el del desfile de modelos luciendo las primicias de la moda para la temporada 18-19.
El premio al mejor jugador del torneo habría debido recaer, siguiendo la lógica, en uno de los dos franceses más determinantes: Griezmann o Mbappé.
El primero había dado un paso en la buena dirección al renunciar, vídeo mediante, al Satanás blaugrana, a sus obras y a sus pompas. Su elección, sin embargo, no daba una señal suficientemente clara acerca de cuál es el exigente camino de la virtud que conduce al éxito deportivo.
La bolita de la ruleta MVP se dirigió entonces a la casilla de Mbappé, a condición de que aceptara fichar por el Real Madrid. El Real Madrid, para quienes aún no lo sepan, es el metro de platino iridiado del sistema de pesas y medidas del fútbol mundial. Mbappé no quiso cambiar de equipo y se quedó sin premio.
A falta de los dos franceses, y de Benzema ─agraciado por la doble circunstancia de ser francés y madridista, pero con el inconveniente prácticamente insalvable de no haber sido seleccionado para el Mundial─, el premio pudo recaer en el brasileño Neymar, si fichaba por el Madrid, o en el portugués Cristiano, si no se iba a la Juventus. Pero el primero se abstuvo y el segundo insistió en el error, víctima de un berrinche tonto que va a lamentar el resto de su carrera. Fue designado entonces mejor jugador del Mundial el croata Modric, que no ganó la final (ni siquiera la jugó bien), pero que hizo un torneo muy apañado, y es del Madrid, y lo bastante tímido para no subírsele ahora a la parra a Florentino con exigencias de un aumento sustancial de ficha.
Mbappé recibió el premio al mejor jugador joven (una forma indirecta de decirle: crece un poco más y sabrás mejor lo que te conviene). El belga Courtois fue designado mejor guardameta (casualmente, el Madrid se interesa por él; a Florentino se le ha pasado por completo aquella perra que tuvo por fichar a De Gea, lo que vendría a certificar que el “hombre superior” no es del todo inasequible al desaliento). Putin ha recibido plácemes unánimes por la organización, y la presidenta croata ha dado el toque humano, vestida de bandera. Las dos aficiones modélicas en comportamiento cívico han sido las de Senegal y Japón.
Y Luis Enrique será presentado a los medios como nuevo seleccionador español, en un acto contraprogramado por Florentino, que reserva el mismo día y la misma hora para presentar a su nuevo jugador Vinicius.
Al enemigo, ni agua.
 

sábado, 14 de julio de 2018

LA BATALLA DE LAS IDEAS DE LA CAVERNA


Según Natalia Junquera, articulista de elpais, el candidato a la presidencia del PP Pablo Casado ha dado “un giro a la derecha” en sus planteamientos. ¿Desde dónde ha girado entonces, por dios? Casado propone una “refundación” de su partido a partir de algunas claves explícitas: liberalismo “sin complejos” (¿los ha tenido alguna vez?), ilegalización de las formaciones independentistas, antiabortismo, complacencia fiscal con los ricos y leña al mono para quienes no lo son. Falta decir algo sobre la fiesta de los toros, las feminazis, las concertinas, “Franco ese hombre”, y la práctica internacionalista del españoleo; pero está casi todo. ¿Para qué refundar el partido con las mismas ideas de la caverna? No es renovación, es rearme moral. A Esperanza Aguirre, que lleva en el invento más años que el canalillo, le ha dado un subidón: «Acabo de votarle con mucha ilusión», ha dicho con ocasión de las primarias.
Volvemos a la Contrarreforma. La España eterna cabalga de nuevo, unánime, en esta ocasión no contra los judaizantes clandestinos sino en contra de Soraya Sáenz de Santamaría, la “otra” en la contienda, que solo ofrece para el envite más experiencia, más eficiencia y más de lo mismo. «Quien pide un debate de ideas no tiene ni idea», ha retrucado Santamaría, con mucha razón que no va a impedir que probablemente sea barrida en esa convención sobre “principios y valores” propuesta por Pablo (el “otro” Pablo, el de la derecha). ¡Discutir sobre valores en el PP, lo último que nos faltaba por ver!
Dice Natalia Junquera que el PP “se ha partido en dos”. Nada nuevo, tampoco. Siempre ha habido dos PP, “el que muere y el que bosteza” según descripción gráfica de Antonio Machado. Los varios pedazos del partido (nombre que ya lo dice todo, de entrada) han ido funcionando un poco al albur, mal ensamblados por los artículos no escritos del código del honor de Monipodio y por el principio jurídico riguroso del do ut des, materializado en la norma habitual e inveterada del tres por ciento.
Entonces, podemos dar por descontado que la “batalla de las ideas” que propone Pablo Casado no dará para mucho. No llegará al séptimo cielo, se quedará más verosímilmente en la guardilla. No percutirá en el campus de la Universidad de Harvard, es más probable que se quede en Aravaca.
 

viernes, 13 de julio de 2018

MUCHO ULTIMÁTUM Y POCA SUSTANCIA


La Real Academia Española tendrá que elegir entre el lenguaje inclusivo para la Constitución, y la presencia en sus filas de Arturo Pérez Reverte. O lo uno, o lo otro, así lo ha hecho saber el escritor en un tuit. Luego, in continente, ha hecho (se supone) lo que el valentón de Cervantes: «Caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese… y no hubo nada.»
Quizás Reverte tiene una parte de razón, no lo sé. Es posible que la Docta esté en vías de legalizar el uso de la expresión “miembras” de un colectivo cualquiera para designar a las de género femenino, en contraposición a los “miembros” masculinos. Yo en ese caso también me iría. Bueno, a decir verdad yo me iría en cualquier caso; andar decidiendo sobre el uso correcto de las palabras y de las expresiones me parece un trabajón de mucha fatiga y muy poco provecho. La cuestión de la inclusividad, en concreto, me parece que depende más del contexto que del texto mismo. En un congreso de mi sindicato, y siendo portavoz de Estatutos, me opuse a una enmienda que sustituía la afirmación «Combatiremos toda explotación del hombre por el hombre», por la formulación «Combatiremos toda explotación del hombre y la mujer por el hombre y la mujer.» Argumenté que la primera redacción era más concisa y, lo principal, sobreentendía sin problema lo que decía la segunda redacción. Tuve unos pocos votos más a favor que en contra; pero no se trata de una cuestión que se decida a los votos. Desde entonces, las mujeres han seguido siendo más explotadas que sus compañeros. Quizás hacía falta llamar más la atención sobre el problema.
Bastante más absurdo es, en cualquier caso, el ultimátum de Esteban González Pons, portavoz del grupo popular en la Unión Europea. Propone anular Schengen (para entendernos, el libre acceso de las personas a través de las fronteras intracomunitarias) mientras la justicia alemana no se pliegue a la petición del juez Llarena sobre Puigdemont. A eso se le llama vulgarmente romper la baraja. Dice Pons que es necesario un gesto así por dignidad y por orgullo. Siguiendo la misma lógica, nuestra dignidad y nuestro orgullo heridos deberían llevarnos a proponer la supresión de los Mundiales de fútbol de los que hemos sido eliminados en los penaltis, en octavos de final. Si no vamos a ser nosotros los campeones, que no lo sea nadie.
Que aprendan los “hotros” de una vez. Hay ofensas intolerables. Lo dijo el primero (como en tantas ocasiones) Groucho Marx: «Jamás me rebajaré a ser socio de un club que esté dispuesto a aceptar como socio a una persona como yo.»
Es más o menos la posición en la que coinciden también Arturo Pérez Reverte y Esteban González Pons.
 

jueves, 12 de julio de 2018

EL EVANGELIO INDEPENDENTISTA "SECUNDUM" BERLINGUER

«¿Eurocomunismo soberanista?», titula Francesc-Marc Álvaro en lavanguardia un mejunje (1) sorprendente por el atrevimiento con el que teoriza a partir de una ignorancia confesa de lo que está hablando (eso del eurocomunismo, aclara, ocurrió cuando él era muy pequeño). Y sin embargo, su “relato” resulta entretenido.
He aquí el núcleo de la cuestión, en las palabras mismas del articulista: « ¿Es posible una –digamos– vía eurocomunista del soberanismo catalán? Hay que en­tender aquí la palabra eurocomunista no en sentido ideológico sino como sinónimo de pragmatismo, gradualismo y rechazo de planteamientos unilaterales y rupturistas. »
Él mismo da cinco razones que argumentan lo complicada que sería la operación. Hay más, pero una sobre todo que basta para desmontar los palos del sombrajo: y es que con pragmatismo, gradualismo y rechazo de la unilateralidad y el rupturismo, ya no habría soberanismo catalán, sino otra cosa distinta.
No es difícil de entender. La estrategia diseñada por Enrico Berlinguer apuntaba a explorar vías de largo recorrido en las que era posible una acumulación progresiva de fuerzas democráticas para alcanzar transformaciones profundas en las condiciones materiales de las personas, en los mecanismos de poder, en las relaciones sociales desiguales y dependientes. El final del proceso no estaba previsto, y no respondía a ninguna formulación jurídica de orden constitucional.
La situación del soberanismo es absolutamente distinta porque parte del deseo de arrancar de las instancias estatales (superestructura) la concesión graciosa de un referéndum decisorio capaz de transformar la condición jurídica internacional de Cataluña sin afectar, en principio, a ninguna de las condiciones materiales y de la vida social de las personas.
En el llamado eurocomunismo, al tender la estrategia a la remoción de estructuras opresivas, en el final teórico del trayecto estas se habrían removido en su totalidad, y la vida florecería con una pujanza nueva. En el caso del soberanismo catalán, al final de toda la estrategia gradualista y de toda la pedagogía, tendríamos un Estado “propio” (propio ¿de quién?) pero seguiríamos en el principio mismo de todo el proceso: las mismas relaciones sociales y materiales de producción, la misma jerarquización social, la misma distribución desigual de la riqueza.
Es inverosímil una acumulación mayor de fuerzas dirigida a añadir gradualmente consenso a la idea de la independencia, si no se trabaja en otra dirección. Por eso el soberanismo quiere la independencia ahora, incluso de forma unilateral, y deja para luego la discusión de todo lo demás.
Invertir los términos, cosa a la que muchos/as catalanes/as estaríamos dispuestos/as, significaría ocuparse primero de las cosas de comer (no solo cómo repartirlas; también cómo producirlas de una forma más racional, democrática  y sostenible), y dejar para lo último el fatigoso tema de las banderas. La independencia tardaría en llegar, o no llegaría nunca, quién sabe, pero en Cataluña se respiraría literalmente otro aire, y nos habríamos librado, no ya de la "España opresora", pero sí de los “estaquirots” cuya presencia infaltable al frente del cotarro nos garantiza que, mientras sigan ahí brujuleando los presupuestos de todos, no hay ninguna esperanza consistente de cambio.



 

miércoles, 11 de julio de 2018

NIHILISMO


En el diagnóstico de Antón Costas (1), una de las voces templadas que mejor suenan frente al órgano de gatos desacompasado en el que ha degenerado la discusión política catalana, la ira llevó a la impaciencia, y la impaciencia al nihilismo. Costas da la siguiente hermosa definición del nihilismo político: «esa conducta que en ocasiones infecta a las sociedades y las lleva a querer acabar con lo existente, aun a sabiendas de que la alternativa es peor o no existe.»
Hay un ejemplo bíblico que expresa bien la situación. Sansón, figura destacada del pueblo elegido por Yaveh, ha sido hecho preso por los malvados filisteos. Estos se reúnen en un gran convite de celebración, y exhiben en público al prisionero atado con robustas cadenas a una columna basilar del templo donde tiene lugar la ceremonia. El forzudo no puede soportar la humillación, empuja la columna hasta desplazarla y, mientras el techo cae sobre los reunidos, grita: “¡Muera Sansón con todos los filisteos!”
Dejemos de lado la sospecha vehemente de que había un serio defecto de construcción en el templo en cuestión, para poder ser derribado con tanta facilidad. Las modernas construcciones constitucionales de los Estados de derecho no son ni mucho menos tan frágiles ni están tan expuestas a exabruptos hercúleos. Vamos a lo que importa. El redactor de este pasaje del Antiguo Testamento, que se supone de inspiración divina, alaba la inmolación de Sansón y la considera “heroica”. Para la mentalidad laica y democrática de las generaciones actuales, sin embargo, el perfil del “héroe” viene a ser, centímetro más o menos, el de un yihadista radical. Sucumbir haciendo de paso el mayor daño posible al enemigo odioso, ¿dónde está la gracia? Había cientos, miles, de soluciones preferibles. A favor de la autoinmolación está solo esa manía particular de los "pueblos elegidos" de todas las latitudes, que aborrecen a quienes no piensan como ellos, no rezan como ellos, no celebran sus banquetes con las viandas apropiadamente purificadas como ellos, etc., hasta el punto de preferir desaparecer todos juntos en una misma catástrofe antes que vivir en relativa paz, cuidando cada cual de sus cosas y extremando las cautelas para no pisar inadvertidamente algún parterre del jardín ajeno.
 


  

martes, 10 de julio de 2018

JUNTO A LA FUENTE DE GUIOMAR


Una corriente caudalosa de la intelectualidad orgánica realmente existente sostiene que una pera es siempre una pera, una manzana es una manzana y nunca otra cosa, y cuando no hay alternativa, que es prácticamente siempre, de verdad no hay pero lo que se dice ninguna alternativa.
Este enfoque unidimensional del pensamiento (lo llamo pensamiento porque no se me ocurre ninguna manera mejor de llamarlo) tiene la ventaja de que uno siempre está seguro de su posición, así se hunda el mundo.
El mundo tiene una tendencia nefasta a hundirse, sin embargo, y un regodeo malicioso en dejar a los profetas con el culo al aire en mitad de las telenoticias de la noche. Quizá por esa razón, otra rama de la intelectualidad más cautelosa se sitúa de antemano en el peor escenario posible y a partir de ahí mira en torno para ver qué es posible cambiar a mejor.
El jefe de fila incuestionable de esta segunda corriente intelectual, no tan orgánica como la primera, fue Groucho Marx, que declaró sin un parpadeo: «Estos son mis principios, pero si no le gustan no se preocupe: tengo otros.» Por el mismo o similar camino han transitado recientemente Joan Coscubiela («Cuando no es posible pactar acuerdos, es útil pactar por lo menos los desacuerdos»), Enric Juliana («Solo desde una sincera aceptación de que la cuestión catalana no tiene arreglo, se puede empezar a arreglar algo»), y, de forma bastante inesperada, Quim Torra y Pedro Sánchez. Ha dicho Torra en el comentario post mortem que un 90% del contenido de su entrevista en la Moncloa se centró en el tema de la autodeterminación. Aleluya, ¡nada menos que un 10% menos de lo pronosticado por los tertulianos de uno y otro signo!
Ese novedoso diez por ciento de charla, o una parte significativa del mismo, tuvo lugar al parecer mientras los dos políticos departían junto a la fuente donde se citaban años atrás Antonio Machado y Guiomar.
La fuente en sí no es gran cosa, y, seamos sinceros, la historia amorosa del poeta envejecido con la poetisa recatada, tampoco va muy allá. Pero su valor de símbolo es infinito.
Porque se ha abierto una rendija en una puerta herméticamente cerrada, cuando, según la primera línea de pensamiento antes descrita, una puerta cerrada es solo y para siempre una puerta cerrada. Y punto.
Por eso la progresión desde el cero hasta el mínimo ángulo de apertura alcanzado es, provisionalmente, infinita. Los buenos calculadores ya nos comunicarán en su momento, cuando los nuevos datos del problema hayan sido convenientemente procesados como input, el valor de los algoritmos resultantes. Hoy por hoy solo podemos medir el avance por los decibelios de la rabia extemporánea de algunas personas que se envuelven en la bandera española o alternativamente en la estelada para sostener que todo sigue igual.
Rectifico la última frase: Para exigir que todo siga igual.
 

lunes, 9 de julio de 2018

EL HOMBRE QUE CREÍA CIEGAMENTE EN LOPETEGUI


La dimisión nada resonante de Fernando Hierro ha sido la guinda final del proceso de voladura escalonada de la Roja, la selección nacional que corría el riesgo de ser más querida por el público que el mismísimo Real Madrid.
El mismo Hierro no ha sido arte ni parte en el proceso. Este se ha cocinado en los despachos, sí, pero no en absoluto, ni por lo más mínimo, en el que ocupaba el director técnico de la Federación española.
Hierro ha sido un mandado, volcado en todo momento en el cumplimiento celoso del deber más allá de cualquier consideración de índole personal. Hay que decirlo en su honor. Me trae el recuerdo de Perales (nombre cambiado), un compañero de campamento de cuando hice la mili. Un día el teniente de la compañía nos condujo a un lugar boscoso para un ejercicio táctico y nos repartió por los peñascos con la recomendación de pegarnos bien al terreno. A él le dijo: “Abra bien los ojos, Perales, no se le vaya a colar por las quebradas todo el ejército chino.” Los demás nos tumbamos y dedicamos hora y media larga al arte delicioso del escaqueo y la siesta del carnero. Acabado que fue el ejercicio, la compañía se reunió para regresar en formación a Robledo, y Perales se apresuró a dar el parte: “El ejército chino no ha comparecido, mi teniente.”
Hierro ama por un igual al Madrid, a la selección española y a la Federación que hasta ayer le daba de comer. Cuando se perpetraron los sucesos lamentables en los que estaban involucrados sus distintos amores, reservó su opinión y se mantuvo en posición de firmes a la espera de órdenes.
Las órdenes fueron que se hiciera cargo de la selección. Su satisfacción fue honda y plena, pero no se dejó cegar por los espejuelos de la fama. Él disponía de un grupo ganador y era heredero del trabajo admirable desarrollado antes por Julen Lopetegui. Si no se desviaba ni un tantico de lo programado, ganar el título mundial sería tortas y pan pintado.
El partido contra Portugal no fue del todo mal; el de Irán empeoró; el de Marruecos solo se salvó de la quema por un milagrito ajeno a la chequera de Florentino. Los chicos insistían hasta quedarse afónicos a su seleccionador en que era necesario rectificar el rumbo, pero en vano. Julen había señalado a De Gea para la portería y a Diego Costa para el centro del ataque, y así había de ser. Un equipo diseñado para correr y cazar a la contra a una Rusia con las líneas adelantadas y desprevenida. Una obra maestra táctica de Lopetegui.
Durante el partido Rusia no se movió de su parcela ni para ir a mear. El “grupo ganador” dio mil ciento y pico de pases para no llegar a ninguna parte. Los penaltis dictaron sentencia. “El partido se ha definido por pequeños detalles”, dijo Hierro en la rueda de prensa posterior.
Ahora se va porque nadie le ha pedido que se quede. Sabe que su momento pasó, su “ventana de oportunidad” se ha cerrado. Nadie va a darle las gracias por nada.
Se espera un sucesor al frente de la selección. Algunos hablan de Luis Enrique, pero personalmente no lo veo. Luis Enrique tiene mal genio e ideas propias. Es indisciplinado, poco amigo de escuchar las sugerencias llenas de buena intención que llegan del piso de arriba. Podría ser otro Luis Aragonés, el peor desastre disciplinario que ha padecido la Roja en toda la etapa posterior al día de gloria en que Marcelino le metió un gol a Rusia.
Mi sugerencia es que llamen para el cargo a Perales.


Posdata.- Apenas un par de horas después de colgado este post, se hace público que Luis Enrique será el nuevo seleccionador. No dirán luego que no se lo había advertido. 



 

domingo, 8 de julio de 2018

ENCUENTROS


Los dos promotores de los Encuentros catalanoandaluces soplan con empeño en busca de vientos favorables para su odisea. A la izquierda, Javier Tébar; en el centro, Javier Aristu; al fondo, un ángel que pasó batiendo rumorosamente alas; a la derecha, un amigo para lo que gusten. (Foto: Juan López Lafuente)

Escribe Javier Aristu
 
Desde hace varios meses un grupo de personas de Cataluña y Andalucía venimos trabajando a favor de un encuentro amistoso entre catalanes y andaluces. La finalidad es volver a un terreno de diálogo, de reconocimiento mutuo y de búsqueda de fórmulas que ayuden a que la política, los políticos, encuentren a su vez soluciones a un contencioso que va camino de convertirse en conflictivo por muchos años.
Creemos que Andalucía, los andaluces, estamos en condiciones de servir de puente de travesía para esta navegación tan compleja. Han sido muchos, cientos de miles, los andaluces que emigraron a Cataluña y dieron cuerpo y forma a una sociedad moderna, económicamente desarrollada y culturalmente dinámica. Han sido también variadas y enriquecedoras las aportaciones de los catalanes a nuestro modo de vivir y de crear riqueza. Las relaciones económicas, comerciales, sociales y culturales han continuado durante las últimas décadas. No es casualidad que la única línea de alta velocidad ferroviaria que no termina en Madrid-Atocha sea la que circula entre Sevilla y Barcelona, diariamente; lo que antes un tren “catalán o sevillano” tardaba toda una noche y medio día en cubrir el trayecto hoy se hace en solo cinco horas. Y con los vagones repletos de andaluces y de catalanes que tienen intereses en ambas comunidades. Entre Sants y Santa Justa hay una línea directa que no es solo ferroviaria sino estratégica. Lo mismo podríamos decir de nuestros aeropuertos. Se trata de que la metáfora y realidad del transporte se traslade al de las relaciones humanas y comunitarias. Necesitamos profundizar y reinventar el eje Cataluña-Andalucía; con nuevos contenidos aprendidos a partir de una historia común.
Por eso se va a desarrollar en Sevilla, durante los días 26 y 27 de octubre de este año, un Encuentro o Trobada entre personas representativas de la cultura, la universidad y distintos ámbitos profesionales de Andalucía y Cataluña destinado a desarrollar esas necesarias vías de reconocimiento. Extraemos algunos párrafos del proyecto que tratan de sacar adelante:
«Es posible establecer ese eje Cataluña-Andalucía que facilite un nuevo terreno de colaboración y de apertura de iniciativas en todo el Estado; siendo ambiciosos, creemos que ese eje entre dos comunidades importantes por su población y su histórica influencia en la política española podría ayudar a establecer un nuevo diálogo que ayude a desbloquear situaciones herméticas. Esta iniciativa suena como un eco de aquellos Diálogos de las Culturas que organizados por la recordada revista Cuadernos para el Diálogo tuvieron lugar, en plena dictadura, en el monasterio de Montserrat el 6 de julio de 1968 y que reunió a un grupo de intelectuales catalanes y españoles que discutieron a partir de sus señas de identidad, pero convergentes en los objetivos de democratización y conquista de las libertades.
«Hoy no se trata obviamente de partir de las mismas bases ni de conquistar los mismos objetivos: lo que se busca es dialogar para hallar un punto de encuentro o acercamiento que haga posible una renovada convivencia en un marco jurídico y político integrador de las diferentes opciones territoriales. Sea cual sea la fórmula que finalmente se pueda alcanzar (estado federal o confederado, estado autonómico renovado, independencia de Cataluña) el diálogo y el encuentro seguirán siendo necesarios entre dos sociedades que se asientan en fundamentos históricos similares aunque con identidades lingüísticas y culturales en buena medida diversas
Confiemos en que esta iniciativa salga adelante y podamos ir vislumbrando, poco a poco pero de forma progresiva, un cambio de situación que permita una convivencia renovada entre andaluces, entre españoles y catalanes. Para ello el protagonismo de la sociedad civil es necesario. Un protagonismo hecho de pequeñas iniciativas que, como esta que comentamos, ayuden a encauzar la complejidad y la diversidad en un terreno de diálogo y de respeto.
De la propuesta ya se han hecho eco recientemente dos ilustres representantes de la cultura y la sociedad catalana. Tanto Jordi Amat como José Luis López Bulla han comentado recientemente la iniciativa que se pueden leer en estas dos entradas; ambos van a estar presentes en Sevilla en octubre:
Jordi Amat, Cambio de clima
José Luis López Bulla, Cataluña, ¿tiene solución?
Seguiremos informando.
 

sábado, 7 de julio de 2018

"MAKING OF", O LA MANO DE DIOS

La entrevista a Joan Coscubiela publicada en el recién aparecido nº 13 de la revista digital Pasos a la izquierda (ver en http://pasosalaizquierda.com/) ha causado cierta sensación, pero ha arruinado mi crédito personal. Por mucho que insista en que estuve allí, la opinión general es que no se me ve.
─Paco Rodríguez no es una persona fiable ─murmuran por lo bajini algunos conocidos en el acto de retorcer el colmillo─. Es de esos que se adornan con plumas ajenas.
Soy inocente, puedo explicarlo todo. No teníamos previsto hacer fotografías ni una vídeo-entrevista. Sin embargo, hubo una vídeo-grabadora para la entrevista. Juanma García la colocó en posición fija apuntando al grupo, y yo quedé fuera de encuadre, cosa que en aquel momento no tenía la más mínima importancia. Yo acudía al evento, por lo demás, de peón de brega del maestro Aristu, que era quien había de llevar (y llevó) la voz cantante.
Cuando muchos días más tarde pensamos que sería bueno realzar la entrevista con imágenes propias, lo único que Juanma pudo ofrecernos fueron capturas de pantalla. Ahí es donde, literalmente, desaparecí.
Sin embargo, y no por intervención milagrosa, mi mano, émula de aquella “mano de Dios” de Maradona que decidió un Mundial de fútbol, cobró repentinamente vida propia. El lector puede comprobarlo en esta precisa captura de pantalla ofrecida por Juanma. Ahí están (estamos) Joan a la derecha, Javier a la izquierda, y la “mano de Paco” en el extremo inferior de la parte izquierda, diríase que incorpórea y exenta, pero eficiente.
Cesen las murmuraciones de las lenguas de doble filo. Ni se trata de un ectoplasma, ni de fotoshop. Yo estuve allí. Tal y como dijo Lope de Vega respecto de una circunstancia ligeramente distinta, «quien lo probó, lo sabe.»
 

PARACETAMOL


Horas antes de disfrutar de su momento de gloria en las primarias del PP, la “ex vice” Santamaría había delineado con precisión las líneas maestras de la oposición que llevará a cabo su partido con la intención de contrarrestar la exigua mayoría del socialista Pedro Sánchez en el parlamento: “No va a haber suficiente paracetamol en las farmacias”, aseguró, coma más coma menos, “para los dolores de cabeza que le vamos a dar.”
Valiente novedad. El gobierno de Mariano Rajoy se dedicó a lo largo de su segunda metamorfosis (cuando decayó su inicial mayoría absoluta) a vetar las iniciativas legislativas de la oposición, a enviar al Constitucional aquello que no podía vetar, y a encenagar la escena política en proporción al cieno que los tribunales de justicia iban vertiendo con regularidad cronométrica sobre los artilugios organizados desde el interior del partido para medrar sin tasa (nunca mejor dicho) a costa del erario.
Santamaría se limitó a anunciar la continuidad de la misma política desde un ángulo diferente del hemiciclo. La “renovación” y el “saneamiento” anunciados son solo topográficos; ya no se va a actuar desde la bancada/barricada del gobierno, sino desde la de la oposición destructiva, pero el concepto va a seguir siendo el mismo. Para ese viaje no hacían falta alforjas, y casi que tampoco primarias. Lo mismo da Casado más Cospedal, que Santamaría. Las siete diferencias entre ambos equipos solo conseguirán descubrirlas los hábiles solucionadores de acertijos de edición dominical de la prensa.
Hace pocos días leí de pasada en la prensa digital los titulares de una entrevista a un fulano cuya gracia no recuerdo: afirmaba el tal, que quien no entiende de política es mejor que no vote. No entré en el texto; quien dice semejante lechugada no merece ser leído. Precisamente el vicio moderno más impresentable de la política es su acaparamiento por parte de quienes “sí” entienden de política.
Los politiqueros. Los que promueven el uso masivo de paracetamol para todos y a todas horas.
Política es, desde su etimología misma, lo que se refiere a la “polis”, al común de los ciudadanos y no a una clase o casta particular de ellos. El término procede de la Grecia antigua. Entonces, quien se abstenía de participar en las cosas comunes, de elegir a sus representantes y de votar las cuestiones que se proponían a la consideración del pueblo llano, era calificado de “idiota”. “Idiota” no era entonces un insulto, sino la certificación de una conducta anómala o ajena; y “política” se refería a las cosas de comer, las de todos los días, y en modo alguno a un conocimiento abstruso reservado únicamente a los iniciados. Todo era entonces más sencillo.
No puede afirmarse que funcionara mejor, el sistema acabó por enfrentar entre ellas a las distintas ciudades griegas y someter el conjunto del territorio a la máquina militar de las falanges macedónicas primero y de las legiones romanas más tarde. Pero esos son detalles accesorios. La política libremente elegida puede ser buena o mala, favorable o perjudicial en el largo plazo. Todo ello no invalida el principio fundamental de que la política es nuestra, y no de los que saben; que incluye y precisa de la participación de todos en función de los propios ideales y preferencias; que ampara el derecho inalienable a equivocarse mil veces y rectificar otras tantas; y que quien renuncia a participar en ella, es idiota.
Por mucho que su renuncia a los quebraderos de cabeza de la política le suponga un ahorro importante en paracetamol.