sábado, 17 de abril de 2021

BABILONIA EN BERLÍN

 


En el año 2014 y en el Museo de Pérgamo, junto a la estatua del héroe local caldeo Gilgamesh, que se abraza al león como si fuera un peluche. Al fondo, se oculta la puerta de la muralla de Babilonia. La foto no da cuenta de mi vértigo en ese momento.

 

«En su famoso ensayo Contra la interpretación, Susan Sontag reivindicaba una erótica del arte, una experiencia del mismo más primitiva y sensual, casi mágica, que denominaba, de manera elegante, metasexualidad.» Estoy citando a María Belmonte, “En tierra de Dioniso” (Acantilado 2021, p. 98), en una página dedicada a Estagira, la ciudad natal de Aristóteles, descubierta por los arqueólogos en la costa oriental de la Calcídica en los años noventa del siglo pasado. Ella la visitó en casi absoluta soledad y tuvo la ventura de sentir con tal fuerza el “genio de lugar” en la colina de la acrópolis, entre pinos, sobre el acantilado, delante del mar Egeo, con el monte Pangeo a su izquierda y el islote de Kafkanas justo enfrente, que se perdió sin remedio «en ensoñaciones estéticas y sensuales».

Una experiencia parecida, aunque bastante más pobre sin duda, sentí por mi parte al encontrarme de pronto, en el museo berlinés de Pérgamo, delante de una puerta de la muralla de Babilonia.

 


Carmen junto al tramo lateral del muro, decorado con leones y flores.

 

Fue como una revolución por dentro. Heródoto describe Babilonia, en el Libro Primero de sus “Historias”, como la ciudad de diseño más perfecto de todas las que conoció. De planta cuadrada, limitada por cuatro líneas rectas de la misma longitud y atravesada por el río Éufrates de parte a parte, estaba ceñida por un muro exterior de cincuenta “brazos reales” de altura (unos 25 metros) protegido por un foso ancho y profundo. A medida que se había ido excavando el foso, la tierra arcillosa removida se cocía en hornos en forma de ladrillos, que luego se superponían en largas hileras para formar el muro, utilizando como cemento “asfalto caliente”. Los ladrillos estaban suntuosamente decorados en colores vivos, sobre un fondo azul añil. Daban acceso a la ciudad cien puertas de bronce, lo bastante anchas para permitir el paso de las cuadrigas. Las viviendas tenían por lo general tres o cuatro pisos, salvo en los caminos de ronda, donde eran solo de un piso para no estorbar la defensa. Las calles eran rectas y anchas, y en cada una de las dos orillas del río se alzaban sendos santuarios, formados por torres dispuestas en terrazas de ocho cuerpos progresivamente más estrechos (los zigurat), a los que se subía por una rampa exterior en espiral. En lo alto de uno de esos santuarios estaba el templo de “Zeus Belo” (Baal Marduk), una cámara elevada provista de un lecho y una mesa de oro, sin ninguna estatua de la divinidad porque los babilonios decían que el mismo dios se alojaba allí en persona (“así lo afirman, pero yo no lo creo”, puntualiza Heródoto).

En cualquier caso, encontrarme delante de aquel pedazo de antigüedad desubicada me produjo un éxtasis considerable. Luego franqueé la puerta y, oh desilusión, en el otro lado no estaba la Babilonia antigua sino, espalda contra espalda de la muralla, el Altar de Pérgamo.

Y por majestuoso que fuera ese “otro lado del espejo”, me sentí estafado como un niño en una feria de pueblo, cuando accede mediante el pago de un boleto a la visión del “enano más alto del mundo”, u otras maravillas semejantes. La ilusión tiene normas estrictas, que no pueden ser vulneradas sin penalización.

 


Delante de la puerta. Del otro lado, Pérgamo.

 

viernes, 16 de abril de 2021

HACIA UNA LEGISLATURA NONATA

 


‘La negación de Pedro’, óleo de Carl Heinrich Bloch. Pedro aparece a la izquierda, las lenguas de doble filo frente a él, Jesús detenido y enmanillado al fondo, y el gallo en medio dispuesto a terciar sin complejos en la controversia.

 

Dicen los periódicos que hay un reacomodo de las conversaciones entre Junts y ERC, que no se hablaron durante toda la semana pasada. Se cruzan ahora, de una parte a otra, nuevas ofertas para el reparto equitativo de los altos cargos. Nadie sabe qué harán en concreto dichos cargos altos, sin embargo. No se ha definido aún, ni es probable que se defina, un programa de gobierno, con la excepción del tornarem a fer-ho. Ahí sí hay consenso, al parecer, pero es un consenso de aguachirle, no se aclara qué es exactamente lo que van a volver a hacer, ni siquiera cuándo.

Mientras tanto, ha caducado sin pena ni gloria el pacto ERC-CUP, que nunca se supuso como de largo recorrido, pero que ha resultado no tener ninguno. Un pacto nonato, como San Ramón. Vamos bien encaminados a una legislatura nonata, porque suenan voces de muerte en los entresijos de Junts que se inclinan por una repetición inmediata de las elecciones.

“Que hable de nuevo el pueblo, y así nosotros podremos seguir callados”, deben de decirse los/las artífices de la estrategia. Más que de estrategia, estaríamos hablando de “desastregia”, pido perdón por el mal chiste. No es solo que los líderes de la mayoría parlamentaria catalana no hagan nada, sino que se sienten cómodos no haciendo nada.

Toda esta situación implica que el único Gobierno que tenemos en Cataluña es el de España. Todas las decisiones, los impulsos, y también las fuentes de financiación, vienen de ahí. Nuestros prohombres y nuestras promujeres procesistas hacen ascos en público a cualquier cosa que venga del Estado opresor, pero lo mismo ponen la mano, y comentan además por lo bajini que desde el centro nos tratan con mucha tacañería. Pasaron los tiempos del “Madrid nos roba” y ahora estamos en los de “Madrid nos escatima”. Antes se sacaba pecho, ahora se hace un reconocimiento vergonzante de dependencia.

Pensaba en estas cosas esta mañana, al escuchar en la cadena SER la entrevista de Josep Cuní a la vicepresidenta cuarta, Teresa Ribera. Ribera propone un plan y un horizonte temporal para la transición energética. Ese plan ha sido aprobado en el Parlamento (el español, claro, en el catalán ni se ha mencionado el tema), y se va a implementar ─en lo que se pueda─ a regañadientes de tantos como se dejan arrullar por el sonsonete de que “los políticos no hacen nada”.

Es un vicio recurrente. Ya Franco aconsejó a Foster Dulles que hiciera como él y no se metiera jamás en política. Es asimismo la fórmula de Ayuso, y esa conexión Franco-Ayuso no es ninguna casualidad. Ayuso está esforzadamente dedicada a no hacer nada y dejar que las cosas sigan su rumbo “natural”, con críticas indignadas a quienes se empeñan en trabajar por la salud de la ciudadanía (un mito, ¡de qué les sirve a los mindundis estar sanos!) y por el mantenimiento del empleo (un artificio indeseable en sociedades “modernas” dispuestas a chuparse un pie y pasar de todo).

Por cierto, Ayuso tiene unas formidables expectativas de arrasar el próximo 4 de mayo, según sondeos por los que su partido ha pagado un poco más, incluso, que para obtener una mayoría suficiente en la autonomía murciana. “Pagando, San Pedro canta”, decimos en Cataluña. Cabe recordar, sin embargo, que según el relato neotestamentario San Pedro se negó a cantar por tres veces, y quien lo hizo finalmente fue el gallo.

Nuestros políticos catalanes son más de San Pedro que del gallo, es mi conclusión.

 

jueves, 15 de abril de 2021

LA LIBERTAD DE LA LIEBRE

 


Sostiene Ayuso que en la Comunidad de Madrid se va a librar el próximo día 4 la lucha final entre el comunismo y la libertad.

Por grandes palabras, que no quede. Sin embargo, no se trata de ninguna lucha, y menos aún final. Sin embargo, el comunismo no es alternativa en estas elecciones, y en prácticamente ninguna otra en la redondez del planeta, en las actuales circunstancias. Sin embargo, la libertad que predica el ayusismo unbound es, por decirlo de alguna manera, una libertad rara.

No voy a insistir en las dos primeras objeciones. Según dicen los amigos de la señora o señorita Ayuso, y lo tienen por dogma de fe, el comunismo ha sido derrotado a escala planetaria, ya y para siempre. Aquello ocurrió en tiempos de don Ronaldo Reagan, ¿recuerdan? Antes, el mundo era bipolar y tropecientas mil cabezas nucleares de misiles intercontinentales en racimo mantenían una estrategia de la tensión basada en la disuasión mutua, o dicho en latín (en el latín actual), la deterrence.

Dichas cabezas han sido en la actualidad desmanteladas por ambas partes contratantes, según se afirma en algunos mentideros, aunque nadie se arriesga a poner la mano en el fuego de que no se trate de un fake, y en realidad todas las armas atómicas sigan ocultas en sus silos subterráneos ubicados en lugares anónimos de una geografía borrosa, preparadas para ejercer la labor para la que fueron creadas, si alguien debidamente autorizado oprime el botón correspondiente.

Demos por bueno que no es así, y hoy en día no hay bipolaridad que valga, sino globalización. ¿A cuento de qué vendría entonces retroceder a los viejos tiempos para emprender una guerra de Troya que ya tuvo lugar? Y lo más absurdo de todo, ¿por qué en la Comunidad de Madrid, cuando los contendientes principales en los comicios son una señora o señorita bastante locatis, y un filósofo rancio de la línea estoica? Seamos sensatos.

Eso en cuanto al comunismo. Lo de la libertad tiene más miga.

La libertad que concibe Ayuso es la que deriva de la ausencia de reglas limitativas en una partida de caza. Cada cual es libre de disparar sobre las piezas que se pongan a tiro, cuantas veces quiera, mientras tenga munición. Libertad absoluta.

Del otro lado, la liebre tendría asimismo libertad completa para dirigirse en campo abierto hacia cualquier rincón de su preferencia, sin limitación alguna de la velocidad o los quiebros en carrera que sea capaz de desarrollar. Si nada más hay un cazador apostado, y tiene un arma de un alcance y una precisión mediocres, la liebre tendrá probabilidades sustanciales de ejercer su libertad durante bastante tiempo. Si por el contrario existe un círculo completo de cazadores bien equipados y organizados, el campo que se abre delante de la liebre será el mismo, pero sus probabilidades de recorrerlo sin percance se habrán reducido a, digamos, una milésima; tal vez una diezmilésima.

Ayuso defiende tanto la libertad de la liebre, como la del círculo de cazadores. Se opone con todas sus fuerzas a proteger a la liebre, y se opone también a limitar reglamentariamente las oportunidades de los cazadores de disparar contra ella. Defiende un fair play estricto: toda la libertad para todos, sin restricciones.

Alguien dirá que no hay paridad entre quien tiene una posibilidad contra diez mil de sobrevivir, y quien tiene en cambio diez mil posibilidades contra una de abatir a su presa. Pero es esa circunstancia, precisamente, la que reviste toda la fascinación del mundo para la glamurosa doctrina del ayusismo como variante del darwinismo social.

 

martes, 13 de abril de 2021

DÍA DEL BESO

 


El beso, escultura de Auguste Rodin, Museo Rodin.

Et je suis tombé tout chaud, tout rôti
Contre sa bouche

Georges BRASSENS, ‘Je me suis fait tout petit’

 

Hoy es el día internacional del beso. Semejante tontería. He leído en alguna publicación olvidable que en esta fecha se conmemora el récord absoluto de beso, que detenta una pareja de tailandeses desde 2013. Estuvieron besándose durante 58 horas, 35 minutos y 58 segundos. ¿Alguien les preguntó si la experiencia había valido la pena?

Escuchen, buscar un récord cuando se da un beso es pura vanidad de vanidades. La cantidad de beso es lo último que importa; en su performance más acabada, se trata de una hazaña que roza lo inverosímil, pero toda ella instantánea, espontánea, irrepetible.

Desengáñense, no hay besos a fecha fija. Cualquier día, en particular el más inesperado, es bueno para un beso. A cualquier hora, con sol, con lluvia, con truenos, desnudos o vestidos los ejecutantes, a la orilla de un mar azul en calma o en mitad de un bombardeo. Yo me apuntaría con gusto a un bombardeo si el premio fuera un buen beso, uno que valiera la pena.

Ahí está la clave: que valiera la pena. El beso es todo inspiración, comunicación, magnetismo, intensidad. Importa quién te lo da, a quién se lo das. Sería deplorable despachar un beso como si fuera un expediente administrativo.

Vendría a ser lo mismo que le pasó a Snoopy con las decisiones. Cuando fue Jefe de los Perros, se veía obligado a tomar muchas decisiones y eso le costaba, hubo de recurrir a un psiquiatra, y el psiquiatra le curó la indecisión. De vuelta al techo de su caseta, se lo explicaba a Woodstock con una gran sonrisa: «¡Es fantástico! Solo en esta mañana, he tomado cuarenta decisiones.» Entonces, se ponía triste y añadía: «Todas mal.»

No sirve de nada dar muchos besos si los das mal, con desgana, por rutina; si al dar el beso número veintinueve estás pensando ya en el treinta. Si das tu cuota proporcional de besos un martes 13 de abril, solo porque la publicidad internacional ha establecido que ese, y no otro, es el día adecuado para besarse las personas de forma ordenada y políticamente correcta.

El beso que sí de verdad vale la pena es aquel que escribió Antonio Machado (aunque él no lo escribió exactamente así, nadie es perfecto): «¡Gracias, Petenera mía! / Por tus besos me he perdido. / Era lo que yo quería.»

 

¿SE HARÁ ARAGONÉS UN ARRIMADAS?

 


Rebeca, Jacob e Isaac en una pintura de José de Ribera, Museo del Prado. Al fondo a la izquierda, el cap de govern Esaú Aragonés.

 

ERC regaló a Laura Borrás las llaves del cielo, vale a decir de la investidura, y ahora el partido se ve en un brete que solo puede prolongarse durante dos meses según el precepto legal, aunque estamos viendo cocer las habas de las prórrogas eternas de los mandatos legales en todas las latitudes de nuestra geografía.

Pere Aragonés podría ser jefe del gobierno mañana mismo, solo con que aceptara un par de condiciones benévolas: la primera, admitir la tutela permanente del Consell per la República, un invento extra muros de la legalidad ideado por el ingenioso partido de los puigdemontanos; y la segunda, ceder a Waterloo todo el control de la CCMA, dicho en plata TV3. Hay más flecos en la túnica sin costura, a lo que parece, tales como la puesta en circulación del DNI-Comín, por un lado, y el compromiso unilateral de ERC de votar junts amb Junts en el odioso Congreso madrileño, en toda cuestión que afecte a cualquier cosa.

Si ERC está dispuesta a asumir todo ese paquete de exigencias, Aragonés podría llegar a la condición definitiva de cap de govern con el visto bueno del partido puigdemontano, que incluso estaría dispuesto a cederle tres o cuatro conselleries de no mucha importancia, tal vez (déjenme adivinar) Sanidad, Educación, Industria, y por supuesto Trabajo, que posiblemente no se llamaría ya Trabajo sino, con más propiedad, Conselleria de l’Atur. Es una suposición.

Quedaría al albedrío de los filólogos, entonces, determinar qué significa “cap” y qué significa “govern”, en tales circunstancias. Doctores tiene la Iglesia, luego pelillos a la mar.

Así le pusieron las carambolas en los tiempos bíblicos a Esaú, nombre que en hebreo significa el Velludo, lo Pilòs en catalán. Esaú era el primogénito del patriarca Isaac, pero su hermano Jacob era el favorito de mamá Rebeca. Un día que Esaú volvía hambriento de trabajar la tierra, encontró a su hermano bien repantingado delante de un plato de lentejas estofadas, y le pidió participar de aquel comistrajo fragrante de aromas.

─Te lo cambio por el derecho de primogenitura ─le dijo de inmediato Jacob, el listillo.

─Tengo hambre, qué c… me importa a mí la primogenitura ─replicó Esaú, antepasado y pionero de los modos políticos del mozo Aragonés.

Dicho y hecho. Rebeca se las arregló para conseguir la bendición de Isaac el Ciego para Jacob, revistiéndole el brazo con una piel de carnero para dar el pego al viejo, que creía estar invistiendo al velludo Esaú. Y este último se puso morado de lentejas.

La historia no es precisamente ejemplar, pero está recogida en la Biblia, por lo que debemos considerarla palabra de Dios. Lo interesante, a efectos del presente, es saber si finalmente Aragonés se hará un Esaú, o un Arrimadas para decirlo en moderno, a cambio del correspondiente plato de lentejas (tal vez con chorizo).

En sus quioscos, próximamente, la continuación de este apasionante serial.

 

lunes, 12 de abril de 2021

LA IMPERMEABLE BUENA CONCIENCIA DE CIERTA SOCIALDEMOCRACIA

 


José Bono obligado a interactuar, por gajes de su profesión, con un individuo de una lamentablemente baja categoría intelectual. (Fuente, La Sexta.)

 

Pepe Bono (sí, el mismo, ese que tan buenos recuerdos les trae a ustedes. Estuvo en los gabinetes monocolores presididos por Felipe González Márquez, al que hicieron selecta compañía, además del propio Bono, el vice Alfonso Guerra, el gurú de la economía liberal Carlos Solchaga, el hombre de la porra Pepe Barrionuevo, José Luis Corcuera el de las patadas en la puerta, y otros adláteres conspicuos que giraban en la órbita de la constelación, como Rafael Vera, el hombre que tal vez tuvo algo que ver con los GAL, y Luis Roldán, que edificó su fortuna personal sobre los cimientos del instituto armado de la Guardia Civil que comandaba. ¿No los recuerdan? Fue una pléyade impactante. Válgame el cielo, cuánta desmemoria la de la impermeable buena conciencia de cierta socialdemocracia.)

Bueno, pues Bono, disculpen la paronomasia involuntaria, ha recordado en una entrevista televisada a Julio Anguita y ha resaltado la falta de nivel intelectual del líder comunista.

Del nivel ético de Anguita no ha dicho nada Pepe Bono, quizás por falta de referencias comparativas.

Discúlpenlo, no había nada personal en sus palabras, es solo que don Julio era comunista y nunca, que se sepa, los comunistas han pedido perdón por Stalin, por Mao, por el Gulag y por la dictadura del proletariado. Solo han hecho (una y otra vez) autocrítica. Sí, pero ya sabemos lo que es la autocrítica, un paripé. No es un sacramento entronizado como la confesión, instrumento predilecto de Pepe Bono, que es un creyente confeso.

Sin embargo, él no ha pedido perdón por las barbaridades cometidas, no por personas remotas en el espacio y en el tiempo, sino por él mismo, “pirsonalmente di pirsona”, como habría dicho Cattarella.

Me aventuro a suponer que, si no lo ha hecho, es porque tiene conciencia de que, en buena teología, sin dolor de corazón y propósito de enmienda la Iglesia no concede el perdón de los pecados.

 

domingo, 11 de abril de 2021

EL SINDICATO EN LA CALLE

 


John Wayne y Maureen O’Hara en un fotograma de ‘El hombre tranquilo’, de John Ford. Un clásico.

 

Un calificativo dudoso, «sindacato di strada», sindicato de calle, utilizado con cierto abuso del concepto por Maurizio Landini, secretario general de la CGIL, hizo salirse ayer de sus casillas al Maestro José Luis López Bulla (1). «O sea», dice en conclusión en su post, «el sindicato son centenares de miles de personas dando voces por la calle, al margen del centro de trabajo.»

José Luis me recuerda a John Wayne en “El hombre tranquilo”, esa obra maestra de John Ford, que hizo unas cuantas más del mismo calibre. Wayne encarna en la película a un hombre pacífico y dialogante, pero que en lo que toca a su Maureen no vacila en liarse a mamporros con el lucero del alba. La Maureen O’Hara metafórica de José Luis es, en este paralelismo algo forzado, el sindicato. El sindicato y sus circunstancias. No este o aquel, o “no tanto” este o aquel en concreto, sino la esencia misma del sindicato a través de sus necesariamente diferentes avatares. Hay en José Luis una fidelidad a ultranza (utilizo a conciencia la expresión) a la sustancia sindical tal y como ha sido teorizada, explayada y desarrollada por los clásicos, y lo sigue siendo por los modernos sostenedores de la antorcha, en las condiciones del nuevo paradigma.

Yo soy bullista de siempre, no me escondo. Pero mi rol en esta película se parece más al de Victor McLaglen, que va forjando su amistad con el protagonista a trompazos, y en general le toca más bien recibir (sin rencor).

Quiero solo apuntar, después de un prólogo tan largo, que a lo que entiendo Landini no está pensando en despegar el sindicalismo del centro de trabajo, y por tanto no está posibilitando ninguna forma de “político-socio-sindicato”. Landini está eufórico en la celebración de la reciente sentencia “bolognina” que reconoce la relación laboral de los riders empleados en la delivery (me excuso, de paso, por la utilización de tales barbarismos, pero es el lenguaje que se habla normalmente en la calle, y de la calle estamos hablando).

La sentencia, en efecto, y en mi opinión a eso se refiere Landini, viene a indicar una situación nueva en la cual el “trabajo” ha perdido el “centro de trabajo”, y se desempeña sin más en el escenario polivalente de la calle. El centro de trabajo de los riders son las vías urbanas, sin la menor duda; lo mismo cabe decir de Uber y sus numerosas secuelas. La distribución de las mercancías y su transporte (en portacontenedores gigantes, en trailers, en ferrocarril) ocupan uno de los puntos álgidos de la actual actividad económica, relegando en ese aspecto a la fábrica. El sector de los servicios ocupa a la gran mayoría de la fuerza de trabajo, y sus prestaciones de todo tipo se han estilizado y personalizado hasta el infinito; la gente, es solo un ejemplo, va cada vez menos a la librería a comprar el libro que quiere, sino que lo compra por internet y un mensajero se lo entrega a mano en su domicilio.

Añadan a este panorama el teletrabajo, que desmiente tanto la separación entre el lugar de trabajo y la vivienda particular, como la existencia de tiempos específicos, separados, de trabajo y de vida.

Estamos en el umbral de las condiciones 7 x 24 denunciadas por Luciano Gallino. Atiendan por lo demás a la externalización creciente de los procesos productivos, que fragmenta la antigua “fábrica” en un laberinto enmarañado de lugares distintos, relacionados entre ellos únicamente por su posición respectiva en una cadena de valor. Adviertan como en las nuevas condiciones tecnológicas ya no es la persona humana la que hace funcionar la máquina, sino la máquina “inteligente”, mediante el algoritmo, quien marca el ritmo de trabajo y controla de forma implacable a la persona, que ocupa en esa interrelación la posición del “servidor”, el siervo.

Observen por lo demás cómo ni siquiera las asambleas sindicales decisorias o los congresos son presenciales, en las condiciones de la pandemia. Tampoco la asamblea, esa institución imprescindible de la democracia directa, ocupa ya un “lugar” concreto.

Todo ha cambiado, todo empuja al sindicato a abrir las puertas de los centros de trabajo y jugarse su futuro fuera, porque ahora el tema no es el control obrero de lo que ocurre en un ámbito de trabajo bien delimitado, sino el valor intrínseco y la dignidad de las personas no demediadas en un entorno difuso en el que todo está en juego: el ocio y el trabajo, la vida personal, la salud, la formación, el aire mismo que se respira y el para qué y para quién se está trabajando.

Por eso es importante la reflexión que hacen a dúo Castellina y Landini en il manifesto. Por eso insisto en el tema, y le busco brega a “John Wayne” a sabiendas que me voy a llevar otro trompazo.

 

(1) http://lopezbulla.blogspot.com/2021/04/el-capitalismo-cambia-su-cabeza-el.html. Traigo a cuento asimismo mi anterior intervención, muy entusiasta, sobre el tema: http://vamosapollas.blogspot.com/2021/04/tiempos-nuevos-para-el-sindicalismo.html

 

sábado, 10 de abril de 2021

LAS HABITACIONES DEL CORAZÓN

 


Le temps d’apprendre à vivre il est déjà trop tard…

Louis ARAGON, ‘Il n’ya pas d’amour heureux’

 

Encontré la bellísima imagen que preside este post en el muro de mi amiga de facebook (el menor de sus muchos méritos), Pilar Hidalgo.

Se trata de una obra de Truman Adams, artista “de calle” (street art), como la misma Pilar me aclaró. Ella acompañaba la imagen con la pregunta de si es posible captar por entero lo que piensa una mujer, y concluía que se trata de una tarea imposible. Lo es, en el sentido de que el pensamiento y los sentimientos son, por naturaleza, libres e incodificables. No hay algoritmo capaz de domesticarlos.

Ya es casualidad, pero a los pocos días me puse a leer la última novela de Kazuo Ishiguro, Klara y el sol (Anagrama 2021, traducción de Mauricio Bach). Ishiguro es uno de mis autores vivos preferidos; no porque le hayan dado el Nobel, cuestión que es completamente aleatoria, a quien le toca le toca. Sino por la sutileza de sus tramas y de sus indagaciones siempre indirectas, siempre oblicuas y ─también de algún modo─ imposibles de clasificar y catalogar.

Esto es lo que encontré en la página 242. Omito referencias más concretas sobre quiénes son los personajes que dialogan, y qué están discutiendo; no es mi intención hacer un spoiler. Es solo que al leerlo se me impuso la imagen que ven ahí arriba; no podía haber mejor ilustración al tema.

« ─Tendrás que descifrar su corazón, aprender todo de él…

─El corazón del que me habla puede ser como una casa con muchas habitaciones. Aun así, con tiempo, llegaré a recorrer cada una de esas habitaciones y las estudiaré meticulosamente una por una hasta convertirlas en mi propia casa.

─Pero imagina que entras en una de esas habitaciones y descubres que dentro de ella hay otra. Y dentro de esa nueva habitación, otra más. Habitaciones dentro de habitaciones dentro de habitaciones. Por mucho que te pasees por esas habitaciones, ¿no habrá siempre otras a las que no has podido acceder todavía? »

Asocio la imagen y el texto a ese poema de Aragon que conocemos en la voz cálida de Georges Brassens, y que dice que la naturaleza no nos concede el tiempo suficiente para aprender a vivir.

Hoy el día está tristón y desapacible, y yo también. Recito para mí mismo: «Dites ces mots ‘ma vie’, et retenez vos larmes…»  

 

viernes, 9 de abril de 2021

ORGANIZAR LA PARTICIPACIÓN


Nadia Urbinati.

 

El número 21 de la revista digital Pasos a la izquierda salió a la nube en los últimos días del mes pasado. Un bloguero amigo me arrebató en su momento el scoop (1), de modo que me dediqué para mi propio provecho a leer cuidadosamente los contenidos: entrábamos en la semana llamada santa, tiempo tradicionalmente dedicado a la lectura. Yo había anticipado en su momento una reflexión particular sobre el único texto de la revista en el que tuve una participación directa, como traductor: un análisis sobre la participación sindical en la victoria electoral de Joe Biden, que sugería la existencia de cambios trascendentes en la composición de género y de oficio en las militancias sindicales más aguerridas (2).

Ofrece un gran interés en el último número de “Pasos” el ramillete de artículos de autores “clásicos” con los que se presenta el estado de la cuestión sobre los tiempos del trabajo, que no es exactamente lo mismo que los horarios de trabajo. Pero elijo en cambio para el comentario de hoy el artículo de Nadia Urbinati, amorosamente traducido por Javier Aristu, sobre el campo ideológico de la izquierda (3).

Baso mi elección en una razón particular: no estoy del todo de acuerdo con lo que dice el artículo, pero me parece un instrumento idóneo para abrir un debate amplio sobre la izquierda, sobre el significado actual de este término, sobre cómo se comporta en la realidad y cómo debería actuar en cambio un movimiento político radicado en la izquierda.

No me propongo hacer un comentario extenso; anoto simplemente unas cuantas frases que el lector encontrará en el texto, y ahí las dejo. Son frases, advierto, de un gran peso específico. Obligan a pelear con ellas, son difíciles de descartar o de dejar olvidadas en un rincón.

1. «La ideología ya no une ni divide.» Lo que introduce un corolario crítico sobre el funcionamiento actual de la democracia de los partidos: «Lo que vincula hoy a representantes y representados es solo el momento del voto.»  

2. «La izquierda no puede desempeñar solo el trabajo de gestión de las instituciones. No puede cultivar solo la carrera electoral. Debe ser capaz de organizar la participación.» (La cursiva es mía.)

3. «El destino de la izquierda y el destino de la política van juntos.»

4. «El campo ideológico de la izquierda debe mantener unidos conflicto e institucionalización.» (De nuevo las cursivas son mías.)

5. «El alma de la ideología de la izquierda no es por tanto la igualdad como identidad, sino una forma de desigualdad controlada capaz de generar relaciones sociales y políticas basadas en la libertad de la ciudadanía.»

Respecto del último punto, me recuerda poderosamente los argumentos de Bruno Trentin al analizar las dos banderas de la libertad y la igualdad esgrimidas en la Revolución francesa. Concluía Trentin sobre el tema que la libertad viene primero (y en consecuencia es antes, según la “doctrina Venancio”), y la igualdad no es, como tal, un objetivo final para la izquierda, sino un punto de partida: no es deseable una igualdad de resultados independientemente de los méritos de cada cual; sino, más bien, una igualdad de oportunidades, la colocación honesta de todos los competidores en situación de igualdad en la parrilla de salida, en una carrera que debe desarrollarse con entera libertad para cada participante, en el seno de una sociedad muy compleja y fragmentada.

Lo que redunda en la idea de fondo de Urbinati, de que la tarea central de una política de izquierda en la sociedad democrática sería la de organizar de forma adecuada la participación de todos (una participación "conflictiva", no meramente de apoyo a la gestión), respetando la libertad de cada cual.

 

(1)  http://«lopezbulla.blogspot.com/2021/03/son-las-cosas-del-comer.html

(2)  https://vamosapollas.blogspot.com/2021/01/el-voto-de-las-mujeres-trabajadoras.html

(3)  https://pasosalaizquierda.com/el-campo-ideologico-de-la-izquierda/

  

jueves, 8 de abril de 2021

LA LEYENDA DE RAFAEL

 


Rafael Sanzio, ‘Ritratto di giovane donna’, 1518-19, Galería de Arte Antiguo, Roma. Es verosímil que la mujer retratada sea la Fornarina. El gesto de acariciarse el pecho no tiene el significado que ha adquirido en la actualidad debido a las exigencias de Instagram: solía indicar en la época que la joven retratada estaba encinta. Vaya usted a saber en qué paró todo aquello.

 

Hace un par de días ronda por mi mesa un apunte sobre Rafael Sanzio, el pintor que nació y murió en viernes santo. Su muerte ocurrió un 5 de abril de 1520, el lunes pasado su cumplió el aniversario. Tenía 37 años, y la leyenda afirma que la causa de su muerte fueron sus excesos sexuales con una amante precisa: Margherita Luti, conocida como la Fornarina porque su padre tenía un horno de pan.

Viene de muy lejos la teoría de que los excesos sexuales matan; incluso, la de que un exceso de masturbación seca la médula espinal. Son consejas difundidas por los frailes, que tienen una tendencia desmesurada a predicar aquello de la copla sobre la niña Isabel: “ten cuidado, donde hay amor hay pecado.”

La incontinencia habría puesto fin asimismo a la preeminencia de la casa de Barcelona al mando de la Corona de Aragón. Martín “el Joven”, hijo y heredero del rey Martín, obtuvo en una expedición catalana a Cerdeña una victoria clamorosa sobre la levantisca nobleza sarda. A guisa de venganza, y en el estilo de lo que ya había sucedido entre Judit y Holofernes en los tiempos bíblicos, los nobles derrotados le enviaron como regalo de alcoba a una joven de belleza legendaria y arrebatadora, la “bella de San Luri”, que no cortó la cabeza al general vencedor pero lo llevó tan al extremo de la proeza sexual que el muchacho atrapó unas fiebres y palmó en cuatro días.

Eso se dijo. El rey Martín, famoso a su vez por lo moderado de sus apetitos sexuales (la glotonería era enteramente otra cosa, como suele suceder asimismo con los frailes castos), se interesó por la muchacha y se ofreció a través de intermediarios a dotarla y hacerse cargo del potencial fruto de su pecado, si lo hubiere. No fue el caso, y a la corta la dinastía se extinguió por falta de heredero varón y nacido de matrimonio bendecido.

Vuelvo a Rafael. En un primer canon decimonónico de la pintura renacentista, fue colocado en el ápice, por encima de Leonardo y de Miguel Ángel, cuya pintura habría culminado y resumido. Leonardo fue en efecto su maestro reconocido, en su etapa florentina. Y cuando marchó a Roma con el encargo de decorar las estancias vaticanas, tuvo a Miguel Ángel a dos pasos, pintando la Capilla Sixtina.

Miguel Ángel cogió una tirria inmediata y feroz al intruso, que no trabajaba solo sino acompañado por un profuso “taller” de ayudantes. La Sixtina fue cerrada a cal y canto para toda clase de público; nadie podía ver sus pinturas in progress del techo, que se veía obligado a realizar en una posición incómoda, tumbado boca arriba sobre un andamio. Rafael, sin embargo, sobornó al hombre de las llaves y pudo fisgar lo que trajinaba el Buonarrotti. De no haberlo hecho, posiblemente nunca habría pintado “La Escuela de Atenas” en ese formato monumental. Miguel Ángel montó en cólera al ver las Estancias acabadas, y siempre dijo que todo lo que valía en la pintura de Rafael era en realidad cosecha suya.

El gusto y la “maniera” de Rafael se prolongó en pintores como Del Sarto, el Sodoma, Luini, Boltraffio. Ya entrado el siglo XX el gusto cambió y un crítico de arte muy serio, Bernard Berenson, sostuvo lo siguiente (en “Los pintores italianos del Renacimiento”, 1926): «Rafael no es un artista en el mismo sentido que un Miguel Ángel, un Leonardo, un Velázquez o un Rembrandt. Fue un maravilloso ilustrador y un poeta del espacio. Pero su éxito fue también su ruina, obligado como estaba en los últimos años de su breve existencia a trabajar demasiado deprisa, limitado a dirigir el trabajo de un sinnúmero de ayudantes…»

Su Ritratto di giovane donna, sea o no la Fornarina, da una muestra acabada de la agudeza y el encanto de su pincel cuando no se deja llevar por la facilidad de la estampita en algunas de sus muy publicitadas Madonnas.

 

miércoles, 7 de abril de 2021

SEGUIR DE PIE A PESAR DE LOS GOLPES

 


Jon Voight y Dustin Hoffman en un fotograma de ‘Cowboy de medianoche’, película de John Schlesinger (1969).

 

Daniel Bernabé compara, en un artículo en InfoLibre, a los dirigentes de Podemos (“Iglesias y los suyos”), con el personaje de “Cowboy de medianoche” interpretado por Jon Voight. «La cuestión ya no es si ganan o no unas elecciones, sino preguntarse cómo pueden seguir de pie a estas alturas de la pelea habiendo recibido tantos golpes.»

Conscientes o no, hay varios malentendidos implícitos en el texto. Quizá conviene recordar que la película de John Schlesinger es de 1969, y Bernabé nació en 1980. Bernabé no conoció de primera mano el perfume de los “treinta años gloriosos” en el primer mundo (no en España, donde no teníamos un Estado social democrático sino una dictadura bastante desgastada, que daba coletazos represivos tremendos). La lectura que hace Bernabé de la película tergiversa el contexto al suponer una relación espiritual entre el cowboy perdido en las calles de Nueva York y los estudiantes rebeldes de mayo del 68. Y al marcar un hiato “acrítico” entre los dos momentos de crítica “fuerte” del 68 y del 15-M de 2015. Por medio estuvieron las grandes luchas obreras de los setenta, el tremendo forcejeo de la Transición, la conquista de la democracia, un (uno por lo menos) intento fallido de golpe de Estado, la sombra negra del terrorismo, toda una historia compleja y llena de ejemplos y de enseñanzas sobre la que traza una elegante elipsis.  

Bernabé, como también “Iglesias y los suyos”, nació a la política un 15-M. Eso no es bueno ni malo en sí mismo. Pero hay gente nacida a la política muchos años antes, gente que ha recibido muchos más golpes que Iglesias y los suyos. Que los sigue recibiendo, que insiste sin descanso en una idea de la política que tiene poco que ver con ese rechazo crítico del sueño (de alguna manera) americano, que maneja con desparpajo Daniel Bernabé.

Estilizar la realidad y polarizarla a conveniencia no es justo. ¿Por qué no rompe una lanza Bernabé en favor de Pedro Sánchez o de Salvador Illa, que están en la brecha y son seguramente más odiados por la caverna mediática que el propio Iglesias? ¿No se le olvidan, sin querer, la persona, el contexto y la trayectoria de Arnaldo Otegi? Julen Madariaga, por cierto, uno de los fundadores de ETA, acaba de morir a los 88 años. ¿Qué nos dice Bernabé, por otra parte, de Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona que no vive en un casoplón y es tildada de pescatera o de fregatriz por el gratin de Sant Gervasi? Ahora mismo se nos ha muerto también Arcadi Oliveres, una persona ejemplar, consecuente, infatigable en su búsqueda humanista. «Y yo, con más albedrío, ¿tengo menos publicidad?», podría haberse preguntado el irreductible Arcadi con toda la razón.

No hablemos ya de los comunistas, ese extraño grupo humano. Puede alegarse, desde luego, que sus errores han sido muchos, pero otro tanto cabe achacar a “Iglesias y los suyos” en muchos menos años de actividad política práctica. Los comunistas fueron y siguen siendo el “coco”; el eslogan de Ayuso para las próximas elecciones no es “podemismo o libertad”, recuérdenlo los olvidadizos.  Iglesias acude a la cita electoral engalanado en buena parte con plumas ajenas.

Los comunistas han sido reiteradamente machacados en este país: en los campos de batalla de la guerra civil primero, y luego en los paredones de la primera represión, en las comisarías, en las cárceles, en las cartas de despido de sus empleos, en las pensiones tan menguadas que apenas les dan para vivir, cuando no son inexistentes.

Bernabé no se pregunta por qué, a pesar de todo, siguen en pie. Por qué no han desaparecido ya de la faz de la tierra como tantas especies zoológicas en peligro de extinción en un hábitat hostil.

 

martes, 6 de abril de 2021

TIEMPOS NUEVOS PARA EL SINDICALISMO

 


Una imagen entrañable y enmascarillada: los catedráticos de Derecho del Trabajo Antonio Baylos y Joaquín Aparicio felicitan a la ministra del ramo, Yolanda Díaz, en la ceremonia de su toma de posesión como vicepresidenta tercera del gobierno. Es un indicador de la nueva importancia política potencial del trabajo, pero esta solo se consolidará si en la “calle” se multiplican las iniciativas y la puesta en común de experiencias.

 

Fantástica entrevista de Luciana Castellina a Maurizio Landini (secretario general de la CGIL) en il manifesto, bajo el titular “El tiempo nuevo del sindicato” (1). Me llega particularmente dedicada por cortesía de Pedro Flinstone, el alter ego de Antonio Baylos en facebook. Un lujo.

¿Sabremos extraer las consecuencias oportunas de esta formidable reflexión a dos voces sobre la necesidad sindical de abrir las puertas de las fábricas, ya no hacia dentro sino hacia fuera, e instalarse en el territorio, en “la calle”, bajo nuevas formas híbridas (cámaras del trabajo, mutualidades, empresas municipales o comarcales sin ánimo de lucro, cooperativas), con nuevos socios, con distintas perspectivas?

Partimos de una tradición sindical extraordinariamente combativa, pero limitada. En metáfora deportiva, tratábamos de encerrarnos en el área y salir de ella solo cuando había oportunidad clara de contraataque, dejando al rival (el enemigo de clase) la iniciativa y la posesión, pendientes únicamente de no sufrir desniveles importantes en el marcador. Ganar el partido era fantasía. La pedagogía insistente de algunos dirigentes muy cualificados sobre la insuficiencia de ese planteamiento, la idea de que junto a la resistencia era absolutamente necesaria la alternativa, no caló muy profundamente, con la excepción de segmentos de trabajadores cualificados de algunas grandes fábricas.

Los retos del “tiempo nuevo” se nos acumulan. Cuando la obediencia ya no puede ser la característica principal de la infantería sindical respecto del cuartel general del partido político, desaparecido en la refriega, es hora de hacer valer la autonomía plasmada en los estatutos de las organizaciones, y nunca tenida demasiado en cuenta. Bertolt Brecht ya lo advirtió hace mucho, pero su mensaje es incluso más apremiante en una coyuntura de pandemia, de teletrabajo y de control remoto mediante algoritmos: «Lo que no sabes por ti, no lo sabes. Repasa la cuenta, tú tienes que pagarla. Apunta con tu dedo a cada cosa y pregunta: “Y esto ¿de qué?” Estás llamado a ser un dirigente.»

No me resisto a traducir un párrafo de Landini en la entrevista de Castellina. Porque estamos en la encrucijada de la transición energética, después de un parón brutal del trayecto de “progreso” que llevábamos de la mano del neoliberalismo financiarizado. Y en esta coyuntura precisa, o bien tomamos el volante del vehículo con nuestras propias manos, o acabaremos en el fondo del precipicio. Dice Landini:    

«Confrontarse con la gran cuestión de la transición ecológica comporta la definición de un plan complejo a partir de la centralidad del trabajo y de su transformación. Eso quiere decir cambiar radicalmente el actual modelo de producción y de consumo; pasar de la producción de bienes de consumo individuales a la de bienes colectivos. Quiere decir ocuparse de la recuperación de las áreas urbanas, de la movilidad colectiva, del suelo, el aire, la sanidad, la formación, la investigación, la cultura. Y, sobre todo, de las energías renovables y de su reciclaje para impedir el despilfarro.»

Un nuevo tiempo, una actitud nueva por parte de los sindicatos ─ojo, no hablo de las burocracias sindicales que atienden en los despachos, sino del colectivo militante, que no ha de esperar la consigna que llega de arriba─, un quehacer que asume características “políticas” porque el trabajo por cuenta ajena es en sí mismo un hecho político, no una relación meramente privada como pretenden hacernos creer quienes se columpian suavemente en el dolce far niente del mando a perpetuidad.

Como no es la primera vez que trato en el blog esta problemática precisa, remito al lector interesado a algunas de mis entradas recientes que dan vueltas a cuestiones de este orden:

https://vamosapollas.blogspot.com/2020/01/autonomia-sin-participacion.html

http://vamosapollas.blogspot.com/2020/01/la-aporia-del-sindicato.html

https://vamosapollas.blogspot.com/2020/02/el-sindicato-como-sujeto-politico.html

https://vamosapollas.blogspot.com/2020/04/sindicalismo-historia-y-futuro.html

https://vamosapollas.blogspot.com/2020/09/sindicalismos.html

 

(1) https://ilmanifesto.it/il-tempo-nuovo-del-sindacato-dialogo-tra-luciana-castellina-e-maurizio-landini/?fbclid=IwAR27t4JSS9KHBmFRA-CwlNQxUAxQ1eqMFYsSC6Xd8CF8HUPjr1BL01dGNRo

 

lunes, 5 de abril de 2021

CUANDO LOS MÉRITOS SON RELATIVOS

 


Babe Ruth con el uniforme de los Yankees de Nueva York (foto, Smithsonian Institution)

 

George Herman Ruth, llamado “Babe” (el Niño), fue un jugador de béisbol legendario. Disputó 22 temporadas en la Major League, que ganó en siete ocasiones, y logró un total de 714 home runs, el no va más. En 1999 la Associated Press, por votación popular, lo proclamó mejor atleta del siglo, por delante de Michael Jordan y Jim Thorpe.

En 1931 un periodista preguntó a Babe si no le parecía escandaloso disfrutar de unos ingresos económicos superiores a los del presidente de Estados Unidos.

El presidente era entonces Herbert Clark Hoover. El país estaba sumido en la Gran Depresión que sucedió al crac bolsístico de 1929. El hambre recorría el país y la ola de suicidios constantes resultaba interminable. Hoover sería barrido en las elecciones presidenciales del siguiente año por Franklin Delano Roosevelt, el hombre del New Deal.

La respuesta que dio Babe al periodista fue lacónica: «He tenido un año mejor que él.»

Cualquiera de nosotros se merece un salario ─en su caso, una pensión─ mejor que la de algunos políticos en el candelero. No hace falta dar nombres.

 

domingo, 4 de abril de 2021

OLIMPIA, O POR QUÉ GUARDAR LO ROTO

 


Vista parcial de la reconstrucción del frontón del templo de Zeus, en el Museo de Olimpia, obra de Fidias. Abajo, dibujo de lo que habría sido el original.

 

Un momento estelar de mi “family life”. Ocurrió en la misma excursión por el Peloponeso que rememoraba en el post de ayer, verano de 2010. El texto que sigue es de las mismas fechas. Mi nieta Carmelina tenía entonces cinco años. Hoy en día, despejada ya a su satisfacción la incógnita que me planteó, se propone estudiar arquitectura.

Fue en el Museo de Olimpia, delante del frontón del templo de Zeus que reproduce la pelea entre centauros y lapitas. De un lado a otro de ese espacio triangular fluye y refluye el movimiento de la pelea, el alboroto, la pasión desatada entre los centauros borrachos, las mujeres lapitas que se resisten y sus parientes que las defienden, presidido todo por el dios Apolo, cuya figura, con los brazos extendidos para imponer paz, compone una línea perpendicular que divide desde el ápice el frontón en dos mitades equiláteras.

Mi nieta Carmelina estaba a mi lado, y después de un rato de contemplación silenciosa me hizo la pregunta que debía de estarle rondando desde casi tres horas antes, cuando empezamos a recorrer las piedras del santuario de Olimpia:

«Avi, ¿por qué guardan lo roto?»

Sí bueno, pero hay que ver la de gente que había venido a ver lo roto. Nosotros llegamos a Olimpia hacia las diez y media y todo el aparcamiento del sitio arqueológico estaba ya repleto de autocares de turistas de cruceros. Suponemos que venían de Patrás, porque desde el Pireo hay un palo de carretera. El caso es que rebaños de guiris recorrían en todas direcciones y a buen paso el recinto, precedidos por guías vociferantes que enarbolaban en alto carteles escritos en distintas lenguas.

¡Qué prisas! Si en Olimpia lo más bonito es estar ahí, pasear despacio a la sombra de los árboles milenarios, respirar. En los alrededores hay cicatrices horrendas del incendio que a punto estuvo de arrasarlo todo hace un par de años, pero el valle ha quedado intacto.

Vale, lo que quiero decir es que están intactos los árboles y la hierba, por más que las piedras y las columnas anden rotas y desperdigadas por el suelo, para severa desaprobación de Carmelina.

Su mirada certera me hizo dar cuenta de que los mayores viciados de cultura “no” vemos lo roto. Ella carece aún del feedback necesario para imaginar las cosas, no como son, sino como debieron de ser; ignora el síndrome de Stendhal, el vértigo de la belleza ausente. Olimpia debió de ser el sitio más bonito del mundo antiguo, el lugar de la paz y la reunión de los helenos perpetuamente en guerra entre ellos. Aquella idea acogedora, amistosa, permanece aún en la atmósfera del lugar, como una vibración (rota).

El museo es un sueño. Blanco, de línea clara, con mucha luz bien tamizada, y con las piezas, todas perfectas (rotas) hasta el asombro, colocadas de forma que se vean desde todos los ángulos posibles. En eso Fidias y los demás artistas olímpicos no hicieron trampa: esculpieron las partes de las estatuas que no se veían con el mismo amor que las visibles.

Importa guardar lo roto; recomponerlo si es posible; dedicarle todo el tiempo y el amor necesario. Carmelina entendió el mensaje, aunque quizá no de inmediato.