martes, 14 de julio de 2020

LA INSUMISIÓN DE LA JUEZA

Si no les gustan los principios del president Torra, no se preocupen: tiene otros. Igual le pasaba a su maestro en el arte de destruir la lógica para hacer reír, pero de los dos, Groucho siempre fue el gracioso.

De predicar la insumisión contra las instituciones, Torra ha pasado de pronto a predicar la institución contra las insumisiones (de la jueza de guardia).

A la jueza no le salían las cuentas: no se puede confinar si no hay un estado de alarma declarado. Pero el estado de alarma solo lo puede declarar el gobierno, y Torra es partidario de la insumisión contra todo lo que diga el gobierno. Todo lo que ordene el gobierno es 155. Vade retro, Satanna!

El resultado es una sopa de ganso. La jueza no admite la alarma porque falta el aval de la autoridad competente; el Vicari niega la mayor ─es decir, que la autoridad sea competente, ¡a él le van a venir con competencias!─ y reclama su propia autoridad desautorizada frente a la insumisión rigorista de la jueza. Pilar Rahola, la fina musa del neoprocesismo, aparece de improviso en escena con dos huevos duros. Desparrame total. Telón.

No digo que no sea divertido, pero solíamos pensar en Cataluña de otra manera, con cierta épica, tal vez como en aquella película militante de Visconti, Rocco e i suoi fratelli, que narraba la epopeya de la conquista de la ciudadanía y de la dignidad a través del trabajo, por parte de gentes llegadas en masa a un Eldorado de oportunidades, desde otros lugares donde esas oportunidades no existían aún.

Cataluña fue admirable entonces, incluso con Jordi Pujol al mando y pese a lo que sabíamos ya entonces y lo que luego hemos sabido por añadidura sobre Jordi Pujol. Pero este president número 131 de la Generalitat oficial pasará a la Historia (en nota a pie de página y en cuerpo de letra minúsculo) con el sobrenombre de “el Vicari”. Y será bueno pasar página pronto sobre su ¿mandato?, porque ya jié, y aquí lo dejo.

lunes, 13 de julio de 2020

¿TODO VOLVERÁ A SER IGUAL?



Esperamos siempre lo inesperado, con expectación y con cierta frivolidad. Y lo inesperado se empeña en defraudarnos una y otra vez, siempre por el mismo procedimiento: la incomparecencia.

O sea, cuando se presentó la pandemia (y nos pilló de sorpresa, a pesar de que estaba anunciada por los claros clarines desde años atrás), algunos se apresuraron a declarar: «Nada volverá a ser igual.»

Y nos arrellanamos cómodamente en nuestras butacas de proscenio para ver el espectáculo novedoso que un hábil director cinematográfico iba a servirnos siguiendo la pauta de un guionista diabólicamente imaginativo e innovador.

Las señas son de que no. No se ha aprendido la lección, los aplausos de las ocho a los sanitarios no pasaron de un rito efímero, la gente ha vuelto a las andadas y a los botellones, los rebrotes se multiplican, y el PP en Galicia y el PNV en Euskadi han revalidado su liderazgo tradicional en tanto que lo inesperado (esa fuerza de izquierda coherente y clarividente que todos los días creíamos ver despuntar en el horizonte) sigue sin comparecer.

La verdad es tan humilde como tozuda es la realidad: nada va a cambiar si no lo cambiamos nosotros. Nada nos será dado de regalo: Begin the beguine, volveremos una y otra vez a la casilla inicial del juego.

Un asalto a los cielos serio debe ser colectivo, tiene que suponer cambios surgidos de dentro de las personas, y no venidos de fuera como cambian los vientos dominantes de cuadrante. Conseguir ministerios y vicepresidencias no aporta por sí mismo mejoras en la condición de vida de las personas. Las ministras espléndidas no ejercen de profetas en su tierra, mientras sigan siendo únicamente excepciones a la regla común de la mediocridad y del tacto de codos para avanzar posiciones en la foto.

Nada está decidido para siempre, sin embargo; todas las expectativas siguen siendo posibles en la situación en la que nos encontramos. Pero la clave para el progreso radica en la existencia de una ilusión colectiva, de un imaginario compartido por muchos y de un compromiso fuerte de todos. Los atajos mediáticos desembocan con frecuencia en culs-de-sac electorales.

La idea central del trabajo humano (no meramente del empleo), de la utilidad del trabajo consciente y bien dirigido para cambiar el mundo, ha brillado por su ausencia en los comicios de ayer. La gente ha votado en función de lo que ya existía, no de ninguna propuesta nueva. Las opciones más o menos centrífugas (BNG, Bildu) han avanzado. El PSOE y su propuesta centrípeta se ha mantenido, sin alharacas. Podemos, que prefería presentarse a sí misma, no como corresponsable del gobierno actual, sino como opción diferenciada y más guay, ha dado un nuevo resbalón, el enésimo.

Begin the beguine. Mark Lilla, un politólogo estadounidense muy preocupado por la deriva de las izquierdas particularistas, anda diciendo que en el cambio de siglo nos equivocamos todos de rumbo, y en lugar de ingresar en el siglo XXI regresamos al XIX.

A ver si es eso, y todo va a volver a ser igual a como lo conocimos los más veteranos.
   

domingo, 12 de julio de 2020

LA CATALUÑA SOÑADA



Castellers con mascarilla y ‘castells nets’ contra la Covid 19 (foto La Vanguardia).



Joan Canadell, flamante presidente de la Cambra de Comerç, se ha felicitado por el “insuceso” (JLL Bulla dixit) europeo de Nadia Calviño frente a Pachlan Donohoe. El irlandés representaría, según Canadell, a una Europa más próxima y más propicia a las aspiraciones catalanas.

Bulla ha preguntado en voz alta si ese es también el sentir oficial de los cuarteles generales, cada vez más prolíficos y a la vez más esquifidos, del independentismo catalán. Hasta ahora no ha habido respuesta de los implicados, ni se la espera. No hay ni habrá posición oficial del “complejo Waterloo” y adláteres varios. Oficiosamente, podríamos hacer valer iuris tantum la presunción de que, en su modo de sentir, los enemigos de los enemigos de Catalunya son amigos de sus amigos.

Cosa curiosa, algo parecido ocurre en el entorno de PP-VOX. No han hecho alharacas de don Pachlan, pero sí han echado pestes de Calviño y de todo el actual gobierno por extensión. “Que así no se puede ir por Europa, que Europa rechaza el bolivarismo descarnado.” Sin mencionar, ni siquiera de pasada, que entre los votos que “sí” recibió Calviño estaban los de Alemania, Francia, Italia y Portugal.

¿Cuál es la Europa de Canadell, el cual no es más que un Nicodemo de Waterloo por otra parte? ¿Cuál, la de Casado? Vendría a coincidir en ambos casos, oh maravilla, con la de Kaczinski, Orban y Rutte, amén de Le Pen y Salvini, todos los cuales se han congratulado igualmente del resultado de la votación para la presidencia del Eurogrupo.

Los piratas europeos, me decía ayer Manuel Rodríguez Lorenzo, un amigo. Los tiburones.

Alfons Labrador, otro amigo, en un sagaz post en Facebook, ha apuntado a la Cataluña que tentativamente propone Canadell: un semiparaíso fiscal, opaco, secreto como una segunda Suiza, bien relacionado con el flujo global de los capitales multinacionales para los que ya Jordi Pujol quiso acondicionar a Cataluña como pista de aterrizaje. Una pista de aterrizaje amenizada con plantadas de castellers y concursos anuales de gossos d’atura, y señoreada desde su santuario por la marededéu de Montserrat. La gestión, la eficiencia, la feina ben feta, se refieren únicamente al trato dispensado a esos clientes privilegiados, que se agolparán para ocupar un puesto aventajado en la larga lista de beneficiarios de los favores de las innúmeras bancas catalanas, a cambio, eso sí, de módicos tantos por ciento en concepto de comisión.

Lo de las residencias geriátricas, el sistema público de salud y el alojamiento a los temporeros de la fruta, es enteramente otra cosa. Al fin y al cabo, dice la consellera Vilallonga, tanto en las residencias como en los hospitales de la xarxa pública y en los alpendes al aire libre en los que se hacinan los cosechadores semi resguardados de la intemperie, se habla demasiado castellano. Por no mencionar otras lenguas, menos ofensivas sin embargo para su delicado oído.


sábado, 11 de julio de 2020

A FAVOR DE SOLUCIONES INCLUSIVAS



Vicky Ocaña: ‘Color carne 4-4 (3)’. Imagen tomada de Pasos a la Izquierda 19.  



Me ha impresionado la lectura de un artículo de Gabriel Flores en el último número de Pasos a la Izquierda (1). Con mucho sentido común y no menos pedagogía, insiste el autor en el acompañamiento necesario por parte de la gente ─de la gente sin adjetivos, no de los radicales, los antifascistas, los comunistas, etc.─ que deben buscar quienes proponen salidas desde una óptica de izquierda (inclusiva, sostenible, solidaria) a una crisis “multiforme y aguda” como es la actual. Esta es quizás la frase crítica del artículo de Flores: «No basta con imaginar o soñar otros mundos posibles, se requiere mucho empeño, cooperación y acierto para conseguirlo.» 

No hay, en efecto, soluciones mágicas, y es posible incluso que no haya solución viable a un problema que ya no es solo sanitario ni económico, sino de supervivencia en un mundo terriblemente deteriorado. Las actitudes negacionistas esgrimidas en tono desafiante por quienes pretenden que todo siga igual, nos producen una irritación profunda; pero sigue siendo cierto, como señaló hace ya años Pietro Ingrao, que “indignarse no basta”. Es algo que nos han recordado también hace unos días ciento cincuenta intelectuales significados, reclamándonos en un manifiesto menos mal humor y más compromiso hacia quienes no nos gustan, para poder salir juntos de un agujero del que, de otra forma, nos será imposible salir a todos.

Vuelvo a la frase antes citada de Gabriel Flores. Hay otros mundos posibles, nos dice, y para concretarlos nos hace falta en primer lugar imaginación (las viejas fórmulas no alcanzan para revertir una situación inédita). Pero hacen falta más cosas: empeño, cooperación, acierto. Mucho de todo ello.

Esta crisis va a exigir lo mejor de nosotros mismos. Las recetas habituales no nos van a servir de nada.



viernes, 10 de julio de 2020

LA TABERNA DEL IRLANDÉS



«Que se sepa que estamos en Europa. Para todo.» 

Lo decía yo aquí mismo el mes pasado (1), cuando acariciábamos la posibilidad de que Nadia Calviño presidiera el Eurogrupo, y algunos compañeros en el territorio de la izquierda torcían levemente el gesto porque la ministra no les parecía lo bastante radical. (Las fuerzas de la derecha esencialista estaban descontentas por el motivo simétricamente contrario, Calviño les parecía la expresión acabada del populismo de los desharrapados.)

El presidente del Eurogrupo será, en cambio, el irlandés Paschal Donohoe. Ha habido una rebelión de los “pequeños” frente a los “grandes”, en una Unión Europea hamletiana. Frente al “ser”, se ha optado por el “no ser”, por volver a lo ya conocido, por más que lo ya conocido nos haya arrastrado al desastre presente. Los pequeños privilegios de las élites financieras, la improvisación, el cortoplacismo, la melodía pegadiza del dumping fiscal, la tremenda hipocresía de una ética calvinista en funciones de alfombra bajo la que se oculta una basura inacabable.

No se trata de un movimiento de largo alcance, sin embargo. No tiene un proyecto sólido detrás. No existe una causa común para la que se ha ganado una votación, sino una conjunción de pequeños accionistas que han querido ganar para sí mismos un poco de tiempo antes de la llegada inminente de lo que incluso las élites financieras (el FMI, el Banco de España en declaraciones recientes) aceptan ya como más o menos inevitable: un nuevo orden mundial necesario para la supervivencia misma del planeta y para la sostenibilidad de la economía. Un Green Deal.

Entonces, y mientras se acerca el verdadero momento de la verdad, la votación de los “pequeños” para el Eurogrupo responde más bien a una clave nostálgica. Las decisiones importantes están en manos de otros, y la parroquia consabida de la retranca se ha reunido en la Taberna del Irlandés para una última copa en compañía, antes de poner rumbo a nuevas realidades. One for the road.




jueves, 9 de julio de 2020

UN CONSEJO LITERARIO PARA POLÍTICOS



El día 23 de este mes se cumplirán veinte años de la muerte de Carmen Martín Gaite, uno de los puntos álgidos de nuestra literatura del pasado siglo y una de mis debilidades de siempre como lector.

Creo que lo he leído todo de ella, pero podría quedar aún algún título suyo en un rincón desconocido para mí. En cualquier caso, como celebración veraniega de una prosa que admiro, y más aún, estimo en mucho, estoy releyendo “Nubosidad variable”.

Y allí me encuentro (pág. 264) con un soliloquio que Mariana León se da a sí misma, pero que tiene un alcance más general y una aplicabilidad particular a la política. Transcribo:

«Tus fantasías están llegando demasiado lejos, a un sitio donde casi no hay aire, donde se pierde el sentido de las distancias. No dejes que te perturben el presente, cuyo disfrute consiste, como muy bien sabes, en el ajuste del pensamiento, en revisar cómo anda de maquinaria antes de echarlo al mar de los sueños. La fantasía y la lógica tienen que ir cogidas de la mano como dos hermanas, para que el universo no se trague su barca… Prueba a escucharlo por primera vez, como si te lo dijera alguien a quien quieres mucho, inyéctatelo en vena.»

En donde dice “fantasía” podría ponerse sin merma de sentido “utopía” o “programa de máximos”. La idea es la misma: la realidad es siempre un obstáculo duro, de aristas cortantes, con el que nos vemos obligados a negociar de forma permanente: o nos dejamos jirones en ella, o nos dejamos la vida entera.

Las construcciones sobre el papel sirven, todo lo más, de brújula para orientarse en la espesura. Quienes invocan los principios cuando se está en los medios y gritan “traición” a cada revuelta de la negociación, nunca han llegado a ninguna parte, ni en los sentimientos ni en la política.
  

miércoles, 8 de julio de 2020

NADIE NOS QUITARÁ LAS INCOMPETENCIAS



Jair Bolsonaro, enfermo reciente de un virus que según él no existe, y un ejemplo firme para la emulación de nuestras fuerzas vivas. (Foto RTVE)

  

Ha concluido el alivio temporal que reanimó al Govern catalán cuando la pandemia provocó una cierta invasión de sus incompetencias por el Gobierno central. Entonces la estrategia a desarrollar era sencilla: «Devuélvanos de inmediato y en su integridad nuestras incompetencias, señor Sánchez.»

Andando el tiempo así ha ocurrido, y de inmediato el virus ha rebrotado en el Segrià. Esta vez la culpa no se puede echar a Sánchez, y tampoco, como recurso más socorrido, al bolivarismo de Pablo Iglesias, de modo que nuestra autoridad incompetente se ha visto inerme y sorprendida en su buena fe.

Alba Vergés afirmó de manera categórica que estaba descartado confinar la comarca, y acto seguido, a las pocas horas, confinó la comarca, aunque con condescendencias y tratos de favor que nos permiten preguntarnos para qué va a servir el confinamiento entonces.

Mejor no preguntar. Antoni Puigverd, en La Vanguardia, barrunta lo siguiente: «Diríase que el objetivo del Govern es batir el récord de incompetencia.»

El récord mundial, oigan, una hazaña a la medida de nuestras incapacidades. «Qui diu que no s’aconseguirà mai, és que no coneix el nostre poble.» Ocho años largos de procesismo nos han proporcionado un entrenamiento notable (o, visto desde la óptica de la botella medio vacía, un deterioro sensible). Aún no se ha conseguido nada, y eso es un indicio positivo de incompetencia. Nunca tampoco habíamos estado tan cerca de algo, y eso también cuenta para lo mismo. Poseemos el gatillazo récord mundial legítimo en declaraciones de independencia, ocho segundos, y eso es un hito guste o no guste.

Y ahora vamos camino de batir el récord de tardanza en convocatoria de elecciones en una legislatura desparramada, con dimisión anunciada, con las consellerías de vacaciones perpetuas y el parlament a la remanguillé.

La medalla de oro en unas olimpiadas de la incompetencia sigue siendo un sueño lejano, sin embargo. Una simple ojeada alrededor (vean la foto) muestra sin lugar a dudas que hay mucha competencia para la incompetencia.


martes, 7 de julio de 2020

LA MONI VRONDA


Paisajes


Subimos allí en julio de 2006, y era el peor momento posible pero no lo sabíamos. La Moni Vronda (se escribe también Vronta, la pronunciación es la misma en cualquier caso) fue uno de los monasterios mayores y más influyentes de la isla de Samos. Está colgado en lo más alto de un risco sobre la costa norte de la isla. La población de referencia en la costa es Kokkari, que tiene un par de playas muy agradables, terrazas amplias a la orilla del mar donde comer bien, y tiendas de artesanías, en particular cerámicas, dignas de mercadeo.

De Kokkari sube a Vourliotes una carretera sinuosa y muy empinada. Vourliotes es un balcón al mar a media altura, un rincón encantador, lleno de recodos, hecho para perderse allí o, alternativamente, para encontrarse uno mismo de una vez. En una de las curvas de la carretera que une Vourliotes con la línea de la costa, un monumento sobrio señala el lugar por donde se despeñó (debió de ser por los años veinte o treinta del siglo pasado) el autobús escolar que llevaba a la escuela de Vathi a los niños de Vourliotes. El autobús perdió los frenos, y el pueblo perdió de golpe todo su porvenir. A tantos años de distancia, el dolor se había calmado ya bastante, pero la memoria no se había atenuado en absoluto.

En Vourliotes almorzamos en el restaurante más bonito del mundo. Está en la plaza, con la fachada pintada de blanco y azul, un gran porche bajo el que anidan las golondrinas, y unas mesas de manteles a cuadros y sillas de enea plantadas como si estuvieran en el mismo lugar desde siglos. No recuerdo lo que comimos, nada de particular, comer bien no tiene por qué significar comer exquisiteces.

Desde Vourliotes se sube hasta la Moni Vronda por una pista asfaltada. El monasterio tiene su origen en el monaquismo contemplativo de la primitiva Edad Media, pero creció mucho en arquitectura y en influencia en los siglos XV-XVI. La fábrica que vimos por fuera es renacentista, si es posible clasificarla de alguna manera; dentro no pudimos entrar, porque estaba en proceso de reconstrucción: en 2000 había sufrido un incendio devastador. A eso me refiero cuando digo que subimos en el peor momento posible.

Ahora, lo he visto en Google, el monasterio está enteramente restaurado, puede visitarse, y el gran patio central y la iglesia son, por las fotos que veo, dignos de visita. De alguna forma me recuerdan un sitio visto años después en otra isla, Creta: el monasterio de Arkadi, más notorio sin embargo por hechos históricos que por su porte artístico, que es muy grande.

En el muro exterior de la Moni Vronda nos llamó la atención un friso con relieves de mármol incrustado en el muro, con un tema simbólico que incluía unas garras de ave predadora clavadas en el cuerpo de serpientes que se retuercen hacia arriba. Aquí abajo tienen una muestra.



lunes, 6 de julio de 2020

COGE LA PASTA Y CORRE


Una nueva misiva de mi sobrino-nieto burgalés, Paquillo Rodríguez de la Rodriguera. Su preocupación ya no es la de la estatua de Babieca, sino la que se verá. No me atrevo en ningún caso a sostener que él sea la voz del pueblo, pero cavilo que tampoco anda muy lejos. Escúchenle.


O sea, tío Paco, estoi superpreocupado otra vez. Ahora no es cosa de estatuas, mira, las estatuas aún, si con derribar cuatro o cinco y manchar de pintura dos docenas más todo el mundo va a estar contento, tú no sé tío Paco, pero yo firmo ahora mismo.

Lo grabe de verdad es lo de Juáncar, el tío ha dado 65 millones a la Corina Larsen por amor, y eso es un compromiso muy fuerte porke está casao por la iglesia y ke va a decir el cardenal Cañizares, ke es muy de los sacramentos. Además Juáncar es el padre del rei, vamos, digo yo, madre dice ke a saber, no se puede estar seguro de nada, el Pecado Capital anda suelto por el mundo como explicó muy bien explicado don Carlos Marx, y ya nada se respeta, dice ke mejor mil veces ke no levante cabeza su abuelo (mi bisabuelo, para ke lo entiendas) don Acisclo de la Rodriguera, ke fue juez de paz en Saldaña y era un hombre íntegro.

(Lo de íntegro, tío Paco, lo he mirao en el dicionario y no me aclaro porke dice ay ke se dice de kien es recto, probo, intachable, y recto sé ke es una parte del intestino, y si te meten algo por el recto te han jodío, y lo de probo, pues mira, por mí mejor no probar.)

Buelbo con lo de Juáncar, ke son 65 millones, leche, y todo por amor. Sin pestañear el tío, tira de billetero y toma Carina, esto por lo mucho ke te kiero. ¿No es posible prohibir estas cosas, tío Paco, tú ke sabes de leyes? Es ke se nos va el país al garete, imagínate, tú bajas los impuestos a las fortunas como recomienda don Pablo Casado, ke es un hombre ke ha hecho muchos másters, con la intención de ke las fortunas se dediken a crear empleo por todas partes, buena falta hace. Y van las fortunas y kiá, de empleo nada, ¡¡¡vente pacá amor mío, coge la pasta y corre!!!

La señora Yolanda, ke dice mi padre ke es una ministra muy buena, tendría ke mirar esto y tomar medidas, pero medidas muy serias, tío Paco. Con todo lo ke nos estamos jugando, mira lo ke te digo, por mucho amor ke le tengamos los españoles a la Corina, ke no digo ke no, de millones nasti de plasti. Ni a ella ni a tanta kerida de lujo como hay por ay entre las fortunas. Todo bien puesto por ley. Negro sobre blanco. Firmado y rubricado, y con un hashtag chulo, tipo #aCorinaniagua.


domingo, 5 de julio de 2020

EL FÚTBOL COMO ESTADO DE ÁNIMO



‘Seminario’, fotografía de Ramon Masats (1960)


Corren rumores de que Leo Messi no va a renovar por el Barça, esa institución colosal de la que se afirma con énfasis que es “més que un club”, para sugerir que es un trasunto de la patria irredenta. Y me extraña que no haya salido aún ningún/na alunado/da con la copla de que «Messi no és un dels nostres, mai no ha parlat en català».

Se ve que hay temas que están más allá de la teología común, y el Barça es uno de ellos. Messi no habla catalán; Ter Stegen, tampoco; es muy dudoso que lo hable Arturo Vidal, ni siquiera en la intimidad; Ansu Fati es joven y aún puede aprender; de Quique Setién no se sabe que haya utilizado el catalán para responder a una sola pregunta dels nostres en una sola rueda de prensa, como hacían siempre el Pep y el Tito Vilanova en los años en los que fuimos más grandes que nunca.

Examinen con atención la singular obra de arte que encabeza estas líneas. Quienes están jugando al fútbol, en un entorno semiurbano, no son profesionales del deporte. Están en el “recreo”, disfrutando de una libertad vigilada. Van de uniforme, sin embargo. Un uniforme absolutamente inadecuado para el juego que practican. Un uniforme exactamente igual para los jugadores de los dos equipos.  

Es el testimonio de una España uniformada. Puede que alguna de esas figuras sea el árbitro, o el celador, o el prefecto de juegos, y no se diferencie en absoluto de los jugadores. Aquí el rol de cada cual está interiorizado. No hay televisión ni derechos de imagen, no hay business.

Tanto más mérito tiene la pirueta acrobática del guardameta para atrapar un balón que se empeña en entrar lamiendo el poste. Es una pirueta gratuita, porque sí, por amor al arte. Una manifestación desbordante de juventud, de autocontrol atlético, de alegría de vivir.

Fíjense luego en el poste agrietado, en la ausencia de red, en el balón de trapo, en el campo de tierra, en el grupo de viviendas feas ─una en construcción─ al fondo, en los campos que se abren a la derecha.

El Madrid ya había ganado la Copa de Europa cuando Ramon Masats tiró esta fotografía prodigiosa. España daba sus primeros pasos hacia el desarrollo. El fútbol no era aún, casi en ningún caso, una industria rentable, sino todo lo más una afición que corría pujante por las venas de los adictos. No había clubs que fueran más que clubs.

El fútbol como termómetro social, como estado de ánimo.


viernes, 3 de julio de 2020

SALIENDO JUNTAS Y JUNTOS



Este es un gran país que cuenta con una buenísima gente.

Lo dejo puesto aquí, porque encuentro que se dice poco. Lo que más suena en los medios y en las redes es la cantinela de los eternos descontentos con la izquierda: los que consideran que no vale la pena apoyar a un gobierno que todavía no ha creado un impuesto para las grandes fortunas, ni derogado de un plumazo la reforma laboral; los que consideran el acto de esta mañana en los jardines de Moncloa como la enésima bajada de pantalones de los sindicatos democráticos y el enésimo paripé de un gobierno claudicante delante de los poderes fácticos.

Curioso, para estos mismos analistas, cuando no había diálogo social la culpa era de los sindicatos que no hacían nada; cuando se bajaban los impuestos a las grandes empresas y a los grandes patrimonios, y se subía el IVA, la culpa era de la izquierda que andaba perdida en la nebulosa de Andrómeda; cuando se impusieron por decreto las reformas laborales, la culpa era de los trabajadores que no tenían la conciencia de clase adecuada. No hubo culpas, según ellos, de los abusadores; los abusadores, es sabido cómo son. Mirando con más detención las cosas, la culpa recaía sobre todo en los abusados. "Somos la hostia, qué mierda de país, no tenemos remedio."

Algo así como las sentencias a las diversas Manadas que se han sucedido correlativamente. "Ellas se lo buscaron". Sin que nadie se haya atrevido aún a hipotizar un “efecto llamada” desde los estrados.

Pero, como he dicho al principio, la mayoría en este país es buena gente, gente que agradece el esfuerzo y el acierto del jefe del gobierno, de los/las vicepresidentes/as, de los/las ministros/as, de los sindicatos, de los empresarios, de los partidos de la izquierda plural. Siempre, claro, con sus más y sus menos, los anhelos no satisfechos aún (¿cuándo se han visto satisfechos todos los anhelos?), los tremendos obstáculos que deben ser superados, la salida peligrosa de una pandemia paralizante y de un estado de alarma, para aterrizar en una “nueva normalidad” en la que la prioridad esencial ha de ser la solución al altísimo desempleo, la precariedad laboral y la sobreexplotación, al tiempo que se plantan jalones para una economía más eficiente, una industria más determinante, un medio ambiente más limpio, y el cuidado de no dejar atrás a nadie en el proceso.

Más riqueza real (no financiarizada), y mejor distribuida.

Toda esta buena gente incrementa, según los últimos sondeos, el respaldo al gobierno que ha traído el IMV, inventado los ERTEs, regulado el sector agrario y el pesquero, y se dispone a regular sectores tan desregulados como el teletrabajo y el territorio minado de los autónomos. 

A “todo” el gobierno, no a una u otra parte de él, porque aquí todos hacen falta y nadie sobra.

Vamos saliendo juntos, poco a poco, del brete. Pero aún queda mucho trayecto por recorrer.


jueves, 2 de julio de 2020

LENGUA, RELIGIÓN, PATRIA



El emperador de Bizancio transfigurado en rey mago. Detalle del fresco de Benozzo Gozzoli en la capilla del palacio Médicis de Florencia. La pintura evoca el lucido cortejo venido de Oriente para consensuar un símbolo de la fe unificado, en el Concilio de Florencia (1439-1445)

    

Hay una idea profunda detrás de esa humorada de don Roger Griffin, de que para la existencia de una Cataluña independiente sería indispensable una religión diferenciada.

El tema ya ha sido tratado con solvencia por don Gualtier Maldé en el blog de referencia “Metiendo bulla” (1), y en rigor no hace falta añadir nada a lo ya expuesto por el prestigioso profesor de la Universidad de Mantua. Ocurre solo que ayer mismo hacía yo en este foro una reflexión acerca de los villanos clásicos y modernos, y he tomado conciencia de pronto de cuánta necesidad profunda y primaria tenemos todos, no solo de amar, sino de odiar.

Ponga un villano en su vida, sería la consigna publicitaria. La lengua propia como conformadora de la patria no tiene esa entidad. No basta con quejarse de que los mercaderes han introducido el castellano vulgar en el sancta sanctorum del Templo de TV3. Es necesario odiar todavía mucho más  a los otros, a los que son distintos de aquellos a los que amamos y por los que somos amados. Y en esa operación esencial para la conformación adecuada de una «unidad de destino en lo universal», la religión es imprescindible.

El bisbe Torras i Bages o los monjos de Montserrat no acaban de rellenar el cupo; quedan demasiado cerca del cardenal Cañizares con su bata de cola, y de la curia vaticana, tan hábil siempre en manejar la casuística en función de las variables de la coyuntura.

Un buen Cisma es lo que haría falta. En los viejos tiempos el remedio resultó eficaz para separar a las profesiones de fe cristianas de Oriente y de Occidente. Quizá no sea ocioso precisar que la cuestión más importante en aquella querella fue la adición por los obispos de Roma de un Filioque en el símbolo de la fe. Los teólogos de ambas partes se reunieron en Florencia en la primera mitad del siglo XV, a instancias de Cosimo di Medici que ejerció de anfitrión, para dilucidar el grave asunto. Se llegó a un primer consenso pero el patriarca de Constantinopla murió inesperadamente (ya fuera por causas naturales u otras), y la discordia se enconó, Al final, el emperador de Bizancio se volvió a su capital sitiada por el Turco, con las alforjas de la cooperación militar vacías y en cambio las de la fe llenas a rebosar. «Prefiero ver en Constantinopla los turbantes de los otomanos a las mitras de los obispos», declaró uno de los defensores más airados de la supresión del “filioque”.

Y vio sobradamente cumplidos sus deseos.

Esa capacidad infinita de odio al que no piensa como yo, es un motor esencial de la Historia “como es” en realidad, al margen de cómo nos la enseñen. A lo largo de los siglos, cada nueva religión sobrevenida ha derribado los ídolos de la anterior religión recién caducada. Sin ese exorcismo necesario, no podría conformarse la patria acogedora de los creyentes de buena fe, la Jerusalén celestial en la que manan ríos de leche y de miel.

Nada de conservación, nada de tolerancia, nada de sincretismo: la historia de las patrias y la de las religiones corren parejas en ese tema schumpeteriano de la destrucción creadora.

Ahora parece ser que estamos de nuevo en las mismas. Y eso que según Francis Fukuyama habíamos llegado al fin de la historia.



miércoles, 1 de julio de 2020

EL VILLANO



Aparición del villano, en ‘Shane’ (Raíces profundas), de George Stevens. Describo la escena completa. La cámara está colocada a ras de suelo, en el interior del saloon, enfocada hacia la puerta, que da al campo abierto. Un perro dormita en primer plano. Una sombra creciente va oscureciendo progresivamente el entorno. Luego, se hacen visibles unas botas con espuelas en el umbral. El perro se levanta entonces y se aparta a un lado, con la cola gacha. La cámara enfoca más arriba con un movimiento lento, y ahí está el rostro de Jack Palance, tocado con ese sombrero negro que es un hallazgo de atrezzo. La película tuvo cinco nominaciones a los Oscares de 1954, pero solo recibió el de la mejor fotografía en color.



El Villano de hoy lleva coleta, cuentan. 

Vivíamos en una calma profunda, en un oasis en el que los trabajadores del campo inmigrados gozaban de unas condiciones privilegiadas que para nosotros querríamos los nativos. El país laboraba (¿recuerdan el verbo?, creo recordar que lo acuñó Solís Ruiz) en paz y hermandad, y los empresarios colocaban el fruto de sus honrados sudores en unas instituciones bancarias sólidas y eficientes que eran nuestro orgullo. ETA se había rendido y a Cataluña la había metido en vereda el Constitucional, con el aplauso de Alfonso Guerra. Europa nos amaba y nosotros le ofrecíamos generosamente todo el ladrillo apresuradamente amontonado en nuestras costas y alegrábamos sus noches con sangría, patatas bravas y flamenco.

En este panorama idílico compareció un 15-M el Siniestro Villano, hábil y escurridizo, la Coleta más rápida del Oeste.

Y ahí sigue, con rango de vicepresidente, jodiendo la marrana día sí y día también. No hay quien lo soporte. Leo en mis redes sociales que Bono abomina de él, que Felipe González tuerce el gesto ante su presencia, que Corcuera se ha dado de baja del que fue su partido por culpa de las actuales malas compañías, que Rosa Díez volverá a tirarse al monte uno de estos días para salvar a la patria amenazada, que el Rey Emérito está montando un tinglado para hacer desaparecer al Gran Incordio este otoño, y que el Rey Felipe debería, siguiendo la iniciativa de un sitio web anónimo, disolver las Cortes para poner coto a las ilegalidades flagrantes que Ese Tal está cometiendo junto a otro forajido llamado Pedro Sánchez (‘Dos hombres y un destino’).

Un concejal de alguna parte le ha deseado una paliza que le deje vegetal, porque un tiro a secas le parece misericordioso para tanta maldad. Los poderes judiciales, siempre diligentes, investigan el suceso por si de él se desprendiese alguna incitación al odio. 

Mientras llega el momento de la muerte anunciada del intruso, una concejala de Vox de Galapagar se ocupa de que cada día su mujer y sus niños tengan su cacerolada puntual.

Como dijo en su día don Eduardo Marquina en una ocasión también crítica (se nos había puesto el sol en Flandes, calculen): «España y yo somos así, señora.»
  

martes, 30 de junio de 2020

LAS GRANDES FORTUNAS SON OPACAS



Ciudad de Panamá, tan cerca del corazón de nuestras mayores fortunas.



Por supuesto, estoy a favor de un impuesto que grave con un porcentaje mayor las grandes fortunas. No un impuesto especial, transitorio, particular para una época de crisis económica aguda; sino un impuesto normal, bien asentado en un edificio fiscal coherente que permita una redistribución más eficaz de la riqueza generada en la sociedad, más adecuada que el reparto tramposo que promueve la así llamada “lógica” de los mercados.

Por supuesto, eso nos aproximaría a países serios ─no necesariamente “frugales”, signifique eso lo que signifique─ que luchan desde una fiscalidad progresiva contra la perversión del “efecto Mateo”, llamado así por una parábola de Jesús bastante desconcertante, que resume el Evangelista del modo siguiente: a quienes más poseen, tanto más les será dado, y a quienes tienen poco y no consiguen hacerlo fructificar, les será quitado incluso lo poco que tienen, y se verán arrojados a las tinieblas exteriores.

Me atrevo a sostener, sin embargo, que la resolución por ley o decreto-ley de esta grave cuestión, en esta circunstancia concreta, no tendría grandes consecuencias desde el punto de vista recaudatorio, y tampoco aportaría una igualación perceptible de las rentas de las personas físicas.

La razón es que la fortuna de los grandes patrimonios no es abarcable con los instrumentos contables habituales. No es cuestión de utilizar la regla de tres y concluir: tanto tienes, luego tanto debes pagar. Estamos muy lejos de ese desiderátum. Las grandes fortunas están colocadas en sociedades interpuestas que presentan sin excepción balances de pérdidas; en sicavs (sociedades de inversión de capital variable) que la ley permite que tengan un curso subterráneo durante largos años de modo que sus fondos solo son gravados cuando finalmente afloran (por lo general como patrimonio en una herencia, y no es casual que nuestras derechas ricachonas aborrezcan el impuesto al patrimonio); y en otros instrumentos delicados de ingeniería financiera especializados en el arte de birlibirloque.

Por eso no creo que sea una prioridad esencial en este momento una ley que sería justa y benéfica, sí, pero poco útil en tanto no se desbroce un poco la selva jurídica en la que se ocultan y mimetizan los capitales de las grandes fortunas. Cada cosa a su tiempo. Primero levantar la liebre, luego disparar (me excuso ante los animalistas por esta metáfora cinegética cruel; espero que comprendan que me refiero a otras “liebres” mucho menos inocentes).

Llamo la atención del personal, en cambio, sobre algunas de las cláusulas contenidas en el II ASDE. Porque puede parecer que hasta que no se haya hecho todo, no se ha hecho nada aún. Y no es cierto.

La patronal bancaria ha puesto el grito en el cielo contra la cláusula que impide repartir dividendos a las sociedades beneficiarias de ayudas del Estado. El sentido de la norma es claro: las ayudas a las empresas son para reconstruir la producción de riqueza, no para que el accionista siga cobrando su cuota como si nada hubiera sucedido. Si hay crisis, la hay para todos, para el empleado y para el capitalista. El dinero que se adelanta para que el trabajador no pierda su empleo, no debe ser utilizado para que se siga lucrando el accionista mientras los demás padecen.

Esta es una forma parcial, pero muy concreta, de gravar a las grandes fortunas. También se está impidiendo la recompra de acciones a las sociedades (empresas) solicitantes de ayudas. La recompra es una forma de distribución de dividendos sui generis. La sociedad en cuestión compra a sus grandes accionistas un paquete voluminoso de acciones con una sobreprima, y se la revende de inmediato, a veces en cuestión de escasos segundos, por el precio normal de mercado. En un abrir y cerrar de ojos, el gran accionista mantiene su misma posición en el capital social de la empresa, y se ha lucrado de bóbilis con el sobreprecio pagado por la empresa en su recompra efímera.

La práctica de la recompra es “legal”, quiere decirse que no está perseguida (aún) por la autoridad fiscal, pero es indecente porque no premia ninguna generación de riqueza, ningún beneficio real; más aún, si la empresa que la practica desvía ayudas financieras destinadas a la reconstrucción económica para premiar a su más selecto grupo de accionistas.

Tampoco podrán, las empresas solicitantes de ayudas para la producción, externalizar procesos productivos mientras tienen trabajadores en los ERTE que más adelante , pasada la pandemia, tendrán otra sigla distintiva, ETOP. En efecto, si una parte de la plantilla está en la nevera, cobrando del Estado, no es de recibo que la empresa subcontrate fuerza de trabajo por otro lado. La idea detrás de la norma es salir de esta crisis todos juntos, sin trampas ni zancadillas por medio. La misma lógica sigue la idea de prohibir las horas extraordinarias “estructurales”, en estas condiciones.

Todas ellas son condiciones para una “nueva normalidad” que apuntan a un cambio de paradigma productivo, y a un welfare (bienestar) distinto del de antes y mejor adaptado a las nuevas condiciones del trabajo y de la producción; y son asimismo derogaciones en los hechos de normas de las famosas “reformas” laborales que tan contentos pusieron a los ricos después del anterior desplome económico.

Se está configurando una salida de la crisis que no va a ser la salida de unos a costa de otros. Que nadie diga que el gobierno y los sindicatos no están haciendo “nada”. Es mentira, y además decirlo es abiertamente reaccionario.